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domingo, 22 de febrero de 2009

Carnaval

¡Carnaval, Carnaval! Carnaval, te quiero...

Ayer tocaba fiestecilla en casa de marmota. No era imprescindible ir disfrazado, mas mi caracterización la tenía pensada hace tiempo, así que no podía dejar mi vestimenta olvidada en una bolsa.

Previamente quedé con Marta. Como somos dos "afanaos" de la vida, habíamos decidido dar una pequeña sorpresa a Lola. Nos acercamos a la Casa del Té (o como se llame), y nos hicimos con tres pequeñas latas decoradas en cuyo interior había diferentes infusiones. El mostrador, unas fotos, una predisposición hacia la gustera... unas risas que salen sonoras para ocupar todo el espacio que nos rodea. Una visita, en el Ginos. Sólo está Paola. Otra, en casa de Víctor. Allá está Vicky con su Maripili a cuestas. Allá están las pizzas, las fotos, el vinito y la noticia. Pero, las agujas no paraban y tuvimos que salir prestos hacia nuestro destino de festival.

Al llegar, nada más entrar, me encontré a Caperucita Roja, sanguinaria ella, manchada de sangre, y su lobo (zorro), acojonado. Me presentaron a Asterix, Obelix y Panoramix. También estaban Luz e Iñaki. Y, además, como un purito milagro, apareció la Virgencica del Pilar caminando. Seguidamente, llego el señor Joven, todo elegante él, con su vestimenta de psicoanalista hipnotizador de seres inocentes. Una gitana, morena ella, completaba el plantel. Bueno, eso creía yo, porque aún vinieron tres más...

Estos eran los ingredientes. La casa era el continente donde preparar la miscelánea de sabores... que penica que tuvieses que irte.

martes, 27 de enero de 2009

Fredy... y la fábrica de chocolate


Marta me hizo una sorpresa el Domingo. Vino a buscarme al trabajo y me hizo entrega de un pequeño paquetito. En su interior, había un pequeño osito al que, obviamente, había que ponerle un nombre. Decidí que se llamaría Fredy. Con él, Marta y Cuco, marché hasta el hogar de carmeneta para tenber otra sesión dominguera cinematográfica. Allí, conocí a ¿Sergio? y ¿? ¡Qué malo soy para los nombres, carajo! Tras mis idas de perola en la cena y mis extrañas conversaciones con Fredy, creo que se llevaron una muy buena imagen de mí... ¡ejem! (Dos más que piensan que estoy mal de la azotea, jajajaja).

Ayer, Lunes, tocaba SOS Racismo. Como no, Fredy vino con nosotros. Volvíamos a realizar el visionado de Charlie y la Fábrica de chocolate y a preguntar ciertas cosillas sobre las escenas proyectadas. Fredy también participaba. Animaba a los/as niños/as, se les acercaba para felicitarles u otorgarles su simpatía, les hacía "granujadas"... En esta ocasión, había sido muy distinto. Marta y yo tenemos ya esa complicidad que no teníamos aquel primer día en que coincidíamos en una clase; los/as quillitos/as de las aulas son más callados y, al mismo tiempo, participativos; las tutoras están más implicadas... Y eso se nota. Nos alegra, estamos más risueños, podemos elaborar más los contenidos y explicarlos sin interrupciones. Pasa el día y, casi, casi, deseamos que vuelva a ser Lunes y disfrutar de esas horitas tan agradables.

Marta me dijo una cosa súper bonita: "Ojalá, hubiera tenido algún profesor como tú. No sé hasta dónde habría llegado..." Y a mí, me encanta tenerla de compañera, porque teniéndola a mi vera, allá, con los/as chiquiticuates (a quienes se les nota que disfrutan), con las bromas, las enseñanzas, la ilusión que transmitimos, no sé hasta dónde carajo vamos a llegar...

martes, 20 de enero de 2009

SOS Racismo

De nuevo, hemos comenzado nuestro deambular por las aulas de un colegio. De nuevo, estamos ante unos cuantos/as quillicos/as para comentarles cosicas sobre la inmigración, el racismo, las habilidades sociales, la resolución de conflictos... De nuevo, realizamos esas dinámicas y juegos varios que nos ayudan a explicar los contenidos establecidos.

Hoy, ha sido el primer día. A Marta y a mí nos ha tocado 5º. Son tres aulas de mañanita, así que, mi súper compañera de tarea no puede asistir a la última sesión.

Al terminar la mañanita, he quedado la mar de contento. Hay muchas razones; pero, creo que hay dos que están por encima del resto:

La primera, porque tengo a Marta de compañera. Sí, a mi lado, hablando, explicando, riendo, preguntando, tengo a esta quillita tan linda con la que la complicidad queda más que reflejada en nuestras miradas, en nuestros gestos, en nuestros comentarios... Ella me da, no sólo más seguridad, sino también alegría y ganas por contar muchas más cosicas.

Por otra parte, porque los/as niños/as de ese curso son un encanto. Son callados, atienden, son respetuosos y, al mismo tiempo, les gusta comentar las actividades, preguntan, muestran interés. En definitiva, son muy participativos.

Gracias a mi voluntariado en SOS, conocí a Marta. Gracias a Marta, explico más feliz el contenido que hemos de impartir. Gracias a que explico más feliz, veo más veces a Marta sonreír.

Cómo no voy a dedicarle una entrada a SOS Racismo...