Hacía tiempo que no actualizaba; pero, quillos/as, han sido días vertiginosos en los que no he parado ni un segundo. Mi estado de ocupación extrema, de un sin vivir total, comenzó el Jueves, con la cenita oficial con Carmeneta (y ya también Mariachi y Conchi), en l'Albada. Mientras estábamos allí, alguien nos informó de la existencia de dos hámsteres abandonados en la calle. Como no, estos seres tan freakies, como somos la Mariachi y yo, decidimos adoptarlos, puesto que si no quedarían solos y desamparados en la calle. Así que cogimos la jaula (que olía como un trueno), el serrín y su papeo y, ni cortos ni perezosos, los llevamos al Calaveras. De allí, debido a las ganas de juerga de mi compi de piso, salímos a las 3.00 h pasadas camino al hogar, con lo que había que llegar a casa, limpiar la jaula, duchar a los hámsteres y dormir cuatro horitas escasas. En un principio, fueron bautizados como Calavera y Diablito; sin embargo, los últimos acontecimientos provocaron su cambio de nombre. Y es que, el Domingo, Mariachi se los llevó de paseo al parque y regresó con un nuevo nombre para su hámster: Jero. Yo, en un momento de inspiración suprema, también opté por el cambio: Chance. Después, me di cuenta de su significado, y es que mi pequeña roedora, después de su abandono, tenía una nueva oportunidad...