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lunes, 8 de marzo de 2010

Las aventuras de Lucho: Cincomarzada en Siresa

Acá estoy yo, el pequeño Lucho, con las raquetas pa' caminar

Decidimos que sería buena idea pasar el puente de la cincomarzada fuera de Zaraguaya, así que había que buscar dónde carajo podíamos ir. Pibe se pidió un moscoso para el Sábado y así poder venir con nosotros, puesto que si no debería quedarse en la capital maña durante todo el largo fin de semana. Tras una nimia búsqueda por el Interné, pronto encontramos un alojamiento idóneo: el Albergue de Siresa. Sólo quedaba concretar la hora de salida para disfrutar de unos días juntos en los Pirineos.

La jornada prometía. Unos pepinillos en una terracita en Jaca donde el Sol nos daba su calorcito, la comida en el césped que rodea la Ciudadela y los ánimos en todos nosotros auguraban que los días festivos iban a ser estupendos. Sólo nos quedaba conseguir unas raquetas. Afortunadamente, la tienda de Guille nos daba la solución.

Pipando en La Ciudadela de Jaca

Nada más alquilar las raquetas, marchamos para Siresa, ese bonito pueblo situado en el Bal d'Echo. Todavía era Viernes, así que el primer día tocaba total y absoluta relajación. Instalarnos en la habitación fue lo primero. Después, un paseíco de rigor y, finalmente, me dispuse a observar cómo mis compinches, mientras nos tomábamos unos orujicos, jugaban al guiñote y, seguidamente, al futbolín.

Cenamos prontito y a ritmo de ska. Teníamos que madrugar, así que, tras informarnos un poco de nuestro itinerario del día siguiente, marchamos a dormitar.

La fotico que les hice a mis acompañantes: Sr. Joven, Cuco, Marta y Pibe

El desayuno, a las 07.30. La carretera, aproximadamente, una hora. El inicio de la caminata, por lo tanto, sobre las 09.30. Es lo que tiene ir de relax, que todo se hace más tranquilo y pausado. Partimos, los cinco, felices de estar caminando por la ribera del río Aragón Subordán. A medida que íbamos avanzando, la nieve iba haciendo acto de presencia. Al principio, un poco; luego, cada vez más... Obviamente, había llegado la hora de ponerse las raquetas.

Aguas Tuertas

Al llegar a Aguas Tuertas, divisamos un paisaje precioso. Caminábamos en una larga extensión blanca en la que los meandros iban apareciendo intermitentemente a nuestro paso. Cuco y el Señor Joven marcaban el paso, mientras que Pibe, Marta y servidor, íbamos, por lo general, más rezagados. Risas, chorradas varias y admiraciones ante la belleza del paisaje, llenaban nuestras conversaciones. Nieve, azulado cielo y discurrir del agua, llenaban nuestro paisaje. Sólo por disfrutar de esos momentos caminando, había merecido la pena nuestro viaje.

Marta, Cuco y el Sr. Joven, imitando el Abbey Road.

Regresamos prontito. A las 18.00 ya estábamos en Jaca. Había que devolver las raquetas; pero, nuestra mente, sobre todo, pensaba en tapitas y bebida bien fresca... ¡yuuuuum! Así que, nada más salir de la tienda de Guille, anduvimos por las calles de Jaca para adentrarnos en algún bar donde saciar nuestra necesidad culinaria.

Esa noche, tras la cena, marchamos a jugar al Uno. El Señor Joven nos dio una paliza soberana. Sin duda, fue la suerte del casi-principiante, jejejeje. Victoria del Madrid y decisión de ir a dormir. No madrugábamos mucho, mas el cuerpo necesitaba descansar.

San Pedro de Siresa

Ansó fue nuestro destino matinal. Recorrer sus calles y una tapita nunca viene nada mal, jejejeje. Por desgracia, allá, ya éramos conscientes de que nuestro viaje pronto llegaría a su final. Pero, bueno, aún nos quedaba tiempo para disfrutar. Aún nos quedaba la parada en Huesca para comer y el cafelito de rigor nada más llegar a nuestra ciudad.

Al llegar a casa, pensé lo bien que lo había pasado. Estos tipos están realmente majaras, la verdad. Ya tengo ganas de otra escapada...

miércoles, 1 de julio de 2009

Cómo celebrar un cumpleaños a lo grande: Ascensión al Balaitous

El súper equipo de montañeros locos que se juntó para la ascensión al Balaitus

Eran las 9:10 de la mañana. En la gasolinera de Repsol de la salida de Zaraguaya nos reuníamos ese dispar equipo que había decidido acometer la ascensión al Balaitus. Josepo me acababa de presentar a Félix; con Cuco, llegaban Marta e Isaac. Llevábamos todo el material preparado, a excepción de dos pares de crampones y dos mosquetones y dos ochos… Sallent sería el lugar para recoger esos necesarios utensilios, así como para ponernos como el Tenazas con aquellos alimentos que llevaba cada uno.

Después de comer ya sólo nos quedaba el último tramo en coche, hasta el embalse de la Sarra, para comenzar nuestra ascensión hacia el Refugio de Respomuso, quizás un poco más tarde de lo planeado. Por eso, al llegar, ya no teníamos agua caliente y, Marta y Pibe (los dos más valientes del grupo), se ducharon con la gélida agua pirenaica.

Un poquito antes de llegar al Refugio de Respomuso

Tras la cena, la sorpresa. Los chicos/as habían preparado una tarta en la cocina mientras Pibe se duchaba. Sobre un bizcocho, una capa de nocilla y su nombre, “Pibe”, escrito con Lacasitos. Además, un oso de regalo y, de parte de Marta, la camiseta más chula del Mundo Mundial. Realmente, le hizo más ilusión que a los de verdad… Por su parte, también había sorpresa: un pequeño presente para cada uno/a de aquellos/as que iban a compartir su día de cumpleaños ascendiendo al Balaitous. Era la noche previa al día señalado, mas era el momento de comenzar a celebrarlo.

Despertamos a las seis. Entre pitos y flautas, de nuevo, se nos hacía más tarde de lo previsto, pues no comenzábamos la ascensión hasta casi las 8. En esos momentos, nos daba un poco igual. Estábamos contentos de estar allá, a puntito de acometer ese apetecible pico. Para Marta era su primer pico, así que su bautizo iba a ser por todo lo alto. Además, al igual que Pibe, ella nunca había rapelado. Para Cuco era su tercer intento. Nunca había ido con material y, además, siempre había comenzado desde la Sarra. Para Isaac era su primer 3000. Josepo tenía sus dudas y Félix, el más experimentado, sabía que no iba a estar “chupado”.

Ascendiendo. El Refugio queda allá abajo...

Iniciamos la marcha con un fuerte desnivel. Cada uno va a su ritmo, aunque intentando no perder contacto visual los unos con los otros. Yo voy con Pibe, casi siempre detrás de Cuco que es quien lleva la delantera durante todo el trayecto.

Cuco esperando... ni se da cuenta de la foto, jejejeje.

El ritmo no es rápido, por lo que Pibe se encuentra bastante descansado. Llegamos a los primeros neveros y, allá, todavía no hace falta piolet, ni crampones, ni na’ de na’. Me hace gracias ir con Pibe, pues por no llevar, no lleva ni bastones, así que en tramos de nieve un poco más inclinados corretea porque así es más difícil que resbale y se dé de morros con la nieve.

En el "islote" previo a la ascensión de La Brecha de Latour. ¡A ponerse los crampones!

Nos juntamos todos/as en una roca. Allá, me entero de que Marta, debido a sus gafas “fassion” (que le ha dejado el Pibe), ha pasado de ser “Martita Seis Dedos” a ser “Willy Wonka”. Desde allá divisamos la Brecha de Latour, así que aprovechamos para tomar un poquito de alimento (Lacasitos, barrita de cereales y frutos secos) y calzarnos los crampones. Tomamos la ladera y caminamos, en una pronunciada subida, hacia la brecha. Al llegar, hemos de esperar un largo rato. Tenemos gente delante y se ha formado cierto atasco. Allá es donde encontramos la mayor dificultad de toda la ascensión: un resalte de una roca de algo más de dos metros y con malos agarres para pies y manos. Pibe, Marta y Josepo, son ayudados por Cuco a subir. Allá se pasa un poco mal, puesto que cuesta pasar ese punto y, al mismo tiempo, no paran de caer piedras, tanto de aquellos/as que bajan caminando, como de aquellos/as que lo hacen rapelando. Menos mal que Josepo e Isaac llevan casco, que si no alguna cuquera se habría formado…

Tras haber pasado todos, comienza la trepada. Primero por clavijas y, luego, ya buscando los agarres adecuados. Afortunadamente, las presas (aunque con alguna piedra traidora suelta), son buenas tanto para pies como para manos. Superada la brecha, por fin vemos la cima, allá al fondo, con su horrible pirámide de hierros coronándola. Descendemos un chipitín y, de nuevo, descansamos.

Ya sólo queda el último tramo. Y otra vez los crampones

Comentamos la subida y, ya un poco más aliviados, somos conscientes de que ya lo hemos logrado. Volvemos a calzarnos los crampones e iniciamos una ascensión diagonal por la nieve hacia la cima deseada. Allá, después de unas 5 horas (no hemos de olvidar el atasco sufrido, así como el mucho tiempo que nos llevó subir el dichoso resalte), los siete hemos llegado.

Cuco, Marta y Pibe en la cima.

Nos abrazamos todos/as.; se le felicita, de nuevo, a Pibe el cumpleaños; nos hacemos fotos; bailamos; comemos un trozo de brazo gitano que había comprado el cumpleañero a modo de tarta (que, con rima y todo, la había llevado Marta)… estamos contentos ¡Sí, lo habíamos logrado!

Preparándonos para seguir el descenso. ¡Otra vez los dichosos crampones!

Al poco rato, descendemos. El mismo caminito, pero a la inversa, hasta llegar a la brecha. Allá, toca rapelar, así que nos ponemos los arneses y Félix prepara la cuerda. Sin embargo, aún no la íbamos a utilizar, porque aprovecharíamos aquella que unos quillos llevaban consigo y, así, seguidamente poder utilizar, ellos también la nuestra. Con los dos primeros rapeles, ningún problema. Pero, con el tercero, la espera (por atasco de nuevo) es demasiado larga. El cansancio y el hambre empieza a reflejarse en las caras; pero, no es lo peor… De repente, caen piedras. Una choca directamente en la mano de Pibe. Afortunadamente, la sangre hace presencia, lo que evita empezar a ver una mano totalmente hinchada y morada. Un ¡Plac! suena fuerte… Afortunadamente, Isaac lleva casco, sino la brecha en la cabeza habría sido más que notable.

Entre las piedras que caen, el hambre, el cansancio, la espera, el deseo de realizar el tercer y último rápel del descenso es más que justificado.

Tercero y último. Éste sí que es un rápel, y no el tipo raruno ese de la sotana y las gafas al revés.

Por fin, bajamos, y como siguen cayendo piedras, a medida que cada uno/a llega, se calza los crampones y se pone en marcha. La nieve y las grandes rocas hacen el descenso un poco más pesado. De repente, oímos gritos. A lo lejos, dos quillos, de pie en una inmensa roca rodeada de nieve por todos lados, parecen mover sus brazos. Creemos, entonces, que algo ha pasado. El vuelo de un helicóptero parece indicar que algún tercer montañero se ha despeñado.

El no haber comido pasa factura y a la Willy Wonka montañera le da una pájara del carajo. Finalmente, nos juntamos todos/as en el Refugio. Por fin comemos, pues ya era bendita la hora de poder alimentarnos bien y recuperar parte de las energías gastadas durante toda la jornada montañera. Recuperamos nuestros mochilones y seguimos el descenso. Cuco y Josepo por delante. Isaac, Pibe y yo, en medio. Y Martita y Félix cerrando el grupo. Se nos ha hecho muy tarde. No nos juntamos todos/as en la Sarra hasta pasadas las 10 de la noche. Pibe ha encendido el móvil. Tiene un porrón de mensajes y de llamadas con la intención de felicitarle. Son sus compinches, aunque no todos/as se han acordado.

El refugio queda atrás mientras nos alejamos lentamente de él.

Desde el descanso que me ofrece su la mochila observo cómo transcurre el momento de montarse en los coches y, por tanto, de las despedidas. Todos se van abrazando y deciden que quedarán para hacer intercambio de fotos. Félix tiene abundante material de los diferentes rapeles realizados. Isaac, seguramente, un porrón de paisajes. Pibe, las fotos que le sirven para su “Senderismo para toda la Galaxia”. Josepo, también había llevado su cámara… Un CD con todo ese material tendrá que ser conformado. Con Cuco al volante, Pibe de copiloto y Marta detrás en estado de somnolencia, repaso mentalmente lo maravilloso que ha sido el fin de semana… Me interrumpe una llamada. Veo a Pibe emocionado. Es su familia, de Colombia, que lo ha llamado.

-“Por cierto, Pibe, ¿quieres poner algo?”

- “Pues claro, Lucho, aunque sea unas líneas”

Seré breve, porque Lucho ha metido acá una pedazo crónica pa’ fliparlo. No obstante, no puedo dejar esta entrada así, sin ofrecer mi más sincero agradecimiento a mis compañeros/as de ascensión al Balaitous. A Félix, por su carisma, por sus reverencias ante el baile, por sus explicaciones y cuidados. A Josepo, por su simpatía, por su sencillez y su alegría osezna. A Isaac, por su compañerismo, por compartir sus experiencias, por disfrutar también con nuestras majaderías. A Cuco, por ser, una vez más, mi compañero de fatigas, por su amistad, por su continua ayuda. A Marta, por querer celebrar conmigo este día y, para ello, como una auténtica campeona, subir semejante pico y compartir, así, momentos importantes de mi vida. A ti, Lucho, porque siempre me acompañas y, además, porque luego escribes semejantes parrafadas. Vamos, todos/as ellos/as por haberme ayudado a celebrar, allá a 3.151 mts. de altura este cumpleaños que queda en mi cabeza como un maravilloso día.

Jo, y además, he de dar las gracias a todos/as los/as que me llamaron y mensajearon, porque encender el móvil y ver tantos mensajes y llamadas, o encender el ordenador y ver el Facebook lleno de comentarios jubilosos, me hizo más ilusión que a los de verdad. ¡Son ustedes muy grandes! Y por eso les quiero a todos/as.

¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!

domingo, 8 de marzo de 2009

Esquí de fondo

En estos días en que muchos zaraguayanos/as han disfrutado de puente, me veía un poco entre el hastío de apenas tener gente con quien realizar vida social, el trabajo, y la ocupación con la redacción del plan de prácticas y del correspondiente informe de campo. Mas, poquito a poquito, iban saliendo planes que me hicieran disfrutar de este largo fin de semana.

Ayer, la invitación a casa de Víctor y Vicky me salvó de quedarme de nochecita en el hogar. Apenas estuve allá dos horitas; pero, al menos, servían para desconectar de un día de trabajo de niños/as alterados por tener demasiados días de "festival". Había que ser previsor, así que me dediqué a la redacción durante el mediodía para, de esta manera, poder marchar hoy a...

...¡MIS QUERIDOS PIRINEOS!

Sí, hoy marchaba con Cuco a Somport para hacer esquí de fondo. El plan se puso en marcha el Miércoles por la noche, mientras bebíamos mojito en el Odeón. En principio, también nos iba a acompañar Josepo; sin embargo, ayer se rajó. No había sido previsor y, por esta razón, hoy le tocaba "hincar los codos".

Acá estoy, posando para la foto de rigor.

Llegamos a las 10.00, nos metimos a las pistas y empezamos a darle rulo. Como no, nada más llegar, me encontré a un conocido que, no como yo, sí que estaba puesto en estos menesteres del esquí. Primero, tomamos contacto con la pista amarilla (sí, la infantil); después, pasamos a la verde y, sin querer, nos adentramos en la roja y, seguidamente, en la azul. Nuestra técnica dejaba bastante que desear; pero, me siento orgulloso al haber terminado la jornada con apenas caídas que contabilizar.

Ahora estoy en el hogar. Estoy cansado, muuuuuy cansado. No quiero pensar las agujetas que tendré mañana al despertar...

lunes, 1 de septiembre de 2008

Las aventuras de Lucho: Ascensión al Perdiguero


El Viernes, a la salida del currele de Pibe, Cuco acudía a recogernos a la Avenida Tenor Fleta. De allá, y con dos nuevos CD's de música, nos dirigíamos al Camping que hay nada más pasar Benasque. De esta manera, haríamos noche ya en los Pirineos, muy cerquita de nuestro punto de inicio, y podríamos comenzar la ascensión a una hora prudente.

Panorámica de El Perdiguero

Al comenzar a caminar, el reloj marcaba las 8.35. Las primeras rampas se hacían duras y veía que Pibe no andaba muy a gusto, como si estuviese frío, sin fuerzas... A pesar de ello, en hora y media (el itinerario marcaba 2), estábamos en la Cabaña del Tormo. Allí, había que sacar el plano y leer por dónde carajo tomar la ascensión.

Descansito y mirada del plano en la Cabaña del Tormo

No sirvió de mucho, la verdad, porque una vez pasados los antiguos cuarteles militares, mis dos acompañantes de travesía tenían que buscar el sendero adecuado. Afortunadamente, Cuquito lo encontró más o menos rápido, y pudimos prodeguir la marcha.

La subida se hacía dura entre el arbolado del bosque. Estaban realmente empinadas las lazadas que nos iban llevando hacia el Perdiguero. Allí, algo cambió en Pibe y adquiría buenas sensaciones. Marchaba más ligero, con más fuerza... se veía que ya había calentado las piernas y adquirido el ritmo que le iba bien. Yo,por mi parte, iba liviano como una pluma.

Al salir del bosque, un ratito de "descanso" nos llevaba ante una subida entre canchales que, ante nuestros ojos, se hacía un poco descorazonadora. Buuuf, ese tramo era desolador; pero, bueno, había que subir y ya está. Estaba claro que no era la subida de Cuquito. Pronto, le dijo a Pibe que se pusiera delante, que él iba más lento. Y, extrañamente, así fue: poco a poco, Cuquito iba quedando atrás.

Justito antes de comenzar los canchales que nos llevarían al collado

Al llegar al collado, aparecieron unos seres desconocidos que caminaban un poco perdidos en busca del Perdiguero. Así que, tras la llegada de Cuco, la reposición de energías con las barritas energéticas y la visualización del plano, diducidamos el trayecto a seguir y lo hicimos acertadamente.

En el collado, con los/as dos quillitos/as desconocidos/as

De nuevo volvíamos a caminar en una empinada subida por horribles canchales de grandes rocas, en este caso de granito, que nos conducían hacia la antecima, la cual, una vez superada, dejaba a la vista la ya cercana cima. Sólo quedaba el último esfuerzo...

Los tres en el pico

Desde el pico, las vistas eran preciosas. Tan sólo quedaba bailar.

Desde el Pico, una de las vistas bonitas es la del Ibón Blanco

El descenso fue mejor de lo esperado. Pensábamos que nos dejaría las rodillas bien chingadas, pero no fue así. Cuco tomó el ritmo adecuado y nos llevó velozmente hacia el Refugio de Estos. Además... ¡Pudimos hacer una foto, más o menos cerca, de una marmota!

La marmotica... ¡que maja!

viernes, 29 de agosto de 2008

Pirineos Conection

Hoy, nada más trabajar, me voy con Cuco para mis queridos Pirineos. En esta ocasión, a subir el Perdiguero.

Buuuf, tengo unas ganas de salir para allá... y pasar dos días donde apenas tenga tiempo para pensar sobre lo de acá...

miércoles, 27 de agosto de 2008

Lumbalú en la Expo

"... igual que en la montaña, esperamos que desde Barcelona retumben nuestros tambores y se escuche nuestra voz. Que la alegría de nuestras músicas reflejen como siempre hemos querido ese bastión de Paz que tiene la cultura colombiana".

Pues sí, en la Expo, este Domingo 31 de Agosto, a las 19:00 horas, actúa:

LUMBALÚ (desde Colombia para toda la Galaxia)


Tal y como reza la programación de la Expo, Lumbalú es una banda dedicada a la investigación y actualización de los distintos ritmos tradicionales de los litorales colombianos. Desde su fundación, el proyecto ha realizado numerosas actuaciones en directo y ha publicado varios discos, obteniendo siempre efusivas críticas por parte de prensa y público. El importante valor arqueológico de su labor, unido al carácter festivo con el que impregnan su música dota a la propuesta de una importante singularidad.


Nada más bajar de los Pirineos, allá acudiré, sin lugar a dudas. Y como le prometí a javier lópez clemente, cuelgo una cumbia, en concreto la que da título al disco que tengo: Mil colores


domingo, 3 de agosto de 2008

Lucho subió al Taillón (3144 mts.)

Hola Chamaquitos,

Hoy les voy a contar mi experiencia de subir con Cuco y el tarado de Pibe al Pico del Taillón. ¡Estos tíos están totalmente locos!

Llegamos a San Nicolás de Bujaruelo el Viernes por la noche, a la hora justita de cenar y echarse a dormir. Había que madrugar, pues tocaba una dura ascensión a la mañana siguiente. Ésta era nuestra primera visita seria del año a los Pirineos y este par de chamacos tenía ganas. En la cena, el primer despiste de Pibe: con las prisas matinales, se había olvidado platos, poto y navaja. También el primer despiste de Cuco: tampoco llevaba poto.

Despertamos a las 7 de la mañana para poder desayunar y salir temprano. El Pibe, empezaba mal la jornada, pues un error en Decathlon había hecho que, en lugar de mallas, llevase consigo un pantalón pirata de mujer. Al comprar las mallas, las miró, cogió la talla adecuada y, al ver que le servían, tomó otras iguales entre sus manos; sin embargo, no eran iguales: alguien había dejado, por error, entre medio el citado pantalón. Las prisas de la mañana del Viernes fueron las causantes de que no mirara la prenda y la metiese con premura en la mochila. Por desgracia, las verdaderas mallas quedaban en Zaraguaya.

Pibe, nada más salir, pilló un ritmo frenético. Cuco le dijo que no fuera tan rápido, que quedaba mucha subida. -"No, tengo buenas sensaciones, tío. Hoy me siento fuerte", fue lo que contestó. Así que, con un paso ligero, rápido y constante, llegábamos al Puerto de Bujaruelo con una hora de antelación sobre el tiempo señalado en la revista que nos mostraba el trayecto. Pintaba bien la cosa.


Aquí estamos los tres en el Puerto de Bujaruelo

Allí, tras la foto de rigor, la barrita de cereales y los tragos de agua, reanudábamos el paso. Lo extraño es que seguíamos caminando a toda virgen. No parábamos de adelantar a gente y parecía que estos chamacos no se cansaban nunca. En un pis-plas, estábamos ya casi en el refugio de Serradets, y, sin duda, teníamos unas vistas maravillosas.


Ascensión a la Brecha de Roldán

Desde el mismo refugio, parecía que se complicaba la ascensiónun inmenso nevero se situaba ante nosotros. No se imaginan cómo resbalaba eso. Menos mal que Pibe llevaba bastón y eso le sustentaba un poco.


Composición con la Brecha de Roldán al fondo

La brecha de Roldán, aquella que tantas ganas teníamos de pasar estaba antes nuestros maravillados ojos. Llegábamos a ella con bastante antelación sobre el horario previsto, así que estábamos felices del buen ritmo marcado. Ya sólo quedaba el último tramo: la ascensión al Pico.


De la brecha hacia el punto de ascenso, nos encontramos con estos escaladores

Al ver la subida, empinadita ella, los ánimos se desinflaron; no obstante, éramos conscientes de que ya habíamos pasado lo peor. Sacamos fuerzas y, ¡tira pa'lante! Subíamos y subíamos, adelantando a to' quisqui. El ritmo seguía siendo fortísimo. Por fin, llegábamos a la cumbre. Miramos el reloj y... ¡tan sólo 3 horas 50 minutos! No podíamos creerlo, habíamos llegado con casi dos horas de antelación con respecto a lo que marcaba la revista (5 h 45 min.).


Éste soy yo en el Pico. Al fondo, Monte Perdido

Nos sentamos, nos hicimos las foticos, los dos tarados grabaron su vídeo bailongo, comimos, observamos el bello paisaje, mandamos mensajes con el móvil... ¡era nuestro primer tres mil y había que disfrutarlo!


Desde la Brecha, La Torre tiene este impresionante aspecto

El descenso fue más de lo mismo. Al final, como suele ser costumbre, acabamos corriendo. Cuco, por delante; Pibe, persiguiéndole blandiendo el bastón para pegarle, y yo muerto de la risa ante tan extravagante escena.

El baño en las pozas fue colosal. Nos daba media vida. La jarra de cerveza con limón y las aceitunas, la otra media.

lunes, 7 de julio de 2008

Vacaciones

¡Por fin! Ya se puede decir que estoy de vacaciones. Sinceramente, las necesitaba. Un año, de nuevo, demasiado agotador, con mucho desgaste físico y mental. Por lo pronto, ya sé que este período estival me depara un par dosis de Pirineos Sur, un viaje a Italia y, lo más importante, una refrescante desconexión. Y después de los días vacacionales, senderismo pirenáico de fin de semana, algún viajecillo (quizás a Alicante -aunque en Agosto ellos/as vienen para aquí-) y un poquito de estudio para finiquitar la carrera. Y si la termino... ¡las prácticas! ¡Uy! Pero eso queda muy lejos.

Espero poder seguir actualizando más o menos diariamente, aunque soy consciente de que será un chipitín más difícil.

jueves, 13 de marzo de 2008

La Magia de Viajar: Pirineos Sur


Ya comenté en su momento que había estado, el veranito pasado, en Pirineos Sur. Pero, lo que no sabía es que nos habían grabado en Aragón Televisión (¿así se llama?), y que salía (junto con Mariachi), caminando por los tendereles, en el programa La magia de viajar. No hay nada como poder capturar imágenes...

Ya tengo ganas de que sea Julio otra vez ¡Yiiiiiihaaaaaa!

jueves, 27 de diciembre de 2007

Ibort: Celebración del Solsticio de Invierno


Mapa con la ubicación de Ibort

El viaje a Ibort era esperado. Carmen, con gran detallismo y ánimo, se había encargado de organizar y movilizar a un gran número de personas para celebrar juntos el Solsticio y la llegada del Invierno. Sí, el fin de semana del 22 y 23 de Septiembre, íbamos a reunirnos para rendir homenaje al día más corto (o la noche más larga) del año (justo, justito, el 21) y la intención era hacerlo por todo lo alto. La empresa consistía en unirnos todos/as en el albergue y que cada uno aportase aquello que pudiera. Algunos/as, subieron ya el Viernes por la noche; los más, el Sábado de mañanita y tarde, y nosotros (Cuco, Gazpacho, Cristina y yo), ese mismo Sábado, pero ya de noche (es lo que tiene mi curro, que se trabaja los Sábados y se sale a las 20.15). Difícil resultaba contar cuántos/as nos habíamos reunido, pero después de visualizarla foto de grupo, puedo asegurar que éramos 24.

El albergue. Éste era nuestro punto de encuentro

Al llegar, la gente ya había cenado, así que para nosotros estaba lo que habíamos llevado y lo que había sobrado ¡bendita longaniza! Con el ágape terminado y nada más recoger y limpiar, empezaban a sonar los primeros sonidos rítmicos de la noche. David, Javi y Sergio (creo que era él, pero no recuerdo muy bien), hacía temblar los cajones; Pepín, amenizaba con la dulzaina y, luego, la gaita; Scotty, acompañaba con la guitarra… También hubo dance: Carmen, Cuco, Belén, Jessi, Pilar y ¿? conformaban las parejas. La fiesta comenzaba bien, la fiesta prometía… Poco a poco, la música tomaba otros derroteros, y la gente, se iba animando más, y más, y yo estaba tan a gustito…


Mi función era la de “pinchadiscos” para la fiesta en la iglesia; pero, al final no se llevó a cabo. Primero problemas técnicos; luego, ausencia de gente; finalmente, cansancio corporal por mi parte. No obstante, surgió mi nuevo cargo: monitor-shaman del evento. Así que distribuí al personal, se formaron pequeños grupos de compartición y, como un pequeño gurú, entregué una de las llaves maestras (que no la única), para llevar a cabo una dinámica de grupo de regocijo y expansión. Música de fondo, una gente cojonutta y un ambiente festivalero que te mueres: todo estaba preparado para el estallido de la diversión.

Yo tengo un problema con la risa, y es que, cuando empiezo, no puedo parar. Las primeras carcajadas, empezaron, más o menos, sobre las 23.30. La culpa fue, sin duda alguna, de la historia del hombre que se había convertido en un ser azul. Cuco empezó a narrar la noticia que había leído en El País, y era tan marciana que a mí me entró la risa floja; de ahí a la carcajada; seguidamente, al total desparrame. Desde entonces, hasta las 4.30, no pude parar. Tan solo el sueño me permitió descansar, pues a la mañana siguiente, por mucho que lo intentara, tampoco la podía atajar. Bien, como iba contando, el ambiente era propicio para pasar una velada estupenda. El albergue era acogedor, la gente ya estaba animadísima: ya estábamos preparados para iniciar la fiesta en otro espacio, en otro lugar: la iglesia.

Si hay una imagen que resume mi estancia en Ibort es ésta. Diversión y muchas, muchas risas.

En ella, hacía frío; pero, estábamos abrigados y con ganas de baile. Lo malo: había que montar el equipo. Los esfuerzos de Scotty eran en vano. En la iglesia, apenas quedábamos cinco, pues la hoguera daba calor en la gélida noche de Invierno. Yo también marché a la hoguera. Sergio también se adentró en la iglesia en busca de una solución. No sé en qué momento, empezó a sonar la música: Karamelo Santo como homenaje a este que escribe (gracias, Jessi). Por fin había música, pero la gente estaba dispersa. Unos/as, en la iglesia; otros/as, en la hoguera; el resto, en el albergue de fiesta. Y, al mismo tiempo, gente que iba y venía.

Yo era E.T. y me dejaban ser terrícola. Yo era un extraterrestre que reía y reía. Bueno, carajo, reíamos todos/as. Estábamos alegres y estábamos celebrando. Javi el del continuo espasmo, en un momento dado, se marcó “su break en un metro” y casi me muero. Si alguien nos cose, convirtiéndonos en forzados siameses risueños, nos hace la chingada del siglo: morimos seguro, porque con tanta risa no hay quien aguante más días.

Del fuego a la piltra. Mi cuerpo no da más de sí. Llevo demasiado trajín desde el Jueves con tanto trabajo. Entre el Calaveras y mi curro en El Dado, apenas había dormido siete horas entre los dos días anteriores, así que el agotamiento llama a mi cuerpo mermado. Llego al albergue, donde hay un porrón de gente. Me despido, la camita está tan cerca… El saco me da su calor y, poco a poco, mi cuerpo se va relajando. Pero, no, no era el final. Entran Cuco y Gazpacho, con la juerga debajo del brazo, y nos convertimos en border line y también, en mi caso, en oruga o gusano. Otra vez las risas, mi cuerpo convulsionado…

Amanece. Desayuno copioso entre zumos, café, magdalenas, valencianas y chocolate. Hay que reponer fuerzas, pues Cuco y Gazpacho ya están preparando los arcos. Vamos a la explanada, justito allá abajo. Una caja de cartón, una de zumo, y comienza el tiro con arco. Probamos casi todos/as, incluso algún/a niño/a del pueblo. Eso sí, darle al blanco es más difícil incluso de lo que había pensado…

Javi es enseñado por Cuco a manejar el arco. Al fondo, Pepín también hace sus pinitos.

En la iglesia, Cuco y yo escalamos un rato. Bueno, Cuco, más o menos, escala; yo asciendo, a duras penas, por el rocódromo. Eso sí, en la pared más fácil llego hasta arriba del todo…

¡Ese pedazo de Cuco escalando!

Del arco, pasamos a las cariocas. Mare mía que difícil es mover bien estos artilugios circenses. Hago mis pinitos, con mucha más pena que gloria, en el mundo de los malabares…

Soy realmente pésimo dándole rulo a las cariocas

Pepín coge la gaita. Carmen, Belén, Pilar y Jessi, empiezan el paloteao. Pronto se animan, Javier y Jorge y, al rato, este pequeño Pibe también le dará a los palos. Aquí, sí que soy un crack. Pillo el ritmo y el movimiento de brazos a la primera. Era una pieza fácil, pero para ser mi segunda vez… y la primera fue con palillos chinos y en cinco minutos de curso de monitor loco.

Pepín, tocando. Al dance, Carmen, Pilar, Jessi y Belén. Atentos al baile, allá al fondo, Gazpacho y David

Aprovechada la mañanita, llega la comunitaria comida. El menú: Cocido español como plato fuerte; además, longaniza y morcilla a la brasa, ensaladitas, queso, fuet, chorizo… Un sin fin de alimentos para dejarnos llenos. También está la opción de comer entrañas de niños, pero al enterarse de mi presencia, están todos bien recogidos. De postre, naranja y, como sigo riendo, me cuesta una eternidad terminarla.

Llega la peor hora, la de recoger y la despedida. La foto obligada de toda la expedición será el único momento que estamos todos/as juntos/as. Cada uno/a a su coche o a su furgoneta, y la carretera nos llevará a Caspe y a Zaragoza… Al menos, nosotros, hicimos parada en Huesca, que retrasa un poco el adiós y la llegada a la urbe en que ya se respira el aire de fiestas.

La fotico de grupo antes de la despedida (imagen cedida por Jessi)

En fin, hasta aquí mi visión de la estancia en Ibort. Ahora, espero impaciente los textos y fotos de Carmeneta y Scotty, así como las fotos y videos de Jessi, que pueden ser ¡brutales!

Gracias a todos/as por hacerme pasar un fin de semana tan estupendo. Y, sobre todo, a Carmencita, por encargarse de organizar todo con tanto esmero. Un besazo quillos/as.

domingo, 25 de noviembre de 2007

lunes, 22 de octubre de 2007

Excursión: Bujaruelo - Ordiso

Domingo. Tocaba una nueva excursión pirenaica. Esta vez era una salida “dominguera”, de esas cuyo itinerario es muy, pero que muy, suave. Vamos, un paseo “para toda la familia”, asequible incluso para aquellos/as que no están acostumbrados a caminar por el monte. Y, como suele ser costumbre, la planificación a última hora: el sábado por la noche.

Bajaba la persiana del Calaveras y Diablitos a las cuatro cuarenta de la madrugada, y la salida era a las ocho y cuarto de la mañana. Caminar sin dormir es bastante cansado y, sin embargo, en lugar de conciliarme rápidamente con el sueño, prefería ir a bañarme en un precioso lago de mansas aguas termales. Así que marché hasta él (o quizás fue su llamada la que me atrajo y me hipnotizó), allá, en un pequeño claro de un frondoso bosque no muy lejano. La luna, de color amarillento, iluminaba gran parte de su superficie. Me desnudé y comencé a nadar dulcemente, oculto, en parte, por aquella característica cortina de vapor que irradia el calor de las aguas en contacto con la fría noche otoñal. Me dejé llevar, accedí a que mi cuerpo sintiese las caricias de las olas propiciadas por el movimiento de los peces, de los juncos, del suave viento que reinaba esa noche en el Valle del Ebro. El lago cada vez proporcionaba más calor, así que decidí profundizar, bucear, dejar que sus aguas arropasen todo mi cuerpo…

Cuco, Carmen, Javier, Jorge y Belén: mis compinches de excursión.

El despertador, estridente en su sonar, acababa con mi escasa hora de sueño. Preparé la mochila con premura y me dirigí a nuestro sitio de encuentro. Con un poco de retraso, Cuquito y yo llegamos a casa de Carmen, donde Belén (y sus tripas revueltas), Javier y Jorge nos dieron un buen recibimiento. El pan, en Lanave y, en Torla, nos vemos. Y allá, en la rotonda, los coches parados, el frío en los cuerpos y quietos, nosotros, los vemos corriendo. Al fin, nos permiten el paso y, en la mesa de avituallamiento, nos dan trozos de plátanos que habían sobrado.

Camping San Nicolás de Bujaruelo, inicio de la excursión.

Desde San Nicolás de Bujaruelo, iniciamos la marcha a ritmo tranquilo. Las pozas nos atraen, pero el frío, presente, merma las ganas de un baño matutino. Los colores, amarillos, rojizos, anaranjados y verdes son un inmenso placer para la vista. Falta humedad, un verde más intenso. Mas es la fecha adecuada y el Otoño se nos presenta, con su majestuosa belleza de cálidos tonos, en su caducifolia existencia.

Refugio de pastores en el Valle de Ordiso. Es la meta, lugar donde comimos y dormimos la siesta.

Ordiso es la meta. Allá, los más rápidos esperamos. Los torsos desnudos reciben y se cargan de la energía del dios Sol. El sonido del agua nos conduce a su orilla, donde la comida saciará nuestro hambriento estado. Relajación sobre las frescas rocas y el sueño que se nos lleva. Marrones y grandes se nos acercan. Quieren su sitio, es obvio, así que decidimos volver a ceder el terreno a aquellas vacas que habían visto perturbada su tranquilidad por nosotros, los fugaces inquilinos.

Estos son los bellos colores que ofrece el Otoño en los bosques caducifolios del Pirineo

De la locura, salen monos y gallinas. Carreras y risas aportan ininteligibles dibujos en mi piel y en la de Cuco. De la calma, salen caminos en los que la reflexión y los pensamientos acompañan los pasos. De la locura, salen pechos desnudos, imaginarios robos de cámaras y vídeos dementes que muestran a Lucho. De la calma, salen planes cinéfilos que cierren el día para alargar nuestra compañía: La flaqueza del bolchevique.

Dibujos realizados sobre nuestra piel. Los trazos están realizados mientras descendemos a la carrera. Es decir, Cuco, mientras corría en el descenso intentaba dibujarse un mono (a la izquierda), y yo, una gallina (a la derecha).

Más imágenes en el space de Carmeneta

domingo, 16 de septiembre de 2007

Lucho sin Fronteras

Hola Chamaquitos. En esta ocasión aparezco en dos fotografías en los Pirineos:

en Puerto de la Pez


en Puerto Biello.

Ambos lugares son pasos fronterizos allá en los Pirineos. Mas, lo que me atrae es que no hay ninguna señal de esas que pone FRANCIA o ESPAÑA.


C'est à dire, que son los Pirineos, "separan" dos países, pero si no lo sabes ni te enteras. Allá estaba yo, en dos zonas de paso que unen, que facilitan el acceso, y daba igual al lado que mirase, no había diferencia: hermosas montañas, lindos ibones, amables humanos... Así, como a mí me gusta, en un mundo sin fronteras, donde la única diferencia era la lengua y, sin embargo, siempre acababas entendiéndote.

Gracias a Cuco y Pibe pude vivir esta experiencia.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Travesía: Gabardito - Lizara - Gabardito. Segunda etapa

Desayunamos temprano, a las 7:15. Durante éste, se nos unen el señor de nuestra habitación y la linda francesa ciclista de la noche anterior. Para nuestro gusto y panza, es escaso, pero es lo que hay, así que poco podemos hacer. Partimos y pronto, y aunque voy a ritmo lento, me alejo de Bea y Josepo. En seguida, cojo al hombre de nuestra habitación y hablo un ratillo con él, aunque también quedará detrás. Al llegar a un punto, decido ponerme la crema de protección solar y dejarla en medio del camino, junto con una nota, para Josepo y Bea. Es en este momento que el hombrecillo de la habitación vuelve a pasar a mi lado. Mientras me extiendo la crema y escribo la nota veo a Josepo a lo lejos, así que le espero: “Quillo, que me voy a ni ritmo. Nos vemos en el Collado de Secús”…

En este punto, aprovecho y me pongo la cremita


El hombre está lejos, pero al llegar a un refugio le alcanzo. Miro un poco más adelante y están los dos quillos del día anterior, así que apresuro la marcha y les saludo. Camino unos metros con ellos. Por desgracia ellos van hacia Estanés para dar un rodeo hasta llegar a Gabardito, así que no podré marchar con ellos. Sigo mi camino en soledad, así que decido que será bueno reconstruir los mojones que se han caído en esa noche de lluvias y tormentas. A pesar de ello, mi ritmo es rapidillo y llego al pie del Secús bastante pronto.

Sarrios posando


Allá, decido esperar al hombrecillo-compañero-de-habitación. Iniciamos juntos el ascenso, pero no aguanta mi ritmo… ¡Jolines! En un pis-pas llego al pico. Al ratillo, el quillo. Será él quien nos haga una foto a Luchito y a mí en el Puntal de Secús. Nos damos la mano: “Encantado de conocerte. Que vaya muy bien”. Un nuevo ser conocido por el mundo…

Con Lucho en el Puntal de Secús. Foto realizada por el compañero de habitación y de ruta


Desciendo y espero sentado la llegada de mis compinches de travesía. Al rato aparecen, pero he de bajar a buscarles porque no entienden lo que les digo a grito pelado. Así que, de nuevo, para arriba, aunque en este caso sólo hasta el Collado.

Josepo en la nieve...


Llegamos e iniciamos la bajada. La marcha es lenta, muy lenta, y aún así les saco distancia. A esa velocidad el itinerario marcado no termina nunca. Un porrón de marmotas, y una que me da un susto de espanto. Mi corazón, por los aires ¡Buf! Casi muero del susto, carajo. Josepo se ríe, y los tres seguimos avanzando. Yo voy por delante, marcando el camino, hasta que ya se ve claro: un sendero bien definido se divisa a lo lejos. Ya no hay pérdida, pienso, así que es la hora de coger mi ritmo. “Josepo, me marcho a mi ritmo, que yendo tan lento me canso mucho”.

Acelero, y pronto me alejo. Sigo solito, a toda velocidad. Al fin, Gabardito. Me siento a la sombra y, al rato, llega uno de los dos quillos que se dirigían a Estanés. Seguidamente, el otro. Otra vez la envidia, jajaja… ¡cervecita fresca! Pues nada, a leer se ha dicho. Las letras van entrando en mi cabeza y el tiempo pasa deprisa. Por fin, una hora más tarde (casi), llegan Josepo y Bea. Dos coca-colas y un agua de litro y medio. Descanso a la sombra y después para Hecho. Son las 18.30, a esa hora comemos. Es una pena, Zaragoza ya no está tan lejos…

Gracias, Josepo y Bea, porque fuisteis una compañía cojonutta ¡Anda que no noslo pasamos bien ni na’!”