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miércoles, 28 de febrero de 2007

La sombra

Platón nos habló del estúpido mito de la caverna, creo que más consciente que nadie de que la debilidad humana haría caso de tan absurda teoría. Sí, él ya era consciente de que influiría de una manera determinante a la hora de interpretar las cosas. Y, necios de nosotros, hemos seguido sus enseñanzas cegados por la búsqueda de la verdad absoluta y rechazando las sombras que, como una cortina, ocultan la verdadera esencia de las cosas.

Mas él estaba equivocado. No hay verdad, no hay sombras, no hay caverna posible. Desde aquí proponemos la humillación a Platón por otorgarnos la mayor maldición posible: el mundo ideal.

Su teoría ha servido para explicar la teoría de la fotografía que parece regir las pautas a seguir. Es más, su teoría sirvió para argumentar la imposición de la fotografía como un arte más. Veamos. La realidad está allí, y la cámara, como si de una caverna se tratase capta esa realidad para transformarla en sombras. Así, se consigue el subjetivismo en la fotografía, así se separa de la objetividad que parece ser una lacra para la creación artística. Pero ¿acaso se ha tenido que aplicar eso a la pintura, la escultura, la arquitectura o a la escritura? No, nunca. Es detestable.

La fotografía es mucho más objetiva que la realidad que nosotros creemos verdadera. Pues ¿no es la fotografía un papel impregnado en el que aparece, por medio de luces y sombras, una imagen que todos apreciamos de una manera mucho más parecida? Ahí, empieza la subjetividad, no antes. Y no importa la intención del fotógrafo, ni que todo esté preparado, claro que no, porque lo que él nos entrega es su visión de las cosas reducida a un cuerpo material puramente objetivo.

La fotografía es algo objetivo, al igual que las sombras ¿O acaso no existen las sombras y no son tan válidas como los árboles, las casas, nuestras madres y los perros del vecino? La fotografía es arte… pero la subjetividad acabará matándola, porque es una excusa demasiado simple para defender esa condición. Lo objetivo es subjetivo, porque lo objetivo no existe más allá de nuestra interpretación.

jueves, 8 de febrero de 2007

La caída

La caída del hombre, su esclavitud en vida, su extermino, la más absoluta pérdida de dignidad, apareció con la idea del ser superior, unitario, perfecto, omnipresente, omnipotente. Esta idea ya la apuntaron los pitagóricos (malditos seáis por vuestras teorías), pero fueron los escritos de Platón los que más influirían a la hora de hundir al hombre en el más profundo de los abismos. Y lo fueron porque ayudaron mucho a crear la idea de Dios y el monoteísmo que hoy impera, aunque en diferentes religiones, en la Tierra.

Platón nos ha maldecido, nos ha dejado la peor de las herencias posibles. Ahora, desde que nacemos todo es Platón, todo, aunque no nos demos cuenta. Nos crían en Platón, nos educan en Platón y, sin querer, acabamos viendo como Platón. Sería fácil desligarnos de Platón, ah, pero entonces topamos con la imperante incomprensión del pensamiento monoteísta. Los demás debemos comprender sus ideas; pero, ellos no se interesan por las nuestras, puesto que a sus ojos no somos más que pecadores.

El monoteísmo nos ha jodido bien jodidos. Estamos sometidos a la voluntad de un ser superior que vela por nuestra seguridad y salvación. Todo lo que ocurre es porque Él quiere, y encima debemos pedirle clemencia y misericordia. Sí, estamos más que jodidos. Sometidos a su inmenso poder, ya nada depende de nosotros: si caemos, deberemos esperar a que Él nos levante; si ganamos, tendremos que darle las gracias; si marchamos, Él habrá movido nuestras piernas. Ya nada nos pertenece, todo es de Él. No hay voluntad propia, ya nada depende de nosotros, ya no podemos hacer más que esperar a que su benevolencia nos señale. Es la maldición del hombre, porque así sólo queda caos, desesperación, caída, humillación, muerte y destrucción.

Y ya está bien, porque así sólo hay guerras, envidia, odio, ira, pues no somos capaces de ver que en nosotros radica la posibilidad de avanzar. Alcemos valientes nuestra condición de seres humanos, porque eso es lo que nos hará fuertes en nuestra inmensa debilidad. Seamos enérgicos y rechacemos nuestra esclavitud y servidumbre del dios superior, porque el único dios válido es el hombre.