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viernes, 12 de agosto de 2011

Nos vamos...

Imagen extraída de: http://elhumordejulio.blogspot.com/

... ¡a mi querida Colombia!
Así que, como bien señala Bart, no deberé actualizar el Blog hasta nuestro regreso.

¡Y el montón de cosas que tendré que contar! Libretita, fotos y más material, para poder reconstruir este deseado viaje que nos vamos a dar.

Pásenlo rebueno estos días. En Septiembre retomaremos la actividad con nueva pista del concurso, que aún no hay acertante...

domingo, 27 de febrero de 2011

Síiiiii, Colombia ya está aquí

Hoy estoy pletórico, alegre, lleno de entusiasmo, de ilusión y de colorido. Vamos, que no quepo en mí de gozo. Y es que ya los tenemos casi, casi, en nuestro poder. Sólo nos queda la definitiva confirmación; pero, en mi "correo eléctrico" está ya esa reserva que nos va a llevar para allá. Será en Agosto cuando Martita y servidor cojamos un avión que nos lleve hasta mi querida Colombia. ¡Buf! Es tan maravilloso... ¡Aaaaahhh, no puedo más! Jajajajaja.

Les dejo con un temiqui de Systema Solar, para que lo escuchen, lo vean y no puedan parar de rumbear:



domingo, 2 de enero de 2011

Villalengua

Vista de Villalengua.

Aprovechando que todavía tenía vacances, marchamos a Villalengua (pueblo del Sr. Joven), el Miércoles por la mañana. Íbamos a pasar allá un par de días y, así, el Viernes poder estar ya acá para los preparativos de la Nochevieja. La tripulación estaba compuesta por el Sr. Joven, sus papis, "Paulita Tucatán" y servidor. El plan era el siguiente: descansar y relajar el cuerpo lejos de la urbe. Con tan maravilloso y grandioso propósito es imposible no disfrutar, y más si te encuentras con tantísima hospitalidad. La estancia allá podría resumirse de este modo:

Recogimos olivicas para hacer aceite.

Divisamos una puesta de Sol de hermosos y rojizos colores.

Comimos, merendamos, cenamos y tuvimos hasta cuatro sesiones cinematográficas al calor de la chimenea.

Visitamos el huertico y el corral.

Dimos algún que otro paseíco rumbero.

Fueron dos días fantásticos. Una penica que no pudiera venir Marta, porque la echamos de menos y sé que le habría encantado estar allá con nosotros. Pero, bueno, repetiremos... ¡Si nos deja el Chupacabras!

martes, 14 de diciembre de 2010

Vacaciones hibernales

Por fin, estoy de vacaciones. Tras tres meses de auténtica locura, necesitaba parar y tomarme un descanso. Disfrutar todavía más de mí y de quienes me rodean sin la premura de tener que acudir a la labora o a mi casa a seguir haciendo cosas... Estoy de vacances y siento que mi cuerpo se relaja y comienza a descansar.

Me encantaría tener vacaciones toda la vida y dedicarme, simplemente, a estar por acá, por el Mundo. Les aseguro que no me aburriría...

domingo, 3 de octubre de 2010

Sintra

Vista de Sintra

Agosto, día 16

Amanecemos pronto para poder ir a Sintra, esa villa que destaca, entre la mayoría de la gente, por su belleza. "Os encantará", nos repetían, una y otra vez, todas las personas que por allá habían estado.

Palacio Nacional

Al llegar, observamos el hermoso enclave en que se encuentra. Sita en los pies de una montañita coronada por su castillo, la vegetación rodea su casco antiguo. Mas, una vez que llegamos al centro, comenzamos a ver demasiadas pegas:

1) Los coches. Es demencial que no puedas caminar con tranquilidad por sus calles y alrededores. Hay lugares (muchos, por cierto), donde sólo hay calzada y ni rastro de aceras. Un pueblo considerado Patrimonio de la humanidad que dé preferencia a los coches en detrimento del peatón, dice mucho de dónde carajo está su interés.

Fuente hortera I

2) La cantidad ingente de personas. Agobia un poco que haya tantas personas por todos lados. Sí, es inevitable; pero cansa...

Fuente hortera II

3) Las fachadas y adornos horteras. Colores y acabados de mal gusto. Pequeños castillos de cuento a gran escala destrozan visualmente un conjunto que merece la pena recorrer. Lo malo es que lo hortera vence y es lo que se va quedando en la retina.

Hortera como una calavera...

Al finalizar la jornada, Sintra se convirtió en sinónimo de decepción. Y más si se tiene en cuenta que hay edificios realmente elegantes y bonitos muy deteriorados y dejados al abandono. Imagínense lo poco que nos gustó, que nos marchamos un par de horas antes de lo esperado.

Uno de los bonitos rincones de Sintra

sábado, 25 de septiembre de 2010

Lisboa

Recorrido en tren de Faro a Lisboa

Agosto, día 13:

La llegada a Lisboa fue terrible. Nuestra calle no aparecía en ningún plano, la Oficina de Turismo estaba cerrada y el calor se veía acentuado por el peso de nuestras mochilas. Menos mal que, preguntando, se llega a todos los lados, así que no tardamos en legar a nuestro destino.

¡Estamos perdidos! ¡Horror!

Hay una extraña costumbre entre la gente de Portugal que me parece realmente curiosa. Cuando preguntas por algún sitio, tal y como te lo indican, parece que va a estar en el quinto pino, por allá bien lejos... de manera que todo parece estar mucho más lejos:

- "Siempre de frente, siempre de frente..." Aunque apenas sean veinte metros.

Lo bueno es que, cuando pillas el tranquillo, no desespera tanto el legar a los lugares que buscas.

Vista desde la Praça do comércio. Miles de peces se amontonan en el muro y escuálidos perros se acercan a las orillas del río en busca de comida.

Agosto, día 14:

Es el día destinado a la Alfama.

Una de las entradas a la Alfama

Nos dejamos llevar y recorremos las calles de ese barrio que parece anclado en el pasado. Cuesta arriba, cuesta abajo, nos perdemos por sus bonitos rincones y disfrutamos de sus quiebros, de sus colores, de la tranquilidad que ofrece. Subimos, bajamos, y volvemos a subir. LLegamos al mirador y, allá, nos encontramos a Manu. Los tranvías pasan atestados de turistas que, como sardinas, miran con una mezcla de fascinación, por lo que divisan, y de deseo, por bajar y poder estirar sus cuerpos y sentir de nuevo su espacio vital. Sin duda, es hora de volver a nuestras callecitas.

Calle empinada, tranvía, Sol de justicia... ¡Lisboa en Verano!

Después de la comida, dirigimos nuestros pasos hacia el Castelo de São Jorge, sito en un barrio muy bonito pero abarrotado de gente. El agobio de ver tanta gente, el precio y la extensa fila, serán suficientes para decidir que marchamos hacia otros lugares. Lugares recorridos por callejuelas, por lavanderías que ya están cerradas, por interminables cuestas, por plazas verdes y extensos jardines, por exageradas indicaciones para llegar a nuestros destinos. Terminamos el día agotados. Había sido un día duro para nuestros pies y nuestras piernas.

Casa Fernando Pessoa

Agosto, día 15:
Iniciamos la jornada con un pequeño percance. En nuestra habitación hay una extraña maquinaria que permite hacer uso del lavabo. Ésta une lavabo y bidé y, en teoría (no sabemos por qué), hay que desenchufarla por las noches. Así que, mientras Marta se lava las manos para ponerse las lentillas, el agua comienza a salir a chorros de la maquina. ¡Inundación! ¡Inundación! Un charco comienza a extenderse por la habitación. Desenchufamos la máquina y marcho, sigiloso, al baño a por papel higiénico. Con éste y unos periódicos, conseguimos secarlo. ¡Madre! La que habíamos armado...

Camerino. En el interior del Museo del Teatro

Tomamos el metro y marchamos a las afueras de Lisboa. Allá se encuentra el Museo del Teatro, que no salía ni en nuestra guía. La verdad es que tampoco la utilizábamos para mucho y, cuando íbamos a echar mano de ella, apenas nos solucionaba nada. Pero, a lo que iba. Marchamos al Museo del Teatro y salimos encantados, pues es pequeñico y una auténtica cucadica. ¡Y la tienda! Lo de la tienda no tiene nombre... allí enloquecemos y nos llevamos de todo.

A Belem se llega en tren. Recorremos mínimamente el barrio y vamos hasta la famosa torre que Marta pintó cuando era pequeña. Esa es la razón de mayor peso para ir hasta ese enclave de la ciudad un poco más alejado. El jazz suena de fondo. El Sol cae con fuerza sobre nuestras cabezas y acentúa las sombras de la Torre de Belem. Es hora de volver a nuestros aposentos a descansar un poco.

La famosa Torre de Belem

Volvemos a terminar la jornada agotados. El Sol, las caminatas, el calor, nos dejan exhaustos. En estas condiciones, replantearnos el viaje a Sintra (no pueden, tal y como habíamos planeado, guardarnos las mochilas en la residencia), es menos apasionante. Pero, bueno, no nos dejamos vencer por las situaciones intempestivas y, enseguida, en nuestras mentes está solucionado. Tan sólo, habrá que madrugar más de lo esperado, así que nos echaremos a dormir pronto. Sintra nos espera; pero, eso será otro día.

Para refrescarse, después de una jornada pateando la ciudad, qué mejor que una Sagres...

domingo, 12 de septiembre de 2010

Faro

Vista de Faro

Faro fue uno de esos lugares mágicos de nuestro viaje. Iba a ser nuestro "campamento base" en el Algarve y de allá nos moveríamos a diferentes puntos. En Faro, tuvimos varios momentos que recordamos con alegría, nostalgia y emoción. Es extraño que a la gente no le suela gustar esta población. Sinceramente, no logramos entenderlo. Quizás es que nos conformamos con poco. Quizás es que descubrimos un Faro al que muchas personas no suelen llegar. Quizás la paz y tranquilidad de esos días nos produjo un estado de ensueño que nos hizo percibir todo con otros ojos. Pero, de lo que no hay duda es de que, algún día, hemos de volver.

Día 10 de Agosto

Nuestra primera emoción llegó al entrar en nuestra habitación en el Hostal Dandy, una auténtica cucadica. Era una pequeña estancia de aspecto muy tradicional, bastante sobria y con unas pequeñas lamparitas la mar de monas. Fuera, se situaba el baño (compartido) y una terracita comunitaria, lugar donde conoceríamos, más adelante, a un par de compinches (él de Canarias y ella de Francia), que viajaban juntos.

La habitación de El Dandy

Con la primera vuelta que dimos nos enamoramos de Faro y de "nuestra casita". El color blanco domina esta población, así como las casitas de dos o tres plantas. El Casco Histórico es precioso, con rincones que pueden atrapar a cualquiera. Estábamos en una ciudad tan bonita y una habitación tan acogedora... Pero, aún quedaba de lo mejorcito por llegar.

Esa misma noche, la de nuestra llegada, nos fuimos por ahí a cenar. Tuvimos la suerte de acabar en "la casa" de Nina. Esta mujer, que se encargaba de la cocina era un encanto. Sonriente, humilde, atenta, nos explica todo con esmero y se preocupaba por nuestro bienestar en "su casa", Sin duda, para nosotros, habíamos descubierto el mejor restaurante de Faro. Ya sabíamos, en ese mismito momento, que volveríamos a cenar otro día. Ya sabíamos y teníamos claro que le haríamos un pequeño regalo.

Día 11 de Agosto

Jornada en Albufeira, población que, para nosotros, fue una gran decepción. A pesar de pasar un día estupendo de relax en la praia, nos quedamos con la sensación de que es un poco como Benidorm, pero sin rascacielos. Muchos turistas y hoteles modernetes y grandes próximos a las cercanías de la praia y un sinfín de terrazas llenas de guiris tomando cervejas, tapitas y refrescos. Eso sí, estuvimos divinamente tomando el sol, bañándonos y caminando a orillas del mar. Una buena manera, sin duda, de recargar pilas.

Nuestro regreso a Faro viene marcado por la parada en la terraza de la Taberna Sta. Maria. Allá, encontramos a otro de esos seres que se hacen partícipes de nuestros días viajeros. Era una mujer la mar de pizpireta. Alegre, divertida, conversadora, mostraba un especial cariño con Marta. Yo estaba convencido de que, de permanecer un ratico más allá, la rapta y se la lleva como "nieta preferida".

"Soy tu poni robot, pequeño poni robot"

Día 12 de Agosto

Estación de Tavira

Viaje gratis para Marta en el comboio hasta Tavira. Es el día de la Juventude y, por lo tanto, no tiene que pagar.


Tavira es un sitio precioso, lleno de casitas blancas de tejados biselados. Allá compraremos las postales que regalaremos a las dos mujercicas que tan dulcemente nos habían atendido y tratado en Faro. Eran flores como soles sonrientes.

Vista de Tavira

Ya en Faro, diccionario en mano, nos envalentonamos y las escribimos en portugués. Seguramente, tendrían sus fallos; pero, quedamos satisfechos con el resultado después de hacer el esfuerzo. Marchamos a cenar al bar donde trabajaba Nina. Justo antes de despedirnos, le entregamos la postal, convirtiendo esa situación en un momento realmente emotivo. A medida que iba leyendo, Nina iba asimilando lo que leía y la ilusión iba creciendo. Tras darnos dos besos, mientras agitaba la mano, nos invitó a volver. Por supuesto, allá regresaremos.

Con la postal de la Flor sonriente

Después llegó el turno de marchar donde Maria para tomar una cerveja y hacerle entrega de su postal alegre. Sonrisa, agradecimientos y la promesa de volver al día siguiente, antes de partir para Lisboa, a tomar un cafelillo de despedida. Tras conocer y charlar también con su marido, se me antoja un parecido razonable: son como Lola Flores y El Pescaílla. Ella, más vivaracha y resuelta; él, igual o más agradable, pero permanece en un segundo plano.

Marta y yo sabíamos que nos iba a costar alejarnos de una estancia tan maravillosa.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Mérida - Faro

Viajar de Mérida a Faro es un auténtico infierno, más que nada porque la ruta que une Mérida y Huelva es horrible. A pesar de que el trayecto comienza por autovía, pronto toma carreteras secundarias para ir uniendo diferentes poblaciones. Así, realiza paradas cada 15 - 20 - 25 minutos, hecho éste que hace casi, casi, desesperar, puesto que estás todo el rato entrando y saliendo de poblaciones para realizar la paradita de rigor, con lo que el viaje se hace cada vez más, y más, pesado.

Si tienes mucha suerte, puede subir al autobús un grupo de "gallinas", jóvenes adolescentes alborotadas que, a pesar de hablar a grito pelado, van aumentando su volumen de voz (sí, es algo un poco inexplicable), a medida que se emocionan. Los chicos, sus modelitos y lo monas que están serán sus conversaciones favoritas. Como comprenderán, a la media hora de tenerlas detrás, la cabeza se te pone como un bombo y sólo deseas que acabe semejante castigo.

Afortunadamente, a mitad de trayecto, el autobús realiza una parada de unos veinte minutos para que puedas descansar. Creo que es en Higuera la real, pero no puedo asegurarlo del todo. Es un alivio saber que, durante esos minutos, dejarán de taladrarte la cabeza. En citada estación (si es ésa y no otra), lo mejor que te pude suceder es que tengas ganas de ir al servicio. La limpieza brilla por su ausencia. Con suerte, no llegarás a abrir la puerta de alguno de los compartimentos que contienen una tazita donde realizar tus necesidades. ¡Mierda! ¡Hay purita mierda por todos lados! Obviamente, ni siquiera pruebas a intentar traspasar la puerta de semejante pocilga. "Bueno", piensas, hasta Huelva sólo quedarán un par de horas... ¡Lo malo es que no te has librado de las gallinas!

En cambio, y afortunadamente, de Huelva a Faro el viaje se hace mucho más corto. Si no hay problema de plazas y, además, puedes viajar junto con tu acompañante (el autocar puede llegar casi lleno a Huelva y compinches que viajan juntos tienen que desperdigarse por él), ya sólo queda la emoción y la alegría saber que Portugal está a un tiro de piedra. Apenas dos horas de viaje y llegas a tu destino: Faro.

Con el poco tiempo que hay entre el autobús que te deja en Huelva y el que se toma para ir a Faro, apenas queda tiempo para visitar algo de esta ciudad. Una pequeña vueltecita, un refrigerio para coger fuerzas y, si la Diosa de la Fortuna te acompaña, ir a parar a una terracita en la que un amable camarero te ofertará uno de los más sabios consejos.

sábado, 28 de agosto de 2010

Mérida

Teatro Romano de Mérida. Deleitarse con esta vista es, simple y llanamente, impresionante.

Agosto. Día 8

Teníamos programada, para ese día, la visita al Museo Romano de Mérida, edificio construido por un arquitecto que ya apareció por acá en alguna ocasión: Rafael Moneo. Al cruzar el Puente para ir a la zona histórica (estábamos al otro lado del río), lo primero que teníamos que hacer era buscar un sitio para desayunar. Descubrimos, al visualizarla en un plano, la existencia de la calle John Lennon.

- "Vamos, vamos a pasar por ella"

Justo, enfrente de la placa que anunciaba la calle, un bar. Era obvio: Nuestros desayunos, durante nuestra estancia emeritense, serían en la calle John Lennon.

Plaquita identificativa de la calle John Lennon. Foto tomada desde dentro del establecimiento de los desayunos.

Tenía muchas de conocer el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, edificio que dio renombre internacional a Rafael Moneo y del que hice una pequeña reseña en una de mis tesinas, al hacer un pequeño recorrido por sus obras antes de centrarme en aquella que era objeto de mi estudio. Por eso, creo, la ilusión que crecía en mí a medida que nos acercábamos iba en aumento. Al entrar, pude apreciar esta maravilla de museo.

Frente a mí, tenía una gran nave central realizada a través de un sistema de muros perforados por un gran arco, el cual posee las mismas dimensiones que el Arco de Trajano conservado en la misma ciudad. Esto crea una perspectiva visual fascinante, puesto que parece que te adentras en una especie de nave abovedada en cuyos extremos se abriesen "capillas" . A medida que avanzas, en los muros se crea un ritmo de luces y sombras debido a la luz directa que entra por las claraboyas.

Nave central de Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

En uno de sus laterales, se puede ascender a diferentes niveles que permanecen abiertos a la nave central. Éstos están iluminados por lucernarios fabriles, con lo que reciben una luz indirecta claramente contrastada con la de la nave central, con lo que remarcan, más si cabe, el sentido del edificio.

Por otra parte, el uso del ladrillo como material constructivo produce un claro contraste con el blanco mármol de la mayoría de las obras allí expuestas. Contraste no sólo visual, sino también claramente funcional.

Así, en el interior del edificio, Moneo establece un juego de luces y sombras, de espacios, alturas y planos, que convierten esta arquitectura en una auténtica obra de arte. Mientras, el exterior, sobrio y frío, se levanta como un mero envoltorio. De esta manera, contenido y continente configuran un espacio museístico digno de ser visitado y disfrutado al máximo.

Frente al arco de Trajano, el mismito del que parece ser que tomó las medidas el señor Moneo.

La noche estaba destinada a ir al Teatro Romano de Mérida para ver Lisístrata. La emoción iba adueñándose de nosotros (sobre todo de Martinguis), a medida que se acercaba la hora de la representación. Sentados ya en las gradas, esperábamos ilusionados ese momento. Se apagaron las luces y comenzó la obra. Al finalizar, sólo pudimos expresar nuestra decepción absoluta. Terracita y un orujito de hierbas para comentar la jugada. Pero, la pequeña reseña a semejante aberración vendrá en una entrada a parte...

"Tú lo vas a ver...
voy a portarme bien"

Agosto: Día 9

Era el día visitar los importantes vestigios que han permanecido en la ciudad. De mañanita, bajo un Sol de justicia, tocaba el turno de la Casa del Anfiteatro, el Anfiteatro y el Teatro Romano. Por la tarde, después de un café en un bar, en que una pareja de seres muy pintorescos ratificó nuestra opinión sobre Lisístrata, y con las pocas fuerzas que ya nos quedaban, nos dio para visitar El Acueducto de Los Milagros, El Centro Interpretación Basílica de Santa Eulalia y el Circo.

Imagen del Anfiteatro Romano.

Llegamos al hogar realmente cansados. Eso nos llevó a tomar la sabia decisión de prepararnos una cenica en el balcón del hostal. Ya quedaban pocas horas para viajar destino Faro. Portugal ya estaba cerca y queríamos realizar el viaje más o menos descansados.

"Si tenéis mucho calor, pasar por la calle de Santa Eulalia,
os refrescará con su microclima..."

martes, 24 de agosto de 2010

Zaragoza - Madrid - Mérida

El viaje comenzaba con un pequeño percance.

Agosto. Día 6. 23.00 horas:

Marta se da cuenta de que los billetes de Madrid - Mérida están equivocados. Los nervios ya empiezan a aparecer en mi cuerpecillo rumbero. Hemos de solucionar este pequeño problema antes de la partida. Llamo por teléfono a Renfe: "Los billetes comprados por Internet sólo se pueden cambiar en la estación". ¡Buf! ¡Mierda! ¡Qué nervios!... No puede ser. Navego por la Web y doy con la solución. Introduzco el localizador. Finalmente, los billetes son modificados y, además, me devuelven unos centimicos por la diferencia de tren. "Pues empezamos bien". Pienso...

Trayecto del AVE y del Regional que nos llevará a Mérida. Pueden observar la vuelta que da el segundo ¡horrible!

Agosto. Día 7:


Cogíamos el AVE a las 9.50. Fuimos prontito a la estación para, así, poder disfrutar de la calma y la tranquilidad que otorga saber que no vas a tener que correr para no perder el tren. Al descender las escaleras, al ladito de la vía, diviso a Tomás, mi profi de religión durante mi paso por el instituto. Como no, nos cuenta su nueva batallita. Que si el pueblo, que si el bus, que si el AVE... Observo que sigue igual, tanto en su manera de contar sus aventuretas, como en su proclive hacia el despiste. ¡Es un crack, este cureta!

Viajar en el AVE está genial. En apenas hora y media te plantas en Madrid tan fresquito como las lechugas. El trayecto de Madrid a Mérida, sin embargo, será otro cantar.

Ya sentados, me doy cuenta de que no llevamos mucha agua. Acabamos de comer sentados fuera de la estación y hemos terminado una de las dos botellas de 33 cl que llevábamos. Hago oreja y me entero de que en Villatornado (nombre destinado por mí a Puertollano), seguramente, se hará una parada de unos pocos minutos. Quizás sea esa una oportunidad para bajar corriendo y pillar agua en alguna máquina. ¡Mal! La parada más larga, finalmente, la hace sin previo aviso en Ciudad Real y, obviamente, nos quedamos sin la opción de bajar. A medida que nos vamos acercando a nuestro destino, el agua se va terminando. La insaciable sed empieza a hacer acto de presencia. No queda ni una gota. Y, a nuestro lado, una pareja de abueletes bien preparados (con su neverica y todo), se deleitan frente a nosotros con sus botellas de agua congelada ¡Crueldad absoluta!

Por fin, llegamos. Bajamos del tren y el mazazo de calor nos deja tocados. Es horrible, asfixiante ¡acá no se puede vivir! Y, para colmo, el Hostal El Torero está en la otra punta de la urbe, recién pasado el interminable puente romano. Imagínense: unos 25 minutos caminando, con las mochilas a cuestas y bajo un sofocante calor que nos va dejando sin fuerzas. A eso le llamo yo una llegada triunfal.

Puente romano de Mérida

Menos mal que la cena nos revitalizó y, de esa manera, pudimos disfrutar, por fin, de nuestra presencia en Mérida. Pero, a pesar de haber recuperado energías, a la camita prontito, pues queríamos despertar con fuerza.

domingo, 22 de agosto de 2010

Subimos la persiana

Sí, ya hemos regresado de nuestro viaje rumbero por tierras portuguesas (sin olvidarnos de las extremeñas y las gallegas). Creo que iré poco a poco, dejando pequeñas huellas de las estancias en las diferentes ciudades que hemos ido visitando. Pero, eso, para otro momento. Ahora, me toca recoger ropa, hacer la colada (tanto a mano como a máquina), preparar mi mente para la vuelta a la labora... Vamos, aterrizar de nuevo en la urbe y seguir la mía vida después del paréntesis vacacional.

Como creo que viene a cuento, puesto que estos días iré realizando las crónicas de nuestro viaje, les dejo con una cita de la novela que me estoy leyendo:

"El paso del tiempo siempre deforma la realidad"


JORDI PUNTÍ: Maletas perdidas

sábado, 7 de agosto de 2010

¡Vacances!

Sí, éste que acá escribe se toma unas merecidísimas vacaciones. Por esta razón, el Blog permanecerá sin nuevas entradas hasta, aproximadamente, el 23 de Agosto. Los pequeños Marta y Pibe se marchan a pasar unos maravillosos días por Portugal (Faro, Lisboa, Coimbra y Oporto serán sus destinos); mas, antes, llevarán sus cuerpesitos rumberos a Mérida, ciudad donde visionarán la obra de teatro Lisistrata. Su andadura terminará en Vigo, última parada antes de su regreso a Zaraguaya Conection.

A su regreso, retomará la actividad con fuerza. Volveremos a darle rulo a la música; a las majaderas opiniones cinematográficas; a las aventuras y desventuras vividas por la urbe; a los conocidos concursos; a las citas; a las comparaciones de imágenes... Y más vainas que se le vayan ocurriendo.

Pasen un buen mes de Agosto e intenten disfrutar sus días al máximo.



Imagen extraída de: http://elblogdecuer.blogspot.com/

jueves, 1 de abril de 2010

Descanso por minivacances... en unos diícas, otra vez acá

Marcho cinco días fuera. Sí, puedo salir de la urbe zaraguayana para descansar un poco mi cuerpessssito rumbero ¡yiiihaaa!

Como, en mi caso, poder disfrutar de unos cuantos días seguidos sin nada que hacer es un auténtico misterio, supongo que será un caso para resolver por Iker Jiménez. Así que les dejo con F.A.N.T.A. Pónganse unos ramoneros, la chupica de cuero y a disfrutar... GABBA GABBA, HEY!



Pasen buenos días festivos...

lunes, 30 de noviembre de 2009

Veintidos impresiones de Granada

"Martita Seis Dedos" con el librico de Borrás
Decido ponerme el CD de El Agua de la Alhambra para que me vuelva a llevar, con su sonido, a la ciudad donde pudimos contemplar tan hermoso monumento...

1. El conductor del autobús que nos llevó desde Madrid a Granada, por su simpatía y alegría, y por los caramelos que nos pasó al terminar la película. "Les avizo que llorarán, que yo lloré...", decía antes de poner la película. "Ven cómo iban a llorá... voy a pasar una bolsa de caramelo pa' que pacen el mal trago..." ¡Un quillo muy crack!

2. Los lloriqueos de Marta al terminar una horrible película sobre un perro que lo único que hace es dar mal a todas horas. Repetitiva e insustancial, de ella había señalado Marta que "era un rollo y que pasaba todo el rato lo mismo". Vamos que era imposible engancharse a semejante peñazo. En el entierro del perro, ver a Marta lloriqueando, después de sus palabras, me hizo mucha gracia.

3. El "pasillo del terror" del Albergue Juvenil de Granada. Largo como el de El resplandor y oscuro por las noches, al fondo una puerta de cristal permitía que se formasen sombras en el interior. Como soy un poco chinchillas, siempre que llegábamos me dedicaba a dar miedo a Marta ¡malooooo, soy malooooo!

4. Los desayunos en el albergue ¡Yuuuuum! Tostaditas con aceite, tomatico y sal... el zumico de naranja, el colacao y un bollo dulce para cerrar... Una buena manera de iniciar el día.

5. El movimiento de las camas todas las noches (y todas las mañanas), para poder dormir junticos, cogidicos de la mano.

6. La quilla del kiosko de la oficina de turismo, para la que las cosas más importantes de Granada estaban encima de su cabeza... Y su memorable frase: "pueden ir al Muceo de Historia, donde hay perzonaje histórico y, entonce... van dizfrazao y ce vizten de... coza, vamo..." De verdad, no he visto en mi vida a una quilla en una Oficina de Turismo tan simpática y agradable. Así da gusto. Gracias, quillita.

7. Las tapitas que ponen con las consumiciones... ¡Qué gran invento!

8. La riquísima parrillada argentina que nos metimos entre pecho y espalda. ¡Si nos sobró algún trocito y to'!
9. La comida tan rica que nos compramos en una tienda de productos ecológicos, que la ponían para llevar en unas barcas hechas con madera de pino ¡Deliciosa!
10. Los ricos helados que nos pipamos y cómo los disfrutamos.
11. Ver (y leer), por primera vez en mi vida, "Mini Market"
12. Los grafitis del "Niño de las pinturas"
13. La visita a la Alhambra, que la realizamos con el libro que me compré cuando estudié Arte Musulman e Hispanomusulmán de mi profe Gonzalo Borrás. Sin duda una de las construcciones más preciosas que he visto en mi vida. Era como estar en el Paraíso... y nos tuvimos que marchar de él.
14. El recóndito buzón donde echamos las postales para Lola y Mariachi. "Les llegarán más tarde", decía Martita. La verdad es que estaba lejos de todo, pero bueno, el lugar bien merecía la pena.

15. La pesadilla de tener que esquivar y repetir mil veces "no" a las quillas con su rama de ¿tomillo? que te "regalaban", para luego cogerte la mano, leerte el futuro y pedirte dinero por eso. Por desgracia, vimos cómo había gente que picaba en tan conocida picaresca.

16. Nuestra noche de marchucón: Por el ¿Makoke?, bar de reggae donde empezamos nuestra noche de rumbeo loco y "El Crepúsculo" (imposible recordar su auténtico nombre), donde casualmente estaba pinchando un quillo con música muy parecida a la que poníamos en el Calaveras y Diablillos; por la gente tan majeta que conocimos esa noche; y por La diversión sin límite en nuestro regreso hacia el albergue.

17. La exposición de Graciela Iturbide, una fotógrafa mexicana con una obra bien interesante.
18. El Manila, una cafetería que descubrimos una tarde y que nos encantó. No sólo por cómo estaba concebida, sino porque la llevaba un quillo italiano bien majete y agradable.
19. Los paseos por el Albaicín, el Sacromonte y el Centro de la ciudad, sin parar de disfrutar de cada paso que dábamos.
20. El divertido inicio de fiesta de la Facultad de ¿Medicina? que presenciamos, con vuelos desde un monumento y todo.

21. Ver cómo ponen Sherk 3 (es conocida mi fobia a esta trilogía), en el trayecto de Granada a Madrid y, posteriormente, en el autobús de Madrid a Zaragoza. ¡Pónganse de acuerdo, carajo!

22. Estar sentado en el autobús de regreso y sentir la felicidad de tener a mi lado a Marta, de haber podido compartir con ella este viaje a una ciudad que quería conocer desde hace tanto tiempo.

Un inmenso placer descubrirla con vos...

jueves, 16 de julio de 2009

Vía de la Plata: Viaje previo: Zaragoza - Salamanca

Plaza Mayor de Salamanca. Imagen extraída de: http://www.visitingspain.es/

El autobús había sido el medio de transporte elegido. Una vez más, aunque al menos esta vez estaba acompañado de Marta, la policía me pide el DNI. Puro trámite, dicen. Si no has hecho nada, puedes estar tranquilo. Siempre la misma vaina y siempre la misma resolución. Diez minutos de espera mientras te identifican, comprueban tus datos y te hacen sentir como un delincuente al que todas las miradas se le posan encima. Al menos, esta vez, estaba acompañado de Marta y, la detestable situación se hace mucho más llevadera.

Ya es algo que, en un momento u otro, ha de cumplirse. En esta ocasión, en Soria. Allá, esperando a seguir mi viaje, me encuentro a María, antigua compañera del Ginos, así que ya ha tenido lugar mi encuentro con algún/a conocido/a.

Mi credencial de peregrino. Por lo visto, ésta no gusta mucho en Santiago

Al llegar a Salamanca, he de buscar el Albergue. Doy unas cuantas vueltas hasta que, por fin, lo encuentro. Es curioso, porque está en la Calle El Arcediano y, claro está, me retrotrae al hostal de Tarazona sito en la Calle de los Arcedianos. Purita casualidad ¡nomás! Me extraño de que al quillo que esta delante de mí le estén sellando una credencial. Quedo observando y mi mirada empieza a divisar diferentes paneles relacionados con Santiago. En ese momento, descubro que mi periplo por el recorrido de la antigua calzada romana es también Camino de peregrinación a Santiago. De lo que se entera uno ¡oiga! El primer sello, el de Salamanca, lo obtengo de inmediato.

Mi primer sellico. Con esto, ya podré ir de albergue en albergue y demostrar que soy ¿peregrino?

Tan solo unas vueltecitas, un bocata y la necesidad de comprar una libretita para anotar mis cosas. Entro a una tienda y me hago con ella y un bolígrafo bic con el que poder escribir. La quillita que me atiende es la mar de maja. A pesar de la hora, ya bastante tardía para un comercio, su sonrisa y amabilidad hacen que me vaya más contento en mi solitario deambular.

Como no, me acerco a la Plaza Mayor. Allá, realicé mi primera foto. Bueno, mi primera y última, porque me quedé sin pilas y el resto quedaban en el albergue, dentro de la mochila, sin hacer uso de su utilidad en mi imperiosa necesidad de retratar aquellas cosas que iba viendo.

Mas, seguidamente, me encontré cansado y el sueño se empezó a apoderar de mi cuerpecillo rumbero. Era la hora de marchar a dormir...

sábado, 4 de julio de 2009

Vacances...

Imagen extraída de: http://www.ojodigital.com/

Me voy una semanita. Parto hoy para Salamanca y, así, el Domingo podré comenzar a caminar, chipitín a chipitín, hasta Astorga.

Sean felices y continúen su camino.