jueves, 27 de diciembre de 2007

Ibort: Celebración del Solsticio de Invierno


Mapa con la ubicación de Ibort

El viaje a Ibort era esperado. Carmen, con gran detallismo y ánimo, se había encargado de organizar y movilizar a un gran número de personas para celebrar juntos el Solsticio y la llegada del Invierno. Sí, el fin de semana del 22 y 23 de Septiembre, íbamos a reunirnos para rendir homenaje al día más corto (o la noche más larga) del año (justo, justito, el 21) y la intención era hacerlo por todo lo alto. La empresa consistía en unirnos todos/as en el albergue y que cada uno aportase aquello que pudiera. Algunos/as, subieron ya el Viernes por la noche; los más, el Sábado de mañanita y tarde, y nosotros (Cuco, Gazpacho, Cristina y yo), ese mismo Sábado, pero ya de noche (es lo que tiene mi curro, que se trabaja los Sábados y se sale a las 20.15). Difícil resultaba contar cuántos/as nos habíamos reunido, pero después de visualizarla foto de grupo, puedo asegurar que éramos 24.

El albergue. Éste era nuestro punto de encuentro

Al llegar, la gente ya había cenado, así que para nosotros estaba lo que habíamos llevado y lo que había sobrado ¡bendita longaniza! Con el ágape terminado y nada más recoger y limpiar, empezaban a sonar los primeros sonidos rítmicos de la noche. David, Javi y Sergio (creo que era él, pero no recuerdo muy bien), hacía temblar los cajones; Pepín, amenizaba con la dulzaina y, luego, la gaita; Scotty, acompañaba con la guitarra… También hubo dance: Carmen, Cuco, Belén, Jessi, Pilar y ¿? conformaban las parejas. La fiesta comenzaba bien, la fiesta prometía… Poco a poco, la música tomaba otros derroteros, y la gente, se iba animando más, y más, y yo estaba tan a gustito…


Mi función era la de “pinchadiscos” para la fiesta en la iglesia; pero, al final no se llevó a cabo. Primero problemas técnicos; luego, ausencia de gente; finalmente, cansancio corporal por mi parte. No obstante, surgió mi nuevo cargo: monitor-shaman del evento. Así que distribuí al personal, se formaron pequeños grupos de compartición y, como un pequeño gurú, entregué una de las llaves maestras (que no la única), para llevar a cabo una dinámica de grupo de regocijo y expansión. Música de fondo, una gente cojonutta y un ambiente festivalero que te mueres: todo estaba preparado para el estallido de la diversión.

Yo tengo un problema con la risa, y es que, cuando empiezo, no puedo parar. Las primeras carcajadas, empezaron, más o menos, sobre las 23.30. La culpa fue, sin duda alguna, de la historia del hombre que se había convertido en un ser azul. Cuco empezó a narrar la noticia que había leído en El País, y era tan marciana que a mí me entró la risa floja; de ahí a la carcajada; seguidamente, al total desparrame. Desde entonces, hasta las 4.30, no pude parar. Tan solo el sueño me permitió descansar, pues a la mañana siguiente, por mucho que lo intentara, tampoco la podía atajar. Bien, como iba contando, el ambiente era propicio para pasar una velada estupenda. El albergue era acogedor, la gente ya estaba animadísima: ya estábamos preparados para iniciar la fiesta en otro espacio, en otro lugar: la iglesia.

Si hay una imagen que resume mi estancia en Ibort es ésta. Diversión y muchas, muchas risas.

En ella, hacía frío; pero, estábamos abrigados y con ganas de baile. Lo malo: había que montar el equipo. Los esfuerzos de Scotty eran en vano. En la iglesia, apenas quedábamos cinco, pues la hoguera daba calor en la gélida noche de Invierno. Yo también marché a la hoguera. Sergio también se adentró en la iglesia en busca de una solución. No sé en qué momento, empezó a sonar la música: Karamelo Santo como homenaje a este que escribe (gracias, Jessi). Por fin había música, pero la gente estaba dispersa. Unos/as, en la iglesia; otros/as, en la hoguera; el resto, en el albergue de fiesta. Y, al mismo tiempo, gente que iba y venía.

Yo era E.T. y me dejaban ser terrícola. Yo era un extraterrestre que reía y reía. Bueno, carajo, reíamos todos/as. Estábamos alegres y estábamos celebrando. Javi el del continuo espasmo, en un momento dado, se marcó “su break en un metro” y casi me muero. Si alguien nos cose, convirtiéndonos en forzados siameses risueños, nos hace la chingada del siglo: morimos seguro, porque con tanta risa no hay quien aguante más días.

Del fuego a la piltra. Mi cuerpo no da más de sí. Llevo demasiado trajín desde el Jueves con tanto trabajo. Entre el Calaveras y mi curro en El Dado, apenas había dormido siete horas entre los dos días anteriores, así que el agotamiento llama a mi cuerpo mermado. Llego al albergue, donde hay un porrón de gente. Me despido, la camita está tan cerca… El saco me da su calor y, poco a poco, mi cuerpo se va relajando. Pero, no, no era el final. Entran Cuco y Gazpacho, con la juerga debajo del brazo, y nos convertimos en border line y también, en mi caso, en oruga o gusano. Otra vez las risas, mi cuerpo convulsionado…

Amanece. Desayuno copioso entre zumos, café, magdalenas, valencianas y chocolate. Hay que reponer fuerzas, pues Cuco y Gazpacho ya están preparando los arcos. Vamos a la explanada, justito allá abajo. Una caja de cartón, una de zumo, y comienza el tiro con arco. Probamos casi todos/as, incluso algún/a niño/a del pueblo. Eso sí, darle al blanco es más difícil incluso de lo que había pensado…

Javi es enseñado por Cuco a manejar el arco. Al fondo, Pepín también hace sus pinitos.

En la iglesia, Cuco y yo escalamos un rato. Bueno, Cuco, más o menos, escala; yo asciendo, a duras penas, por el rocódromo. Eso sí, en la pared más fácil llego hasta arriba del todo…

¡Ese pedazo de Cuco escalando!

Del arco, pasamos a las cariocas. Mare mía que difícil es mover bien estos artilugios circenses. Hago mis pinitos, con mucha más pena que gloria, en el mundo de los malabares…

Soy realmente pésimo dándole rulo a las cariocas

Pepín coge la gaita. Carmen, Belén, Pilar y Jessi, empiezan el paloteao. Pronto se animan, Javier y Jorge y, al rato, este pequeño Pibe también le dará a los palos. Aquí, sí que soy un crack. Pillo el ritmo y el movimiento de brazos a la primera. Era una pieza fácil, pero para ser mi segunda vez… y la primera fue con palillos chinos y en cinco minutos de curso de monitor loco.

Pepín, tocando. Al dance, Carmen, Pilar, Jessi y Belén. Atentos al baile, allá al fondo, Gazpacho y David

Aprovechada la mañanita, llega la comunitaria comida. El menú: Cocido español como plato fuerte; además, longaniza y morcilla a la brasa, ensaladitas, queso, fuet, chorizo… Un sin fin de alimentos para dejarnos llenos. También está la opción de comer entrañas de niños, pero al enterarse de mi presencia, están todos bien recogidos. De postre, naranja y, como sigo riendo, me cuesta una eternidad terminarla.

Llega la peor hora, la de recoger y la despedida. La foto obligada de toda la expedición será el único momento que estamos todos/as juntos/as. Cada uno/a a su coche o a su furgoneta, y la carretera nos llevará a Caspe y a Zaragoza… Al menos, nosotros, hicimos parada en Huesca, que retrasa un poco el adiós y la llegada a la urbe en que ya se respira el aire de fiestas.

La fotico de grupo antes de la despedida (imagen cedida por Jessi)

En fin, hasta aquí mi visión de la estancia en Ibort. Ahora, espero impaciente los textos y fotos de Carmeneta y Scotty, así como las fotos y videos de Jessi, que pueden ser ¡brutales!

Gracias a todos/as por hacerme pasar un fin de semana tan estupendo. Y, sobre todo, a Carmencita, por encargarse de organizar todo con tanto esmero. Un besazo quillos/as.

5 comentarios:

bloc- era dijo...

Solo puedo decir...

jijijijijiji... jejejejej.....jijijijijiji...jajajjajajajajaj

carmeneta dijo...

Menos mal que después del fin de semana hay gente capaz de ordenar y escribir la historia del fin de semana.... nuestro schaman... qué grande eres!

scotty dijo...

Yo en cuanto tenga todas las fotos haré lo mismo desde el viernes. Para carmen, davizes, y yo, fué bastante marciano el viernes y sabado de mañanas

scotty dijo...

Por cierto, ¿te has fijado que la foto en la que salimos los dos parece que tenga "copiraig" de un tal Columbia? Mira el margen inferior izquierdo de la foto

closada dijo...

Buen comentario, señorita bloc-era. Sí, sí... ejem, ejem. Jojojojo

Bueno, carmeneta, lo de ordenar, más o menos, jejejeje. Había que hacer un esfuerzo y, no creas, me dejé el cerebro en el intento.

scotty, espero ansioso tu relato, para ver que extraños sucesos paranormales vivisteis y, además, para obtener otra visión del finde.

Ya, ya, me di cuenta al ver la foto. ¿Quién era ese Sr. Columbia que estaba por allá y ni nos enteramos? ¿Y cómo carajo me pasó la foto?

Saludos, quillitos/as