domingo, 5 de abril de 2009

Días de Vino y Rosas en el Teatro del Mercado - 1994

El Baile del Milano (Jesús), me propuso realizar parte de una crónica de aquel concierto que Días de Vino y Rosas nos ofrecieron en el Teatro del Mercado. Fue, sin duda, un evento que pasó a formar parte de la memoria colectiva de todos/as aquellos/as que nos dejamos atrapar por aquel maravilloso embrujo musical al que nos sometió un grupo que, no entiendo por qué extraña razón, no llegó a despegar, pero que, afortunadamente, no ha caido nunca en el olvido de todos/as nosotros/as. Todo lo contrario. Siguen formando parte de nuestra historia, no sólo musical, sino también vital y, una y otra vez, los rememoramos entre la nostalgia de su desaparición y la alegría de haber podido estar allá, en aquellos años, escuchando y bailando, mientras Gonzo, Blanca, Juan y Ramón ejercían con sus instrumentos como ensoñadores maestros de ceremonia...

La cita era para el 20 de Febrero de 1994. Rubén y yo teníamos muy claro que no podíamos faltar. Un nuevo concierto de Días de Vino y Rosas volvía a remover todo mi cuerpecillo en el deseo de volver a presenciar sus canciones en directo; pero, esta vez, no sólo las viejas, sino, también, las nuevas, aquellas que ya se habían insertado brutalmente en la memoria auditiva de mi cerebro.

Me dirigí en la fecha señalada al Teatro del Mercado. Nunca había estado en él, así que no me hacía la más mínima idea de cómo sería el recinto que nos iba a ofrecer aquella memorable velada. Accedimos a su interior y comencé a visualizar un porrón de butacas ante mí. Mi mente, que no sé si estará o no en lo cierto, me hace recordar que no había mucha gente. Más bien, todo lo contrario. Muchas butacas permanecían vacías.

Nos acercamos y, a medida que íbamos ascendiendo por las escaleritas, pude visualizar que, en todas las butacas, había un presente, un paquetito bicolor que permanecía cerrado por medio de una cuerda en cuyo extremo quedaba atado un papel marrón enrollado. Nos sentamos, cogimos nuestro pequeño paquetito y, como no, comenzamos a abrirlo. Primero, saqué el papel. Lo desenrollé y comencé a leer "Siento fuego en la sangre / que me abrasa más y más / siento celos del viento / que vuela si quiere y nadie puede atrapar..." que, impresa en él, dejaba en el centro un Sol. Seguidamente, desaté el nudo y abrí los dos papeles como si estuviese abriendo los pétalos de una flor. Uno era rojo, el otro de un intenso violeta oscuro. En uno, había un Sol, el otro tenía impreso “Días de Vino y Rosas”. Finos papeles que dejaban pasar la luz a través de ellos y que, por tanto, al extenderlos, tenían cada uno su impresión pero que podían divisarse unidos para poder fusionar texto e imagen en un mismo universo.

Ya tenía ante mis ojos el continente de aquel pequeño y, al mismo tiempo, tan inmenso presente. Primero, una "V" dorada y, debajo de ella, una cajita circular transparente poseía algo en su interior. Allá mismo, empezamos a dilucidar que sería: trocitos de pizarra, un pétalo de rosa y un extraño tubo en cuyo interior había una sustancia que nunca he podido catalogar. No sé si era eso lo que contenía, pero esa primera impresión es la que se quedó en mí grabada y, por tanto, aquella que estará siempre en mi memoria.

Comenzó el concierto y, apenas tengo recuerdos de él. Sólo sé que, en aquella ocasión, descubrí lo mucho que puede llegar a emocionarte un concierto en un teatro. Días de Vino y Rosas habían vuelto a estremecerme en mi propio regazo. Para mí, eran los mejores y, una vez más, estaban allá para demostrármelo. Terminó y yo quería más. Todo, aunque hubiesen sido tres horas, se me habría echo tan corto…

Me levanté de mi butaca. Tomé el presente de aquella que había permanecido libre a mi lado durante todo el evento (el nº 146 de 650). Cuando llegué a mi casa, deposité la cajita circular sobre la estantería. Abrí los papeles y los clavé en la pared dejando ver el nombre y Sol en harmonía con los colores que tanta pasión habían proferido. Coloqué la letra de "No sé decir (Cartas de Bonjou)", en el cajón de la mesilla… Y, en cuanto al otro paquete, siempre permaneció cerrado, intacto; pero, siempre presente para, cada vez que lo viese, me hiciera recordar aquel bonito momento de sentarme y hacerme sabedor de que, aquella noche, iba a obtener dos regalos: uno material, colorido, ofertado por aquellos que, al poco rato, iban a estar sobre el escenario; el otro, inmaterial, el del sonido de unas canciones que golpeaban rotundamente en mi corazón para volver a hacerme soñar…

Gracias.

4 comentarios:

El Baile del Milano (Jesús) dijo...

¡Eres un crack! Mira en el blog sobre Días para ver cómo ha quedado la crónica completa de los dos días...

Te gustarán algunas imágenes extras que he puesto (por cierto, es impresionante la tuya!!!!)

Viendo la lista de canciones... ¿te suena cuáles pueden ser las que he marcado en negrita?

http://nochesdevinoyrosas.blogspot.com/2009/04/doble-concierto-del-teatro-del-mercado.html

El Baile del Milano (Jesús) dijo...

abre tu email... :-D

Lola dijo...

yo tb guardo entradas de conciertos pasados

para mí son uno de los recuerdos más satisfactorios :)

besotes!

El Baile del Milano (Jesús) dijo...

Lola, tres cosillas...

1) Puedes ver la "crónica completa" que hemos juntado en http://nochesdevinoyrosas.blogspot.com

2) en el blog sobre Días crearemos en unas semanas una entrada con el listado lo más completo posible de conciertos que podamos recopilar y quiero poner enlaces a las entradas...

Entre las que yo tengo y las de Christian tenemos unas cuantas pero... si no te importa... ¿podrías enviarme escaneadas las que tú tienes? por supuesto con todos los créditos de sus propietarios! :)

3) Ah y si te mola, firma aquí para pedirles que vuelvan a tocar juntos: http://nochesdevinoyrosas.blogspot.com/2009/03/libro-de-firmas.html

(perdona Christian por la publicidad)

Abrazos!