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lunes, 8 de marzo de 2010

Las aventuras de Lucho: Cincomarzada en Siresa

Acá estoy yo, el pequeño Lucho, con las raquetas pa' caminar

Decidimos que sería buena idea pasar el puente de la cincomarzada fuera de Zaraguaya, así que había que buscar dónde carajo podíamos ir. Pibe se pidió un moscoso para el Sábado y así poder venir con nosotros, puesto que si no debería quedarse en la capital maña durante todo el largo fin de semana. Tras una nimia búsqueda por el Interné, pronto encontramos un alojamiento idóneo: el Albergue de Siresa. Sólo quedaba concretar la hora de salida para disfrutar de unos días juntos en los Pirineos.

La jornada prometía. Unos pepinillos en una terracita en Jaca donde el Sol nos daba su calorcito, la comida en el césped que rodea la Ciudadela y los ánimos en todos nosotros auguraban que los días festivos iban a ser estupendos. Sólo nos quedaba conseguir unas raquetas. Afortunadamente, la tienda de Guille nos daba la solución.

Pipando en La Ciudadela de Jaca

Nada más alquilar las raquetas, marchamos para Siresa, ese bonito pueblo situado en el Bal d'Echo. Todavía era Viernes, así que el primer día tocaba total y absoluta relajación. Instalarnos en la habitación fue lo primero. Después, un paseíco de rigor y, finalmente, me dispuse a observar cómo mis compinches, mientras nos tomábamos unos orujicos, jugaban al guiñote y, seguidamente, al futbolín.

Cenamos prontito y a ritmo de ska. Teníamos que madrugar, así que, tras informarnos un poco de nuestro itinerario del día siguiente, marchamos a dormitar.

La fotico que les hice a mis acompañantes: Sr. Joven, Cuco, Marta y Pibe

El desayuno, a las 07.30. La carretera, aproximadamente, una hora. El inicio de la caminata, por lo tanto, sobre las 09.30. Es lo que tiene ir de relax, que todo se hace más tranquilo y pausado. Partimos, los cinco, felices de estar caminando por la ribera del río Aragón Subordán. A medida que íbamos avanzando, la nieve iba haciendo acto de presencia. Al principio, un poco; luego, cada vez más... Obviamente, había llegado la hora de ponerse las raquetas.

Aguas Tuertas

Al llegar a Aguas Tuertas, divisamos un paisaje precioso. Caminábamos en una larga extensión blanca en la que los meandros iban apareciendo intermitentemente a nuestro paso. Cuco y el Señor Joven marcaban el paso, mientras que Pibe, Marta y servidor, íbamos, por lo general, más rezagados. Risas, chorradas varias y admiraciones ante la belleza del paisaje, llenaban nuestras conversaciones. Nieve, azulado cielo y discurrir del agua, llenaban nuestro paisaje. Sólo por disfrutar de esos momentos caminando, había merecido la pena nuestro viaje.

Marta, Cuco y el Sr. Joven, imitando el Abbey Road.

Regresamos prontito. A las 18.00 ya estábamos en Jaca. Había que devolver las raquetas; pero, nuestra mente, sobre todo, pensaba en tapitas y bebida bien fresca... ¡yuuuuum! Así que, nada más salir de la tienda de Guille, anduvimos por las calles de Jaca para adentrarnos en algún bar donde saciar nuestra necesidad culinaria.

Esa noche, tras la cena, marchamos a jugar al Uno. El Señor Joven nos dio una paliza soberana. Sin duda, fue la suerte del casi-principiante, jejejeje. Victoria del Madrid y decisión de ir a dormir. No madrugábamos mucho, mas el cuerpo necesitaba descansar.

San Pedro de Siresa

Ansó fue nuestro destino matinal. Recorrer sus calles y una tapita nunca viene nada mal, jejejeje. Por desgracia, allá, ya éramos conscientes de que nuestro viaje pronto llegaría a su final. Pero, bueno, aún nos quedaba tiempo para disfrutar. Aún nos quedaba la parada en Huesca para comer y el cafelito de rigor nada más llegar a nuestra ciudad.

Al llegar a casa, pensé lo bien que lo había pasado. Estos tipos están realmente majaras, la verdad. Ya tengo ganas de otra escapada...

martes, 22 de diciembre de 2009

Nieve

Ayer amaneció nevado en Zaraguaya. Es extraño, porque siempre que nieva en esta ciudad, dos pequeños seres se dedican a bailar... Si algún día los ves, sabrás que llevan un ritmo feliz.

miércoles, 1 de julio de 2009

Cómo celebrar un cumpleaños a lo grande: Ascensión al Balaitous

El súper equipo de montañeros locos que se juntó para la ascensión al Balaitus

Eran las 9:10 de la mañana. En la gasolinera de Repsol de la salida de Zaraguaya nos reuníamos ese dispar equipo que había decidido acometer la ascensión al Balaitus. Josepo me acababa de presentar a Félix; con Cuco, llegaban Marta e Isaac. Llevábamos todo el material preparado, a excepción de dos pares de crampones y dos mosquetones y dos ochos… Sallent sería el lugar para recoger esos necesarios utensilios, así como para ponernos como el Tenazas con aquellos alimentos que llevaba cada uno.

Después de comer ya sólo nos quedaba el último tramo en coche, hasta el embalse de la Sarra, para comenzar nuestra ascensión hacia el Refugio de Respomuso, quizás un poco más tarde de lo planeado. Por eso, al llegar, ya no teníamos agua caliente y, Marta y Pibe (los dos más valientes del grupo), se ducharon con la gélida agua pirenaica.

Un poquito antes de llegar al Refugio de Respomuso

Tras la cena, la sorpresa. Los chicos/as habían preparado una tarta en la cocina mientras Pibe se duchaba. Sobre un bizcocho, una capa de nocilla y su nombre, “Pibe”, escrito con Lacasitos. Además, un oso de regalo y, de parte de Marta, la camiseta más chula del Mundo Mundial. Realmente, le hizo más ilusión que a los de verdad… Por su parte, también había sorpresa: un pequeño presente para cada uno/a de aquellos/as que iban a compartir su día de cumpleaños ascendiendo al Balaitous. Era la noche previa al día señalado, mas era el momento de comenzar a celebrarlo.

Despertamos a las seis. Entre pitos y flautas, de nuevo, se nos hacía más tarde de lo previsto, pues no comenzábamos la ascensión hasta casi las 8. En esos momentos, nos daba un poco igual. Estábamos contentos de estar allá, a puntito de acometer ese apetecible pico. Para Marta era su primer pico, así que su bautizo iba a ser por todo lo alto. Además, al igual que Pibe, ella nunca había rapelado. Para Cuco era su tercer intento. Nunca había ido con material y, además, siempre había comenzado desde la Sarra. Para Isaac era su primer 3000. Josepo tenía sus dudas y Félix, el más experimentado, sabía que no iba a estar “chupado”.

Ascendiendo. El Refugio queda allá abajo...

Iniciamos la marcha con un fuerte desnivel. Cada uno va a su ritmo, aunque intentando no perder contacto visual los unos con los otros. Yo voy con Pibe, casi siempre detrás de Cuco que es quien lleva la delantera durante todo el trayecto.

Cuco esperando... ni se da cuenta de la foto, jejejeje.

El ritmo no es rápido, por lo que Pibe se encuentra bastante descansado. Llegamos a los primeros neveros y, allá, todavía no hace falta piolet, ni crampones, ni na’ de na’. Me hace gracias ir con Pibe, pues por no llevar, no lleva ni bastones, así que en tramos de nieve un poco más inclinados corretea porque así es más difícil que resbale y se dé de morros con la nieve.

En el "islote" previo a la ascensión de La Brecha de Latour. ¡A ponerse los crampones!

Nos juntamos todos/as en una roca. Allá, me entero de que Marta, debido a sus gafas “fassion” (que le ha dejado el Pibe), ha pasado de ser “Martita Seis Dedos” a ser “Willy Wonka”. Desde allá divisamos la Brecha de Latour, así que aprovechamos para tomar un poquito de alimento (Lacasitos, barrita de cereales y frutos secos) y calzarnos los crampones. Tomamos la ladera y caminamos, en una pronunciada subida, hacia la brecha. Al llegar, hemos de esperar un largo rato. Tenemos gente delante y se ha formado cierto atasco. Allá es donde encontramos la mayor dificultad de toda la ascensión: un resalte de una roca de algo más de dos metros y con malos agarres para pies y manos. Pibe, Marta y Josepo, son ayudados por Cuco a subir. Allá se pasa un poco mal, puesto que cuesta pasar ese punto y, al mismo tiempo, no paran de caer piedras, tanto de aquellos/as que bajan caminando, como de aquellos/as que lo hacen rapelando. Menos mal que Josepo e Isaac llevan casco, que si no alguna cuquera se habría formado…

Tras haber pasado todos, comienza la trepada. Primero por clavijas y, luego, ya buscando los agarres adecuados. Afortunadamente, las presas (aunque con alguna piedra traidora suelta), son buenas tanto para pies como para manos. Superada la brecha, por fin vemos la cima, allá al fondo, con su horrible pirámide de hierros coronándola. Descendemos un chipitín y, de nuevo, descansamos.

Ya sólo queda el último tramo. Y otra vez los crampones

Comentamos la subida y, ya un poco más aliviados, somos conscientes de que ya lo hemos logrado. Volvemos a calzarnos los crampones e iniciamos una ascensión diagonal por la nieve hacia la cima deseada. Allá, después de unas 5 horas (no hemos de olvidar el atasco sufrido, así como el mucho tiempo que nos llevó subir el dichoso resalte), los siete hemos llegado.

Cuco, Marta y Pibe en la cima.

Nos abrazamos todos/as.; se le felicita, de nuevo, a Pibe el cumpleaños; nos hacemos fotos; bailamos; comemos un trozo de brazo gitano que había comprado el cumpleañero a modo de tarta (que, con rima y todo, la había llevado Marta)… estamos contentos ¡Sí, lo habíamos logrado!

Preparándonos para seguir el descenso. ¡Otra vez los dichosos crampones!

Al poco rato, descendemos. El mismo caminito, pero a la inversa, hasta llegar a la brecha. Allá, toca rapelar, así que nos ponemos los arneses y Félix prepara la cuerda. Sin embargo, aún no la íbamos a utilizar, porque aprovecharíamos aquella que unos quillos llevaban consigo y, así, seguidamente poder utilizar, ellos también la nuestra. Con los dos primeros rapeles, ningún problema. Pero, con el tercero, la espera (por atasco de nuevo) es demasiado larga. El cansancio y el hambre empieza a reflejarse en las caras; pero, no es lo peor… De repente, caen piedras. Una choca directamente en la mano de Pibe. Afortunadamente, la sangre hace presencia, lo que evita empezar a ver una mano totalmente hinchada y morada. Un ¡Plac! suena fuerte… Afortunadamente, Isaac lleva casco, sino la brecha en la cabeza habría sido más que notable.

Entre las piedras que caen, el hambre, el cansancio, la espera, el deseo de realizar el tercer y último rápel del descenso es más que justificado.

Tercero y último. Éste sí que es un rápel, y no el tipo raruno ese de la sotana y las gafas al revés.

Por fin, bajamos, y como siguen cayendo piedras, a medida que cada uno/a llega, se calza los crampones y se pone en marcha. La nieve y las grandes rocas hacen el descenso un poco más pesado. De repente, oímos gritos. A lo lejos, dos quillos, de pie en una inmensa roca rodeada de nieve por todos lados, parecen mover sus brazos. Creemos, entonces, que algo ha pasado. El vuelo de un helicóptero parece indicar que algún tercer montañero se ha despeñado.

El no haber comido pasa factura y a la Willy Wonka montañera le da una pájara del carajo. Finalmente, nos juntamos todos/as en el Refugio. Por fin comemos, pues ya era bendita la hora de poder alimentarnos bien y recuperar parte de las energías gastadas durante toda la jornada montañera. Recuperamos nuestros mochilones y seguimos el descenso. Cuco y Josepo por delante. Isaac, Pibe y yo, en medio. Y Martita y Félix cerrando el grupo. Se nos ha hecho muy tarde. No nos juntamos todos/as en la Sarra hasta pasadas las 10 de la noche. Pibe ha encendido el móvil. Tiene un porrón de mensajes y de llamadas con la intención de felicitarle. Son sus compinches, aunque no todos/as se han acordado.

El refugio queda atrás mientras nos alejamos lentamente de él.

Desde el descanso que me ofrece su la mochila observo cómo transcurre el momento de montarse en los coches y, por tanto, de las despedidas. Todos se van abrazando y deciden que quedarán para hacer intercambio de fotos. Félix tiene abundante material de los diferentes rapeles realizados. Isaac, seguramente, un porrón de paisajes. Pibe, las fotos que le sirven para su “Senderismo para toda la Galaxia”. Josepo, también había llevado su cámara… Un CD con todo ese material tendrá que ser conformado. Con Cuco al volante, Pibe de copiloto y Marta detrás en estado de somnolencia, repaso mentalmente lo maravilloso que ha sido el fin de semana… Me interrumpe una llamada. Veo a Pibe emocionado. Es su familia, de Colombia, que lo ha llamado.

-“Por cierto, Pibe, ¿quieres poner algo?”

- “Pues claro, Lucho, aunque sea unas líneas”

Seré breve, porque Lucho ha metido acá una pedazo crónica pa’ fliparlo. No obstante, no puedo dejar esta entrada así, sin ofrecer mi más sincero agradecimiento a mis compañeros/as de ascensión al Balaitous. A Félix, por su carisma, por sus reverencias ante el baile, por sus explicaciones y cuidados. A Josepo, por su simpatía, por su sencillez y su alegría osezna. A Isaac, por su compañerismo, por compartir sus experiencias, por disfrutar también con nuestras majaderías. A Cuco, por ser, una vez más, mi compañero de fatigas, por su amistad, por su continua ayuda. A Marta, por querer celebrar conmigo este día y, para ello, como una auténtica campeona, subir semejante pico y compartir, así, momentos importantes de mi vida. A ti, Lucho, porque siempre me acompañas y, además, porque luego escribes semejantes parrafadas. Vamos, todos/as ellos/as por haberme ayudado a celebrar, allá a 3.151 mts. de altura este cumpleaños que queda en mi cabeza como un maravilloso día.

Jo, y además, he de dar las gracias a todos/as los/as que me llamaron y mensajearon, porque encender el móvil y ver tantos mensajes y llamadas, o encender el ordenador y ver el Facebook lleno de comentarios jubilosos, me hizo más ilusión que a los de verdad. ¡Son ustedes muy grandes! Y por eso les quiero a todos/as.

¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!

viernes, 9 de enero de 2009

Nieve



Hoy, nieva en Zaragoza.

Me he comprado un gato chino de la fortuna para ver si me da suerte.

Le he pedido un deseo a la nieve, para ver si se me cumple.