Mostrando entradas con la etiqueta carnaval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carnaval. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de febrero de 2009

Carnaval

¡Carnaval, Carnaval! Carnaval, te quiero...

Ayer tocaba fiestecilla en casa de marmota. No era imprescindible ir disfrazado, mas mi caracterización la tenía pensada hace tiempo, así que no podía dejar mi vestimenta olvidada en una bolsa.

Previamente quedé con Marta. Como somos dos "afanaos" de la vida, habíamos decidido dar una pequeña sorpresa a Lola. Nos acercamos a la Casa del Té (o como se llame), y nos hicimos con tres pequeñas latas decoradas en cuyo interior había diferentes infusiones. El mostrador, unas fotos, una predisposición hacia la gustera... unas risas que salen sonoras para ocupar todo el espacio que nos rodea. Una visita, en el Ginos. Sólo está Paola. Otra, en casa de Víctor. Allá está Vicky con su Maripili a cuestas. Allá están las pizzas, las fotos, el vinito y la noticia. Pero, las agujas no paraban y tuvimos que salir prestos hacia nuestro destino de festival.

Al llegar, nada más entrar, me encontré a Caperucita Roja, sanguinaria ella, manchada de sangre, y su lobo (zorro), acojonado. Me presentaron a Asterix, Obelix y Panoramix. También estaban Luz e Iñaki. Y, además, como un purito milagro, apareció la Virgencica del Pilar caminando. Seguidamente, llego el señor Joven, todo elegante él, con su vestimenta de psicoanalista hipnotizador de seres inocentes. Una gitana, morena ella, completaba el plantel. Bueno, eso creía yo, porque aún vinieron tres más...

Estos eran los ingredientes. La casa era el continente donde preparar la miscelánea de sabores... que penica que tuvieses que irte.

lunes, 19 de febrero de 2007

Domingo enigmático

Hola mis cuates. Estoy aquí, en mi casita, viendo una peli de dudosa calidad: El enigma de Jerusalén. Una de las primeras frases que he oído es: “…en Jerusalén, todas las mujeres pertenecemos al ejército”. Creo que es una de esas películas con complot eclesiástico para que no aparezca no sé que grabación realizada por un viajero del tiempo en la época de Jesucristo, o algo así. ¡Brutal!

Creo que es lo más adecuado para terminar este demencial fin de semana que empezó ya el Jueves. Cansado es poco. Las clases, el curro, el curso de Monitor de Tiempo Libre, el curro en el Calaveras y, ya que estamos, rumbear, hacen que no descanse na’ de na’. Me hace mucha gracia esa frase de que “el que siembra recoge sus frutos”; supongo que no cuentan con que a algunos les vienen plagas, temporales, sequías…

Desde Argentina, para toda la Galaxia, Los Cafres:

“No puedo sacarte de mi mente
es el momento en que te vi frente a frente
[...]
Todo en mi cuerpo quiere verte
y pide a gritos abrazarte
o por lo menos escuchar tu voz
ya que no puedo sacarte de mi mente
Mi corazón salta al verte
no puedo sacarte de mi mente
qué bien se siente
no puedo sacarte de mi mente”

Este Viernes, cae seguro, porque, como diría María, es un “temón”. Reggae del carajo, quillos/as.

Bueno, quillas, disfrazadas de hadas ¡sorprendente! Me hubiera gustado haber disfrutado, aunque fuera un poquito, el Carnaval con vosotras, mas mis obligaciones laborales no me lo permitieron. ¿Vendréis a la Boogalucha? Jo, espero que sí. Será una noche especial. Un poco freaky, eso sí, pero es que se lleva en la sangre, jejejejé.

Desde hoy proclamo la inexistencia total de los duendes. Sí, sí, está claro: ser duende no es bueno. Y si no que le pregunten al famoso duende de Gastón de Gotor. Nunca más querré escuchar, nunca más querré decir, a excepción de oírlo o cantarlo con el fabuloso disco de Karamelo Santo: “Un duende loco ya llegó, el duende del vino nuevo…” C’est fini, mon amie, c’est fini!

Me voy a dormir, que tengo muuuuuucho sueño

domingo, 19 de noviembre de 2006

El Carnaval

Lo que viene a continuación es una “marcianada” de las mías. Mientras escribo, escucho a Pharoah Sanders, un saxofonista de jazz loco muy espiritual, con campanitas, maracas, percusión africana… Anteriormente, os he hablado de Indigènes, una película que transcurre, entre otros sitios, en los Vosgos y en un pueblecito de Alsacia. Asimismo, el otro día nombré que había conseguido El Carnaval de Schumann. Bueno, ya tengo los dos: en Venecia (lo cogí en la biblioteca el otro día) y en Viena, que es el que compré en Madrid. Hace ya un tiempo (lo recordaréis aquellos/as que habéis recibido siempre las “citas para la reflexión”), me leí Tiempo de Morir, de Louis Aragon, donde dedica todo un capítulo a El Carnaval. De ese capítulo, fui extrayendo una serie de párrafos que me parecían ciertamente interesantes y que quería compartir con una persona que es muy especial para mí (por desgracia no pude hacerlo, cosas de la vie); pero, no sólo del carnaval, sino de historia, de música, de vida… Y, al escribir sobre Indigènes, me acordé de Alsacia, de los Vosgos, de Bischwiller y de Pfeifertag.

Unificando para toda la Galaxia:


El Carnaval
Yo es otro. ARTHUR RIMBAUD

El Carnaval… no sólo es de Schumann. Aquí todo es carnaval.

¿En que pensaba Schumann, cuando escribió su Carnaval? Habría imaginado en la casita de… no es querer confundir las pistas lo que me hace dudar delante del nombre del país, pero aunque no esté seguro, aunque mezcle localidades… vamos, digamos: Roeschwood… ¿habría imaginado Schumann en la casita de Roeschwood las relaciones que su música iba a establecer entre el aspirante Pierre Houdry y Bettina Knipperlé? No sé de que año es El Carnaval, cuando después Robert se tiró al Rin, lo que le tañían las campanas en la cabeza, quizá, quizás fuese esto, fuera Richter, este Carnaval. Y Mozart, en la fosa común del cementerio Sankt Maxer, ¿oirá romperse la voz que canta La flauta, terminada algo más de tres meses antes de su muerte? Cuestiones absurdas, como todo lo que la música pone en la cabeza. Pero a fin de cuentas mi vida estará hecha de estos absurdos. La música es mediación, querida Bettina, de la lógica y del delirio, da sentido a lo insensato […]
Así la vida es carnaval, donde las máscaras se separan del mismo modo que se han encontrado.

“Vamos –dijo ella-, ¿otra vez El Carnaval? Cogeré sólo el segundo movimiento, sabe…” Y cuando terminó, me vino una especie de fantasía, quería ese trozo de Schumann, lo conoce, Haschemann… lo conoce. Me canta esta gallina ciega. Mira, ésta es la palabra: más que un carnaval, la vida, aquí, es un juego de la gallina ciega.
Gallina ciega, Haschemann. Dicen que el nombre viene de un caballero, en vísperas del año mil, en vísperas del Gran Miedo, durante la época de Roberto el Piadoso, en alguna parte hacia el lado de Lieja, y que, peleando contra un conde de Lovaina, quedó con los ojos reventados, pero prosiguió en tinieblas en la batalla, con sus compañeros a su alrededor para guiarle, como se hace en la Haschemann, gritándole: ¡Frío! ¡Frío! ¡Caliente, caliente, por aquí! ¡Te quemas! Oh, jugar al ciego, y entonces el mundo se convierte en un Breughel peligroso donde nada tiene ya su forma, y sólo transparentan los monstruos que cada uno tiene en su interior. Pero el ciego también es un rey, a quien sobre sus súbditos desconocidos se ha dado un derecho si límites; si los atrapa, bajo el pretexto de reconocerlos, le está permitido palpar, chica o chico, por todo su cuerpo, por toda su alma, la presa entre sus manos, y esto ya nos viene del Caballero Colin Porte-Maillet, corriendo por el bosque de Ardenne tras los flamencos. No se trata de un juego de niños. ¿En que pensaba, pues, Schumann?

El Carnaval de Schumann dura mucho menos tiempo que la lectura de lo que precede solamente… pero eso es la observación primaria, la cual se limita a la apariencia. Toda esa historia cabe en una gota de rocío. Todo es memoria, hasta el error, hasta el olvido. Todo está levemente “movido”.

Las pequeñas ciudades de Alsacia tienen recuerdos, tradiciones, que les hacen más atractivas de lo que cree el viajero. Así, por ejemplo, Bischwiller. El 15 de Agosto, antes, se llamaba el día de los pífanos, Pfeifertag, y todos los músicos que residían en el Rin a la cresta de los Vosgos, desde el bosque de Haguenau hasta el Hauenstein, iban aquel día a renovar juramento a lo que llamaban el Geigerkönig, el Rey de los violines. Esto desde la época en que se edificó Ludwigsfeste, más o menos. Cuando Goethe iba a casa de los Brion, era el señor de los Dos Puentes que era Geigerkönig, que había heredado por esa época título de los señores de Bibeaupierre. Y Bischwiller sigue considerándose como una especie de capital de la música.

Ahora, suena John Coltrane, otro de esos saxofonistas que me vuelven loco ¡Yiha!

En el capítulo siguiente:

Generalmente, la historia de la música, el desarrollo de la música, entraña lecciones que no parecen preocupar. Desde la primera melopea, las modificaciones de este arte revelan una singular evolución del hombre mismo. Berilos dice eso en alguna parte.
Decidme, quillos/as ¿cómo no iba a intentar conseguir El Carnaval después de todas estas palabras de Aragon? C’est impossible!