martes, 24 de julio de 2007

Hasta bien prontito, mis cuates

Mientras se produce un nuevo parón (vuelvo a marcharme de travesía), dejo una cita que me gusta por la manera en que explica como se siente el amor. En el regreso, un porrón de "aventuretas": Segundo fin de semana en Pirineos Sur, Travesía, Tercer finde en Pirineos Sur, la sección de Lucho...

"Más profunda que el mar era su ternura
pues era insondable.
Su amor era como las montañas
aunque más elevado todavía"

ANÓNIMO: Cuentos amorosos chinos.

martes, 17 de julio de 2007

Pirineos Sur. Primer fin de semana: Asian Dub Fundation


Las entradas ya no son, por lo general, lo que eran. Esto de la venta por cajeros las ha convertido en feos papelotes. Con lo que se las curraban antes...

Como no, mi viaje para el primer fin de semana a Pirineos Sur, no iba a salir como esperaba. Mi octava edición en este festival iba a ser tan divertida como alocada. Estaba todo planeado desde hace ya un tiempecillo: Cuco y yo partiríamos el Viernes destino Sallent de Gallego nada más salir yo del trabajo. Pero, no, quillicos/as, no podría ser así porque mi compañero de viaje tuvo la mala suerte de chocar contra un jabalí y, claro está, es un gasto extra inesperado que hace replantearte los días estivales. No obstante, pronto surgió la posibilidad de que Jorge me recogiese en Sabiñánigo, Huesca o incluso venir hasta Zaraguaya. Sin embargo, na’ nai de na’ nai, sus cosillas personales le condujeron a otras zonas de la geografía aragonesa: Ayerbe. Ya sólo quedaba una posibilidad: coger yo mi coche y marchar conduciendo hasta Sallent.

La historia de mi coche:

Hace ¿dos años? me daban un trabajo en WALKA realmente bueno. El puesto era mío, así que necesitaba un coche para desplazarme hasta allá. Pues me lo compro ¡qué carajo! Así que, totalmente decidido, empiezo la gestión. Por fin, un Viernes, me acerco al garaje y lo compro. En teoría, empezaba a trabajar el Lunes, así que la compra la había efectuado a última hora. Pues, nada más aparcarlo, recibo una llamada: “No te podemos dar el trabajo”. Me querían contratar, pero, un problema con no sé que beca, que si patatín que si patatán… nada, que no podían contar conmigo. Como ya sabía de sobras que era lo más normal que me pasase algo así, pues me eché unas risas y, desde el principio, saqué el lado cómico a la situación.

La historia de mi gran capacidad para la conducción:

Me saqué el carné en el 2003, creo que para Febrero. Durante el aprendizaje, nunca salí a la carretera. Obviamente, el día del examen, aunque el profesor tenía todo planeado para que a mí me tocase en ciudad, al final tuve que salir a carretera. Y es que el examinador ¡que raro! Se cebó conmigo. Ah, pero no contaba con mi habilidad: aprobado a la primera.

Desde entonces, hasta la compra del mío en 2005, había cogido un coche en dos ocasiones y sin salir de la urbe. Pero, ahí no acaba la cosa, y es que desde que tengo este car, no lo he pillado más que dos o tres veces y sólo por ciudad. Vamos que mi experiencia al volante era más bien escasa.

Pirineos Sur

Jueves. Me encuentro a Tomasín (ya hablaré de él en otro momento), y, al final, quedamos en que se vendrá conmigo como copiloto. Bueno, no he cogido un coche ni pa’ dios (calculo que habré estado al volante unas seis veces en cuatro años), tengo que ir con el mío hasta Sallent, nunca he salido a carretera… pero, que más da, llevo a Tomás de copiloto. Me siento con fuerzas para pillarlo, aunque consciente de que estrellarnos no sería tan raro, jejejeje…

Viernes. Salgo de trabajar y marcho a buscar a Tomás. Estamos de camino y suena mi móvil. Obviamente, yo no lo cojo: para eso están los copilotos. Son Fanny y Arturo que se han quedado en Sabiñánigo. OK, “iremos a recogerlos a la estación”. Este pueblo es criminal, es el pueblo de ir a 10-20 por hora, os lo aseguro. Suben Fanny y Arturo y una quilla que no sé quien es (por lo visto la conocieron en la estación y se había quedado también colgada), y seguimos dirección Sallent. Un par de contratiempos y llegamos ¡Por fin!

Junto al Pantano, están ya Mariachi, Isabel, Adri, Fanidades… Hay que intentar acampar cerquita de ellas. Está chungo, pero lo conseguimos. Las tiendas, las montamos de noche. No se veía ni papa, de veras… Buah, pues todo para adentro y ya organizaré a la mañana siguiente. ¡A disfrutar! Esa noche no íbamos de concierto, así que nos acercamos a la “carpa-dance” del recinto sobre la 1:30. Fila, vaya chasta. Sin querer, nos colamos a mogollón de gente, y entramos bien rapidote. ¡A bailar!

Pierdo a Mariachi y sus compinches. Pero, bueno, como conozco a gente por allá me lo voy pasando guachis de grupo en grupo. De repente, mi vecinita, una quilla relinda con una sonrisa realmente impresionante. Nos vemos y nos damos unos abrazos totalmente efusivos y unos besazos súper amigables. Esta noche ya tengo compinche de juerga y, por todas las barbas de los piratas, que nos lo pasamos de miedo. ¡Buah! Bailamos, nos reímos, papeamos, hablamos... Ahora está claro que ya no vamos a ser vecinos de hola y poco más. Mi primera noche allá me aporta una nueva compinche para toda la Galaxia.

Sábado. Bañito matinal en el Pantano nada más levantarnos. Eso sí que despeja quillos/as. El día, lo pasamos por Sallent. El Sol es brutal, no da un solo respiro. Buf, a mí me deja “essho poorvo”. Veo a ma chèrie Ana un ratito al lado de los chiringos y, también a mi vecino. De nuevo, el embrujo de Pirineos Sur: nos damos un abrazo bien caluroso. Nada, creo que con él tampoco será ya un “hola” y poco más. ¡Me parece genial!

Hoy sí que toca concierto: Asian Dub Fundation. A las diez ya estamos de camino. Se nos ha unido Guillermo, que iba al mismo instituto que fui yo. Él se acuerda de mí. “Qué buena memoria tiene la gente”, pienso. Los teloneros, Cheb i Sabbah están muy, pero que muy, bien. A mí ya me entra el baile en el cuerpo gracias a este grupo.


Vista del escenario de Pirineos Sur. En ese momento, están Cheb i Sabbah

Pero, después, con Asian Dub Fundation, el baile es frenético. ¡Conciertazo de lujo! Bailar a los pies del pantano tiene algo especial, y más si tienes delante a una banda así, que no sólo nos deleitó con su música, sino que, además llevaban un buen rollo del carajo, unas ganas de hacer bailar que, enseguida, transmitieron al público. La conexión fue total, hecho que me parece genial.


Asian Dub Fundation en pleno concierto

De nuevo, pierdo a Mariachi y compinches. Esta vez es porque me quedo rezagado hablando con dos “olivareñas” súper majas. Bueno, pasaré la nuit con ellas… ¡Y que bien que me lo pasé! Como dijimos, menos mal que dejé El Olivar, jajajajaja. Y es que, cuando era socio, apenas hablábamos. Ahora, siempre nos encontramos en todos lados y nos saludamos. Pero después de esa noche de diversión juntos, creo que nos alegraremos aún más de encontrarnos. Y, cuando se marchan a dormir, me quedo con Héctor (ya sólo le quedaba un día en el Ginos) y sus compinches. Más risas, más bailes… sigue la diversión.

El Domingo comienza igual que el Sábado: chapuzón en el Pantano. Pero, algo es diferente: desmontamos las tiendas y, en la mente, ya revolotea la idea de volver. Me encuentro a Yoel (aquel del cumpleaños de Cristina), y lo bajo a Sallent con mi súper bólido. La casualidad vuelve a hacer acto de presencia: Moya. El quillo va a regresar en bus. Pues, no, cambio de planes: se bajará conmigo a Zaraguaya. Y, desde el teléfono de Carlos, una llamada que ya esperaba: el amigo de Keles para quedar conmigo para regresar a la urbe donde habitamos.

Llegamos sanos y salvos, que no es poco…

jueves, 12 de julio de 2007

Aventura pirenaica III (Estós - Aparcamiento)

Para escribir sobre esta última etapa, me he puesto jazz; pero, no un jazz cualquiera, sino el de Pharoah Sanders, con sus saxos, campanitas, platillos de dedos, sus efectos de pájaros, cuernos de vaca, alaridos… El disco, Thembi: esperanza, fe y amor.

La jornada empezó bien pronto. A las seis y media (en mi caso sin pegar ojo desde las cuatro y media), arriba y a desayunar. El papeo abundante y rico era necesario para reponer energías. Era día de regreso y no habíamos logrado subir un pico juntos. El baile nos llamaba, así que había que intentarlo. Preguntamos en el refugio alguna excursión para hacer y, justo, nos indica que subamos al Pico de Estós (llamado Tuca el Dalliu), que además nos va de camino. Nos parece bien, así que nos vamos cargaditos hacia el pico.

Afortunadamente, durante nuestro caminar, al llegar a la Cabaña d’el Tormo, nos despistamos con los caballos y no nos enteramos del desvío que conduce a un puente. Por esta razón avanzamos hasta un cartel que nos indica el senderito para llegar al mirador de las Gorgues Galantes, una cascada impresionante que, aunque fuera de nuestro itinerario, merece la pena visitar.

Las Gorgues Galantes

Retrocedemos nuestros pasos y, ahora sí, visualizamos el puente. Lo cruzamos y continuamos nuestro camino: “quillo, esta vez vamos a seguir el sendero” ¿Qué sendero? Nos preguntaremos luego. Aquí no hay senda ni na’, carajo. Y una vez que llegamos a una caseta, tiramos monte arriba sin camino, sin sendero, sin una mísera sendita perdida. ¡La selva, quillos/as, eso era la selva! La subida, con las peazo mochilas a cuestas es brutal…

La caseta. A partir de aquí ya no hay sendero…

Pasada la “selva”, el bosque, y ya en el claro de hierba cercano al collado, decidimos parar y darnos un descanso. Allí vemos corzos, marmotas como perros (que grandes, las muy hiueputas), y vacas que pastan felices a lo lejos. La subida al collado, casi sin comentarios. Buf, que empinado era eso… Y, para colmo, me corto con una roca. Sangra que te sangra ¡Ala! Saca las gasas, el esparadrapo, límpiate con agua… Y todo allá, en la inclinada pendiente de nuestro pico retado. Pero, quillos/as, llegamos al collado. Dejamos las mochilas “Para qué las queremos” Cojemos mi iPod, los altavoces, una botella de agua e, incluso, los móviles. Esta vez está cerca, el baile es nuestro.

Por fin el pico es nuestro. Lo hemos conseguido. Enciendo mi móvil, allá hay cobertura. Así que, aunque con retraso (pero por fin con señal), telefoneo a Ponfrik para, desde semejante paraje, felicitarle el cumpleaños. No te podrás quejar, quillo, una felicitación desde semejante sitio no se recibe todos los días. Las fotos, la atenta mirada en derredor y… ¡Tachán! ¡El baile! Bueno, baile por llamarlo de alguna manera, y es que si entra la risa pues la danza se ve alterada y no va a ninguna parte. Pero, quillos/as ese documento quedó bien grabado:


Este vídeo es una ruina, jajajajaja

Iniciamos el descenso y encontramos un grupo que ellos mismos se definen como los de La Tercera (Edad). Nos aconsejan que vayamos por Bal de la LLiterola, tomando como referencia para nuestro descenso la Cabana del Forcallo ¡Eso está hecho! Ah, y “Dadle recuerdos a Esther, que la hemos dejado allá abajo, al lado de la pasarela” Pues, vamos que nos vamos. Mientras bajamos, alguien está moviendo la cabaña, ya que la muy jodida cada vez está más lejos. Al fin, la pasarela y Esther esperando. Saludete de rigor, le indicamos que aún tendrá, aunque no mucho, que esperar un rato.

Me empieza a dar el bajón energético, me deshidrato, mis tripas hacen grugrugrugriau (como el gato de la Rosarillo pero a lo bestia), se me apodera el cansancio. Pero, bueno ya queda poco y hay que hacer un esfuerzo. La carretera, y nuestros pies molidos y sin descanso. Nos paramos al sol, en un cruce donde hay hierba, y comemos. Un poco de pan, salchichón, queso, frutos secos y una manzana. ¿Vaya festín, eh?

De nuevo, proseguimos lo que ya es nuestro último tramo, por la A-139. Son cinco kilómetros y medio de carretera ¡estamos chingados! El vacile es espectacular: para un coche, nos emocionamos, mas su intención no es recogernos, sino tomar agua potable de una fuente. ¡Será…! Y, de repente, dos ángeles disfrazados de franceses, paran. Desciende uno de ellos en forma de mujer y nos pregunta si nos acercan a algún sitio. Los pies molidos, un sol de justicia, todavía unos tres kilómetros de carretera… “Sí, por favor, muchas gracias” “Al desvío para el aparcamiento de…” “Ah, vale, subid”.

El coche de estos dos súper gabachos que nos acercaron a nuestro destino

Y aquí, con Cuco marchando hacia el coche, servidor esperando con las mochilas, y la sapiencia de que en Zaragoza nos esperaba una jarra de cerveza sin alcohol y un plato de olivitas, termina nuestra aventura pirenaica.

Buenas noches

Lucho es ciclonudista


Hola chamaquitos/as,

Hacía tiempo que no me dejaba ver por este espacio; pero, como El Pibe estaba tan ocupado no he podido quedar apenas con él y, encima, se me olvidaba coger el material apropiado. No obstante, y para que veáis que yo también me uno a las causas me presento como voy siempre: en cholinguillas. Pero, esta vez en la bici y es que yo siempre soy un ciclonudista, que le vamos a hacer…

Ala, a ver si con mi aportación conciencio a más gente para que respete a los chamacuelos/as que día a día utilizan este medio de transporte entre coches, autobuses, motocicletas… y para que se pidan más y más carriles-bici.

Me las piro con este velocípedo a otra parte.

Mil besos

Cita

Solamente una pandilla de chiquillos, responsables de lo que no fue más que una inocentada, se carcajeaban a escondidas al descubrir los descarríos del mundo de los adultos.

GEORGES MOUSTAKI, Siete cuentos fronterizos

miércoles, 11 de julio de 2007

Sonata de Otoño

Hoy, era día de cine. No sé por qué, pero lo tenía claro: cena y película tranquilamente en el hogar. Al principio tenía mis dudas, pero estando en San Vicente de Paúl, mientras hablaba con Sara, una imagen, junto al semáforo, me aclaró cualquier atisbo de duda: hoy era noche de Bergman.

Cada segundo que pasaba, el Universo de este director se me hacía más placentero, me llamaba con más y más insistencia. Comprada la entrada de Pirineos Sur, allá, en el banco, recién se sentaban. Un saludo, quizás demasiado breve, me acercaba más y más a mi destino cinematográfico. Gustoso habría permanecido más tiempo; pero, hay momentos en que es mejor, aunque no se quiera, seguir caminando. Sé que pararé, que descansaré a la sombra del árbol, que podré disfrutar sentado en la piedra grisácea, ahí, sita en el campo. Mas aún es difícil, aún queda poder disfrutar del vuelo del ave, que, aunque lejano, produce hermosos sonidos mezclados al canto.

La cena, rápida. Bergman me espera y son ya las doce pasadas. Sonata de Otoño se proyecta ante mis atentos ojos. La primera escena, me recuerda a Vermeer y quedo atrapado en su composición y su luz diáfana. Nada hace presagiar la intensidad que ofertará luego el film; bueno, quizás sí: la oscuridad en la que el pastor se dirige al espectador. La carta anuncia un esperado reencuentro entre madre e hija, y lo hace con ternura, cariño, con la ilusión que aporta el tiempo. Sin embargo, a medida que avanza el film, la ternura se convierte en ataque, el cariño en odio, la ilusión en venganza.

Con una fotografía impresionante (el “primer plano” de la hija detrás de la madre, ocupando sus dos rostros la totalidad de la pantalla es brutal), se establece un diálogo, un auténtico duelo, en que el pasado renace con todas sus fuerzas para arrastrar ferozmente los sentimientos guardados. Y así, Bergman nos conduce a una inconmensurable tensión quedamente apaciguada por su harmoniosa composición y su acertada cadencia narrativa. Al final, la redención, sobre un fondo blanco purificador.

Buenas noches