sábado, 25 de septiembre de 2010

Lisboa

Recorrido en tren de Faro a Lisboa

Agosto, día 13:

La llegada a Lisboa fue terrible. Nuestra calle no aparecía en ningún plano, la Oficina de Turismo estaba cerrada y el calor se veía acentuado por el peso de nuestras mochilas. Menos mal que, preguntando, se llega a todos los lados, así que no tardamos en legar a nuestro destino.

¡Estamos perdidos! ¡Horror!

Hay una extraña costumbre entre la gente de Portugal que me parece realmente curiosa. Cuando preguntas por algún sitio, tal y como te lo indican, parece que va a estar en el quinto pino, por allá bien lejos... de manera que todo parece estar mucho más lejos:

- "Siempre de frente, siempre de frente..." Aunque apenas sean veinte metros.

Lo bueno es que, cuando pillas el tranquillo, no desespera tanto el legar a los lugares que buscas.

Vista desde la Praça do comércio. Miles de peces se amontonan en el muro y escuálidos perros se acercan a las orillas del río en busca de comida.

Agosto, día 14:

Es el día destinado a la Alfama.

Una de las entradas a la Alfama

Nos dejamos llevar y recorremos las calles de ese barrio que parece anclado en el pasado. Cuesta arriba, cuesta abajo, nos perdemos por sus bonitos rincones y disfrutamos de sus quiebros, de sus colores, de la tranquilidad que ofrece. Subimos, bajamos, y volvemos a subir. LLegamos al mirador y, allá, nos encontramos a Manu. Los tranvías pasan atestados de turistas que, como sardinas, miran con una mezcla de fascinación, por lo que divisan, y de deseo, por bajar y poder estirar sus cuerpos y sentir de nuevo su espacio vital. Sin duda, es hora de volver a nuestras callecitas.

Calle empinada, tranvía, Sol de justicia... ¡Lisboa en Verano!

Después de la comida, dirigimos nuestros pasos hacia el Castelo de São Jorge, sito en un barrio muy bonito pero abarrotado de gente. El agobio de ver tanta gente, el precio y la extensa fila, serán suficientes para decidir que marchamos hacia otros lugares. Lugares recorridos por callejuelas, por lavanderías que ya están cerradas, por interminables cuestas, por plazas verdes y extensos jardines, por exageradas indicaciones para llegar a nuestros destinos. Terminamos el día agotados. Había sido un día duro para nuestros pies y nuestras piernas.

Casa Fernando Pessoa

Agosto, día 15:
Iniciamos la jornada con un pequeño percance. En nuestra habitación hay una extraña maquinaria que permite hacer uso del lavabo. Ésta une lavabo y bidé y, en teoría (no sabemos por qué), hay que desenchufarla por las noches. Así que, mientras Marta se lava las manos para ponerse las lentillas, el agua comienza a salir a chorros de la maquina. ¡Inundación! ¡Inundación! Un charco comienza a extenderse por la habitación. Desenchufamos la máquina y marcho, sigiloso, al baño a por papel higiénico. Con éste y unos periódicos, conseguimos secarlo. ¡Madre! La que habíamos armado...

Camerino. En el interior del Museo del Teatro

Tomamos el metro y marchamos a las afueras de Lisboa. Allá se encuentra el Museo del Teatro, que no salía ni en nuestra guía. La verdad es que tampoco la utilizábamos para mucho y, cuando íbamos a echar mano de ella, apenas nos solucionaba nada. Pero, a lo que iba. Marchamos al Museo del Teatro y salimos encantados, pues es pequeñico y una auténtica cucadica. ¡Y la tienda! Lo de la tienda no tiene nombre... allí enloquecemos y nos llevamos de todo.

A Belem se llega en tren. Recorremos mínimamente el barrio y vamos hasta la famosa torre que Marta pintó cuando era pequeña. Esa es la razón de mayor peso para ir hasta ese enclave de la ciudad un poco más alejado. El jazz suena de fondo. El Sol cae con fuerza sobre nuestras cabezas y acentúa las sombras de la Torre de Belem. Es hora de volver a nuestros aposentos a descansar un poco.

La famosa Torre de Belem

Volvemos a terminar la jornada agotados. El Sol, las caminatas, el calor, nos dejan exhaustos. En estas condiciones, replantearnos el viaje a Sintra (no pueden, tal y como habíamos planeado, guardarnos las mochilas en la residencia), es menos apasionante. Pero, bueno, no nos dejamos vencer por las situaciones intempestivas y, enseguida, en nuestras mentes está solucionado. Tan sólo, habrá que madrugar más de lo esperado, así que nos echaremos a dormir pronto. Sintra nos espera; pero, eso será otro día.

Para refrescarse, después de una jornada pateando la ciudad, qué mejor que una Sagres...

viernes, 24 de septiembre de 2010

Canción de Viernes

Estaba escuchando a Cooper y me di cuenta de que hoy es Viernes. Había que aprovechar la coyuntura para compartir con ustedes este vídeo.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

El Arte

Otra de las maravillosas publicaciones que tenemos en el curro para que, los/as niños/as que allá acuden, puedan leer es El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre, de Juanjo Sáez.

Lo tomé entre mis manos y me lo leí de una tacada. En esta especie de ensayo y/o biografía, en la que se intercalan narración y viñetas a modo de tebeo, el autor hace un particular repaso a la Historia del Arte. Y lo hace conversando con su madre. Intercambia opiniones con ella y le explica sus puntos de vista sobre las obras de diferentes artistas, de manera que, así, las pueda entender mejor.

Considero que allí esta la clave. En el cercano lenguaje que utiliza y los ejemplos cotidianos que pone para que sea más fácil acceder al mundo del arte. Si a eso le añades unos sencillos dibujillos que acentúan una aparente ingenuidad, pues ya no puedes más que rendirte a los encantos de citada publicación.

Juanjo Sáez se deja llevar por sus opiniones sobre los diferentes artistas que va nombrando hasta llegar a la actualidad. Llegado a este punto, y con razón, critica el porrón de memeces y chorradas que se hacen hoy en día y que se exponen en museos y galerías. y es que, hoy por hoy, cualquier pijotada vale, siempre y cuando la "vendas" bien con un texto muy molón que la contextualice y la haga válida para el crítico, experto y/o comisario de turno.

Gracias, Juanjo, por regalarnos esta joyita. Realmente, me ha encantado.

martes, 21 de septiembre de 2010

Léxico familiar

Me regalaron para mi cumple Léxico familiar, de Natalia Ginzburg. Lo dejé reservadito para llevármelo al viaje por tierras portuguesas, de manera que iniciaba libro y viaje, casi, casi, al mismo tiempo. Su lectura fue más o menos rápida, puesto que es sencilla y amena.

La nota de la autora finalizaba con una frase que me parecía interesante y que me impulsaba, todavía más, a adentrarme en las páginas del libro: "la memoria es débil, y los libros que se basan en la realidad con frecuencia son sólo pequeños atisbos y fragmentos de cuanto vivimos y oímos".

No obstante, a medida que iba avanzando, y a pesar de que me gustaba la lectura, había algo que le faltaba y, por tanto, iba adquiriendo, para mí, un cierto carácter insulso. No sé que era; pero, posiblemente, era que me imaginaba otro tipo de literatura, quizás más cercana a lo que más me gusta leer. Descubrir los entresijos de su familia, el contexto histórico y cultural en que se enmarca, la manera de afrontar sus problemas y vivencias, me animaban a seguir devorando sus páginas. Pero, me seguía faltando ese algo que, para mi majadera cabeza, convierte a un libro en una grandiosa obra. De hecho, me pregunté en contadas ocasiones qué hubiera sido de esta novela si no se nombrase en ella a tanto poeta, editor, político, activista, profesor, historiador... bien reseñados sus nombres en las notas de la traductora.

A pesar de esa extraña noción del libro que surgió en mi ser, léxico familiar me pareció un libro bueno, interesante y que su lectura te conduce a comprender mejor otras realidades.

"Os aburrís porque no tenéis vida interior"

Un piacere

lunes, 20 de septiembre de 2010

Labordeta dejó algo...

Murió Labordeta y un mogollón de gente del Facebook se ha volcado a rendirle homenajes. Murió Labordeta y las personas salieron a la calle a ofrecer su voz, cantando al viento, aquellas palabras que le hicieron llegar a un montón de pueblos, ciudades, hogares. Murió Labordeta y leí unas palabras no muy acertadas que me llevaron a hacer esta entrada.

Para muchos/as, Labordeta era el abuelete ese de Un País en la Mochila. Un tipo de aspecto bonachón que, con su peculiar acento, nos iba mostrando diferentes partes de la geografía española. Con su bastón, con su narración en off, con su mochila marrón, fue mostrándonos la diversidad de flora, de fauna, de arquitecturas, de artesanías, de paisajes. También, hablaba con la gente y se interesaba por sus costumbres y por sus modos de vida. Era curioso como, por ejemplo, entraba a un bar y soltaba:

- "Me pone una cervecica, por favor"

Labordeta nos mostró, en definitiva, los diferentes paisajes y la diversidad cultural que conforman aquellas poblaciones que iba recorriendo y, por extensión, el país que iba metiendo en su mochila, quizás como metáfora de la grandísima variedad de cosas que caben en un mismo envoltorio.

Para muchos/as otros, fue ese diputado que un día salió en los telediarios gritando ¡A la mierda! Más o menos, fue así como ocurrió. Allá en el Parlamente, tomó la palabra...

- "Yo voy tranquilamente..."

Al mismo tiempo, se oía un continuo murmullo con chorradas como "Labordeta vete con la mochila"... o "Qué me dices, cantautor de las narices"

- "¿Pero no puedo hablar aquí, o qué? Coño, a ver si no puedo hablar aquí... ¡a la mierda joder! Estoy hablando con el Ministro y no con ustedes.

... ahora, les fastidia que vengamos a hablar aquí la gente, que hemos estado torturados por la dictadura, a poder hablar. ¡Eso es lo que les jode a ustedes!

¡Coño! Si es verdad, joder ¡Coño, a la mierda!"

Y, para muchos/as otros, será conocido como cantautor. Fue en esta faceta donde también llevó siempre a Aragón en su corazón, tierra que siempre intentó defender y que promocionó allá donde fue. Por eso, voy a dejar una canción que es considerada, extraoficialmente, himno de Aragón, aunque no sea con el beneplácito de las autoridades. Bien saben que a mí no me va eso de los nacionalismos, ni los regionalismos, ni los aragonesismos, catalanismos, valencianismos, ni vainas de esas. Para mí, debiera ser un himno Universal, de esos que representan a toda la humanidad y, si hay extraterrestres, también.

Quizás ese fue su gran legado, el que quedará permanente para muchos/as, su lucha por las personas y la libertad:


sábado, 18 de septiembre de 2010

Cita

Tenemos demonios, y si no conseguimos domarlos, nos destruyen. Si no puedes dominar a tus demonios, sean los que sean, haces daño a los demás. Yo encontré la forma de enjaular a mis demonios"

ANAÏS NIN, Diario III (1939 - 1944)

martes, 14 de septiembre de 2010

Conocerás al hombre de tus sueños

Así le pusieron acá en España a You Will Meet a Tall Dark Stranger, la última peli de Woody Allen. Fuimos a verla a los Renoir, puesto que la proyectan en VOSE. Claro está, no hay color. Si te dan a elegir, la VOSE gana por goleada. Tenía ya ganicas de mi cita anual con Woody y no había oído malas críticas de este filme. Se apagaron las luces y...

... comenzaba con una voz en off bastante acelerada que, rápidamente, iba presentándote a los personajes que iban a formar parte de la trama. Sinceramente, eso no me encajaba. No me hacía partícipe de la peli, me aturullaba y me hacía los personajes demasiado lejanos. Afortunadamente, a pesar de que, en ocasiones volvía a utilizarse la voz en off, pronto cambió de registro. Desapareció prácticamente la figura del narrador y ya nos encontrábamos ante una fluida concatenación de diálogos más o menos cómicos que enmascaran una dulce tragedia.

Así, el señor Woody, volvía a ofrecernos porciones del universo que conforma sus películas: las inseguridades de sus personajes, las infidelidades, la influencia del azar, el destino, las relaciones de pareja, el amor, el deseo... Y, a pesar de eso, lo hace sin perder ni interés, ni frescura. Quizás, no lo hace con tanta fuerza como en trabajos anteriores. Quizás, se queda en una peli más plana y con diálogos de menor trascendencia. No lo sé. Pero, ¡qué carajo! el señor Allen vuelve a entregarnos un buen trabajo. No es de lo mejorcito, ni mucho menos. Mas, hay una premisa que no olvido nunca: lo peor de Woody Allen, posiblemente es de lo mejor que hay en la cartelera en esos momentos.

En definitiva, una buena película que, sin duda, hace pasar un buen rato.