martes, 2 de noviembre de 2010

Buried

La semana pasada fuimos a ver Buried, película que me apetecía mucho ver, quizás por estar tan ensalzada por la crítica y por las ganas de ver cómo se resolvía una película en la que aparece sólo un personaje metido en un ataúd. Pues bien, la película me gustó mucho. Pero, también he de reconocer que me dejó algunas sensaciones no tan positivas.

Comienza con unos créditos que me encandilaron. Sí, me parecieron realmente bonitos y con un diseño muy atractivo, la verdad. Seguidamente, del negro de la pantalla, pasamos a la pequeña luz que acompañará al protagonista, aunque en diferentes formatos (mechero, pantalla del móvil, tubo luminoso y linternita), y al desarrollo del filme. Éste es de una potencia visual sorprendente y con una muy currada iluminación. Asimismo, la historia atrapa y consigue ir acumulando la tensión en el espectador hasta el mismito segundo final. Y, estos son, para mí, sus puntos fuertes.

Mas, también tiene sus puntos débiles. Por un lado, un momento totalmente prescindible que, claramente, está metido para alargar el metraje e intentar darle un poco más de emoción a la historia: la escena de la serpiente en el ataúd. A mí, particularmente, me sobra. Uno, porque no aporta nada al desarrollo de la historia. Dos, porque queda bastante insulso. Por otro lado, algunos diálogos telefónicos bastante paupérrimos que hacen flojear un guión que, al tratarse de una película de estas características, debiera tener más potencia y no caer en conversaciones tramposas que conduzcan a la estupefacción del espectador.

En definitiva, Buried es una especie de thriller con una muy buena narrativa visual y una fuerte crítica política, de mercado y social, pero que queda mermada por un guión que, en ocasiones, se deja llevar por diálogos realmente flojos. Una muy buena película; pero, muy lejos de ser esa obra maestra imprescindible que se proclama en plena exaltación.

Kawabata - Mishima

Me regaló Marta (sabia ella), para mi cumpleaños, Yasunari Kawabata - Yukio Mishima. Correspondencia (1945 - 1970). Obviamente, es una de esas joyitas en las que puedes disfrutar leyendo si tienes cierta predilección por estos escritores japoneses que escribieron obras tan maravillosas. Aproveché mi viaje a Madrid para fulminármelo en el AVE.

Si hay algo que me ha gustado de esta correspondencia es la veneración, el cariño, el respeto y la adulación que se tienen el uno al otro. Siempre se dicen palabras bonitas, llenas de afecto y de sentimiento. Y lo curioso es cómo se invierten los papeles. Se inicia con un Mishima que rompe en elogios hacia su "maestro" Kawabata, y termina con los enaltecimientos de éste hacia su joven amigo.

Les dejo con una cita:

Me sobresalté frente a esta magnífica observación: "Alma: ¿De qué sirve esta palabra, sino para calificar la energía que circula en toda la creación?" [...] "El alma, ¿no es un concepto que incluye la totalidad de las existencias y las no-existencias? [...] El alma, esta forma de tiene por actividad englobar a todas las cosas, se metamorfosea, se traslada sin cesar, y no conoce nunca la fijeza"

domingo, 24 de octubre de 2010

Notre musique

Ver una película de Godard siempre es un auténtico lujo. Es volver a encontrarse con el cine como arte, el cine como una maravillosa poesía visual. Soy consciente de mi inmensa debilidad con este director y de mi, como siempre, dudosa objetividad. Pero, que le vamos a hacer. Soy un tipo vehemente y, como tal, me apasiono con lo que vivo, con lo que siento, con lo que pienso. Nervioso por lo que íbamos a visionar, encendí el proyector y nos dejamos aprisionar por la luz reflejada de la pantalla.

Primero, viajamos al Infierno. Una concatenación de imágenes arroja, a nuestros ojos, lo cruel y violenta que es la guerra. Solapadas, aparecen escenas de películas, de televisión, de documentales, que, acompañadas por música y el uso del color y la digitalización, nos introducen en la desolación y la sin razón de la guerra.

La desolación llegará en el Purgatorio. Los espacios devastados, vacíos, grises y fríos, sirven de telón de fondo de las conversaciones, a veces de carácter casi anecdótico, de los personajes protagonistas. Sarajevo acoge esta parte que lleva el mayor peso de la película. Nos muestra las consecuencias de la guerra, las cicatrices que quedan, las fisuras y las vidas resquebrajadas.

Finalmente, el Paraíso en forma de playa idílica que, para nuestra desgracia, está custodiada por el ejército.

Terminó la película. Apagué la luz del proyector. Tenía muy clara una cosa: ni Marta ni yo queremos marines en nuestro mundo de paz.

Que razón tiene el señor Goytisolo: "Matar a un hombre para defender una idea no es defender una idea, es matar a un hombre".

viernes, 22 de octubre de 2010

Limosna para morir

Recupero, porque lo he encontrado, el único vídeo que grabó 713avo amor, "Limosna para morir". Me encantaba este grupo en mis últimos años de teenager y, ahora, cuando lo escucho, me sigue transmitiendo muchas emociones... Espero que lo disfruten.

martes, 19 de octubre de 2010

Como un juego de mesa...

Fue en el curro donde pude comprobar la similitud de cómo funcionan las cosas en la sociedad en que vivimos y la labora, por ejemplo. Me di cuenta de que las indicaciones de las reglas del juego las recibimos y se hacen de la misma manera. Estábamos leyendo en la zona de la biblioteca. A mi derecha, había una niña. A unos metros, un niño me llamaba insistentemente:

- "Christian... Christian"

Asomé la cabeza. Lo miré. Mi cara reflejó que le prestaba atención.

- "Si caes en la casilla que pone "no recuerdo lo que ponía" ¿qué hay que hacer?"

Miré a la niña que había a mi lado y le dije:

- "Ya verás. Como para él tengo el poder, cualquier explicación que le dé, se la creerá. Esto suele pasar"

No recuerdo la chorrada que le dije en ese momento. Mas, el niño se emocionó, me dio las gracias y siguió jugando convencido de que esa era la regla.

- "Si se hubiera mirado las instrucciones, se habría dado cuenta de que me lo he inventado" -señalé a la quilla que tenía a mi vera.

Y así es como funciona la sociedad. En ella, nosotros/as no nos leemos las instrucciones del juego, es decir, no nos hacemos partícipes de la política a pesar de todo lo que ello conlleva. Así, seguimos jugando como ellos/as quieren, con sus reglas, con sus decisiones, aunque sean una majadería y no nos interesen. Como aquel niño con el juego. Si tan siquiera hubiese mirado las reglas un poco por encima, habría protestado, me habría dicho que me lo invento y, seguramente, explicaría a los/as demás quillos/as que no siempre el educador les dice la verdad. Si nosotros/as mirásemos las reglas, seguramente, no jugarían tanto con nuestras vidas y, además, defenderíamos más nuestros derechos y nuestros intereses.

Lo dicho, es como un juego de mesa...

domingo, 17 de octubre de 2010

Maletas perdidas

Iba leyendo en el autobús. El asiento de mi lado estaba libre. Cada vez subía más gente y se iba llenando. Finalmente, una quillita se sentó a mí lado. Estaba en la página 256...

- "Perdona... ¿Cuál es el título del libro?"

Levanté la vista, la miré y giré los ojos hacia el libro que llevaba en mis manos. Entorné sus páginas para dejar la portada visible y que pudiera leer el título, al tiempo que pronunciaba: "Maletas perdidas".

- "Gracias... Lo siento, pero no he podido evitar leer la página en la que estabas y me parecía interesante".

- "Ah. No pasa nada... La verdad es que está muy bien... Fíjate. Yo me iba a comprar otro libro de este autor que se titula Animales tristes. Lo había visto por Portugal y me apunté el título. Pero, al llegar a España no lo encontré. En una tienda, vi que tenían este otro, del mismo autor, así que me lo llevé. Y me está gustando mucho. Trata de cuatro hermanos que no se conocen (uno es de Inglaterra, el otro alemán, uno es francés y el que queda de España), y que están ordenando unas pistas para poder encontrar a su padre. La verdad es que es muy interesante."

- "Creo que lo voy a buscar y me lo voy a leer. Es que me estaba gustando lo que leía. ¡Uys! Oye, perdona por haberte interrumpido..."

Así rememoro cómo sucedió aquel encuentro, en el autobús, en que recomendé, a una quillita desconocida, el libro que me estaba leyendo: Maletas perdidas. Pero, tan solo es un recuerdo, porque "el paso del tiempo siempre deforma la realidad".

En esta novela, Jordi Puntí nos ofrece una especie de road movie narrada a través de las voces de los cuatro hermanos, quienes, como auténticos detectives, analizan pistas, huellas, testimonios, recuerdos, para lograr encontrar a su padre: Gabriel Delacruz. Así, van a apareciendo diversas localizaciones y, sobre todo, personajes bien definidos que van enriqueciendo más y más una obra que engancha, como si de un thriller se tratase, por las intensas ganas que entran de llegar a descubrir qué carajo nos depara el final. Y, quizás, es en este punto donde la novela decae. Lo que, hasta el momento, es una sobria y sólida novela, de repente deviene en una majadería rocambolesca que, apenas, parece tener nada que ver con lo anteriormente leído. Diría que desentona en exceso. No obstante, quizás, después de indagar en la extraña vida de un personaje realmente normal, sea normal terminar de manera extraña la vida allá contada.

"El sentido de una vida es la vida misma, aquello que construimos cada día sin ser conscientes de ello. Por eso, cuando las vivimos, la mayoría de las situaciones no tiene un significado especial. El espejismo del sentido viene después".