sábado, 29 de diciembre de 2007
viernes, 28 de diciembre de 2007
[rec]
Sesión de cine con Sylvia. Tenía, ella, una entrada de esas de 2x1 para las salitas de Grancasa o para los Augusta. Me invita a ir con ella y, así, nos sale más barato. Lo malo, la pésima cartelera que en esas salas suele haber. Al menos, está [rec], pienso… Así que decidimos ir a verla. No sabía nada de esa película, tan sólo que era de miedo y que era algo así como un falso documental. Me imaginaba una especie de Bruja de Blair, pero más terrorífica, no sé porqué.
Pues bien, la elección fue muy acertada. Esta película merece la pena. La primera razón, porque cumple su cometido: ser una película de terror que da miedo y que te mantiene en tensión. Creo que esa es su función, y ya está. No creo que sea mucho más pretenciosa, ni que intente llevarnos a un terror mucho más profundo, sino todo lo contrario. Alejada del terror psicológico, nos muestra un miedo mucho más social, en concreto el de una comunidad y, por extensión, de toda una población. Para ello, un elemento muy efectivo para este tipo de películas: los zombies.
Un gran acierto es el del falso reportaje. C’est à dire, que se ve la película a través de la supuesta grabación de una cámara que trabaja para un programa nocturno. Esto, no sólo le da una mayor credibilidad, sino que el hecho de mermar nuestra visión al encuadre de esa cámara, deja tantas y tantas zonas ciegas para el espectador que, obviamente, ya ni sabe por dónde carajo puede salir otro zombi. Esto otorga una continua sensación de peligro… ¡buf!
Por otra parte, el no haber utilizado los actores y actrices de siempre, que están hasta en la sopa, también proporciona ese aire de realismo, al tiempo que hace más creíbles las interpretaciones.
Quizás, lo que flojea un poco son los momentos previos al final, donde nos viene a explicar el porqué de lo sucedido. No sé, como que corta todo el ritmo de golpe y porrazo, y eso no es muy acertado. Afortunadamente, en los minutos finales vuelve a la carga, jejejeje. Ah, y como manía mía: la música de los créditos del final no queda nada bien. Te corta todas las sensaciones que has acumulado durante la película de cuajo. Mala vaina, mala vaina…
En resumen, una película que, para aquellos/as que les guste el terror, hay que ver en pantalla grande. Y es que, desde que los zombies corren tan rápido y no tienen aquellos movimientos torpes (y no quiero desmerecer películas tan cojonuttas como Zombie), dan mucho más miedo...
jueves, 27 de diciembre de 2007
Ibort: Celebración del Solsticio de Invierno
El viaje a Ibort era esperado. Carmen, con gran detallismo y ánimo, se había encargado de organizar y movilizar a un gran número de personas para celebrar juntos el Solsticio y la llegada del Invierno. Sí, el fin de semana del 22 y 23 de Septiembre, íbamos a reunirnos para rendir homenaje al día más corto (o la noche más larga) del año (justo, justito, el 21) y la intención era hacerlo por todo lo alto. La empresa consistía en unirnos todos/as en el albergue y que cada uno aportase aquello que pudiera. Algunos/as, subieron ya el Viernes por la noche; los más, el Sábado de mañanita y tarde, y nosotros (Cuco, Gazpacho, Cristina y yo), ese mismo Sábado, pero ya de noche (es lo que tiene mi curro, que se trabaja los Sábados y se sale a las 20.15). Difícil resultaba contar cuántos/as nos habíamos reunido, pero después de visualizarla foto de grupo, puedo asegurar que éramos 24.
El albergue. Éste era nuestro punto de encuentro
Al llegar, la gente ya había cenado, así que para nosotros estaba lo que habíamos llevado y lo que había sobrado ¡bendita longaniza! Con el ágape terminado y nada más recoger y limpiar, empezaban a sonar los primeros sonidos rítmicos de la noche. David, Javi y Sergio (creo que era él, pero no recuerdo muy bien), hacía temblar los cajones; Pepín, amenizaba con la dulzaina y, luego, la gaita; Scotty, acompañaba con la guitarra… También hubo dance: Carmen, Cuco, Belén, Jessi, Pilar y ¿? conformaban las parejas. La fiesta comenzaba bien, la fiesta prometía… Poco a poco, la música tomaba otros derroteros, y la gente, se iba animando más, y más, y yo estaba tan a gustito…
Mi función era la de “pinchadiscos” para la fiesta en la iglesia; pero, al final no se llevó a cabo. Primero problemas técnicos; luego, ausencia de gente; finalmente, cansancio corporal por mi parte. No obstante, surgió mi nuevo cargo: monitor-shaman del evento. Así que distribuí al personal, se formaron pequeños grupos de compartición y, como un pequeño gurú, entregué una de las llaves maestras (que no la única), para llevar a cabo una dinámica de grupo de regocijo y expansión. Música de fondo, una gente cojonutta y un ambiente festivalero que te mueres: todo estaba preparado para el estallido de la diversión.
Yo tengo un problema con la risa, y es que, cuando empiezo, no puedo parar. Las primeras carcajadas, empezaron, más o menos, sobre las 23.30. La culpa fue, sin duda alguna, de la historia del hombre que se había convertido en un ser azul. Cuco empezó a narrar la noticia que había leído en El País, y era tan marciana que a mí me entró la risa floja; de ahí a la carcajada; seguidamente, al total desparrame. Desde entonces, hasta las 4.30, no pude parar. Tan solo el sueño me permitió descansar, pues a la mañana siguiente, por mucho que lo intentara, tampoco la podía atajar. Bien, como iba contando, el ambiente era propicio para pasar una velada estupenda. El albergue era acogedor, la gente ya estaba animadísima: ya estábamos preparados para iniciar la fiesta en otro espacio, en otro lugar: la iglesia.
Si hay una imagen que resume mi estancia en Ibort es ésta. Diversión y muchas, muchas risas.
En ella, hacía frío; pero, estábamos abrigados y con ganas de baile. Lo malo: había que montar el equipo. Los esfuerzos de Scotty eran en vano. En la iglesia, apenas quedábamos cinco, pues la hoguera daba calor en la gélida noche de Invierno. Yo también marché a la hoguera. Sergio también se adentró en la iglesia en busca de una solución. No sé en qué momento, empezó a sonar la música: Karamelo Santo como homenaje a este que escribe (gracias, Jessi). Por fin había música, pero la gente estaba dispersa. Unos/as, en la iglesia; otros/as, en la hoguera; el resto, en el albergue de fiesta. Y, al mismo tiempo, gente que iba y venía.
Yo era E.T. y me dejaban ser terrícola. Yo era un extraterrestre que reía y reía. Bueno, carajo, reíamos todos/as. Estábamos alegres y estábamos celebrando. Javi el del continuo espasmo, en un momento dado, se marcó “su break en un metro” y casi me muero. Si alguien nos cose, convirtiéndonos en forzados siameses risueños, nos hace la chingada del siglo: morimos seguro, porque con tanta risa no hay quien aguante más días.
Del fuego a la piltra. Mi cuerpo no da más de sí. Llevo demasiado trajín desde el Jueves con tanto trabajo. Entre el Calaveras y mi curro en El Dado, apenas había dormido siete horas entre los dos días anteriores, así que el agotamiento llama a mi cuerpo mermado. Llego al albergue, donde hay un porrón de gente. Me despido, la camita está tan cerca… El saco me da su calor y, poco a poco, mi cuerpo se va relajando. Pero, no, no era el final. Entran Cuco y Gazpacho, con la juerga debajo del brazo, y nos convertimos en border line y también, en mi caso, en oruga o gusano. Otra vez las risas, mi cuerpo convulsionado…
Amanece. Desayuno copioso entre zumos, café, magdalenas, valencianas y chocolate. Hay que reponer fuerzas, pues Cuco y Gazpacho ya están preparando los arcos. Vamos a la explanada, justito allá abajo. Una caja de cartón, una de zumo, y comienza el tiro con arco. Probamos casi todos/as, incluso algún/a niño/a del pueblo. Eso sí, darle al blanco es más difícil incluso de lo que había pensado…
Javi es enseñado por Cuco a manejar el arco. Al fondo, Pepín también hace sus pinitos.
En la iglesia, Cuco y yo escalamos un rato. Bueno, Cuco, más o menos, escala; yo asciendo, a duras penas, por el rocódromo. Eso sí, en la pared más fácil llego hasta arriba del todo…
¡Ese pedazo de Cuco escalando!
Del arco, pasamos a las cariocas. Mare mía que difícil es mover bien estos artilugios circenses. Hago mis pinitos, con mucha más pena que gloria, en el mundo de los malabares…
Soy realmente pésimo dándole rulo a las cariocas
Pepín coge la gaita. Carmen, Belén, Pilar y Jessi, empiezan el paloteao. Pronto se animan, Javier y Jorge y, al rato, este pequeño Pibe también le dará a los palos. Aquí, sí que soy un crack. Pillo el ritmo y el movimiento de brazos a la primera. Era una pieza fácil, pero para ser mi segunda vez… y la primera fue con palillos chinos y en cinco minutos de curso de monitor loco.
Pepín, tocando. Al dance, Carmen, Pilar, Jessi y Belén. Atentos al baile, allá al fondo, Gazpacho y David
Aprovechada la mañanita, llega la comunitaria comida. El menú: Cocido español como plato fuerte; además, longaniza y morcilla a la brasa, ensaladitas, queso, fuet, chorizo… Un sin fin de alimentos para dejarnos llenos. También está la opción de comer entrañas de niños, pero al enterarse de mi presencia, están todos bien recogidos. De postre, naranja y, como sigo riendo, me cuesta una eternidad terminarla.
Llega la peor hora, la de recoger y la despedida. La foto obligada de toda la expedición será el único momento que estamos todos/as juntos/as. Cada uno/a a su coche o a su furgoneta, y la carretera nos llevará a Caspe y a Zaragoza… Al menos, nosotros, hicimos parada en Huesca, que retrasa un poco el adiós y la llegada a la urbe en que ya se respira el aire de fiestas.
La fotico de grupo antes de la despedida (imagen cedida por Jessi)
En fin, hasta aquí mi visión de la estancia en Ibort. Ahora, espero impaciente los textos y fotos de Carmeneta y Scotty, así como las fotos y videos de Jessi, que pueden ser ¡brutales!
Gracias a todos/as por hacerme pasar un fin de semana tan estupendo. Y, sobre todo, a Carmencita, por encargarse de organizar todo con tanto esmero. Un besazo quillos/as.
lunes, 24 de diciembre de 2007
Blade Runner: The Final Cut
Como ya adelanté, en mi estancia en Madrid, decidimos ir a ver Blade Runner: The Final Cut. Quizás no era la mejor decisión, pero sí la que mejor nos venía. Además, ver esta película en pantalla grande y en VOSE merecía la pena. La película no contiene muchos cambios con respecto a la versión del 92, aquella en la que ya había desaparecido ese final feliz impuesto en su estreno por los directivos de la Warner, en la que Deckard (Harrison Ford) y Ráchale (Sean Young), vuelan juntos y enamorados, ¡lalala! También, se mantiene la escena del unicornio y la desaparición de la voz en off para narrar en primera pesonra, que le confería aún más toda esa cercanía al cine negro que posee el film, con la femme fatale, la constante escasa iluminación (siempre en oscuridad o penumbra), o la figura del protagonista (una especie de policía solitario con doble moral). Por el contrario, se añade una escena de bailarinas orientales que aparecen ligeritas de ropa y moviendo sensualmente las caderas.
La película, enmarcada dentro de la Ciencia Ficción, no se queda simplemente en mostrarnos la insubordinación de la máquina (androides, aquí llamados replicantes), contra el hombre, que es su creador. Va más allá y, partiendo de la figura del “robot”, nos muestra una alegoría de la rebelión del hombre contra su creador, que no es otro que Dios, según gran cantidad de religiones. La escena donde mejor se muestra es aquella en que Batty (el replicante más malo, maloso), mata a Tyrell (su creador). Cuando ya no hay remedio a la muerte, cuando sólo hay indiferencia y ninguna solución por parte de su creador, decide exterminarlo: ya no hace falta Dios. Recordemos que los “Nexus 6” sólo tienen cuatro años de vida, algo que les da auténtico miedo y pavor; ésta es la razón por la que se han rebelado y buscan a Tyrell en busca de una solución. Con la desaparición de Tyrell (es decir,de Dios), Batty pierde toda noción de dependencia, convirtiéndose, por así decirlo en su propio Dios. Sin duda, eso me recuerda a la maravillosa cita que leí en una ocasión y que decía algo así como: “El hombre es el único Dios válido para el hombre”.
La verdad es que mereció la pena volver a ver esta película de asfixiante atmósfera e incesante lluvia, que viene acompañada por el inquietante ¿anuncio? de la japonesa y su machacante canción oriental.
jueves, 20 de diciembre de 2007
La nieve... y un beso
No recuerdo muy bien la fecha, pero sé que nevaba. Fue una noche de esas que hacía un frío intenso y que, no recuerdo muy bien porqué, fuimos a buscar a Rodri y a Susana para que salieran con nosotros de marchucón. En el bar, había tres quillas más, así que nos las presentaron y propusimos ir a tomar algo.
Conformado un grupo de siete pendejos/as, nos fuimos a tomar algo al Linares. Al salir, de camino al Calaveras, se puso a nevar. A mi lado, hablando conmigo, estaba una de las quillicas (y para evitar posibles comentarios, matizo que no me atraía en absoluto), que acabábamos de conocer. Me giré un poco más y le dije: "quilla, vamos a darnos un beso, que me hace muchísima ilusión besar a alguien, ahora, bajo la nieve". Así que nos acercamos y juntamos nuestros labios en un cariñoso y amistoso beso. Nos apartamos, nos sonreímos, y dije: "ala, que guais, que ilusión". Y nos echamos a reír. Así, más contentos, marchamos al Calaveras a seguir el baile…
Nieva pocas veces en Zaragoza, por eso una acción tan absurda tomaba una relevancia especial. Tan solo fue un efímero beso; pero, al recordarlo en el autobús de regreso de Madrid, se dibujó una sonrisa en mi rostro. Quizás vuelva a nevar, quizás pida otro beso…
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Noticias del Mundo - Nieves Herrero es extraterreste

Y para comenzar, una que me impactó en demasía: Nieves Herrero es extraterrestre. ¡Brutal! No sé qué carajo tenían con esta mujer; pero, al tiempo, salió una careta recortable para poder disfrazarte de ella... Simplemente, genial.
martes, 18 de diciembre de 2007
a ti
"a Cristian, que vivo con él en diferido!!! Gracias por tus mails y tu blog, es sensacional. Gracias por ser así y seguir creyendo en el cambio, ojalá fuésemos más"
Así que me emocioné, me emocioné mucho, porque venía de una quillica a la que, a pesar de ver muy poquito, quiero un porronssssito. Siempre, siempre, me alegra encontrarme con ella. Sea donde sea, sea el tiempo que sea, porque sí, porque, aunque nunca se lo haya dicho, ella también está dentro de esa gente a la que quiero mucho. Y, además, al contestar a su correo "eléctrico" se me olvidó decirle que hoy, en el autobús, después de mi viaje a Madrid, y de algunas conversaciones que allá tuvieron lugar, me había planteado si, de verdad, merecía la pena seguir luchando, no sólo por "el cambio", sino por tantas y tantas cosas... Pues bien, después de leer sus líneas, sin lugar a dudas creo que sí, que me merece la pena creer en el cambio y seguir viviendo conforme a esa manera mía de entender la vida, el mundo, las personas...
Por eso, ma chérie quillita, te mando un regalo. Tan sólo es un beso, pero con tanta fuerza y tanto cariño que te haga sentir que, aunque "vivas conmigo en diferido", para mí siempre estás presente.
Gracias.







