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miércoles, 7 de enero de 2009

Vecina

Hay seres que aparecen y desaparecen. Hay seres que aparecen, parece que van a desaparecer y ¡zas! justo en el momento necesario están de nuevo por acá. Es el caso de María, mi vecina.

Ayer, después de un porroncillo de días (desde mucho antes de inicios de las vacances), sin verla y sin saber prácticamente nada de ella, me llamó. Estaba ya en Zaraguaya y me preguntaba cuándo podríamos quedar a echar una cerveza. Hoy, realmente, hoy que no me apetecía mucho estar solo por le monde, hoy, como he remarcado, era un buen día.

Quedamos a las nueve, mas no hubo cerveza. Nos acercamos a su casa para estar de tranquis charrando. Nos sentamos en el sofá, hablamos un rato y... sí, allá estaba, ante mis ojos, aquella serie que nos dio a conocer a Laura Palmer. Pusimos un capítulo y, después, el episodio piloto. De nuevo, ante mí, aparecía Twin Peaks en la pantalla. Una obra maestra para televisión...

Lo malo es que nos entró el sueño. Lo bueno es que es vecina y vive a un minuto de mi casa. Así, el frío es menos... y puedo darle ya a las teclas.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Un libro, una ilusión

Acabo de tomar un cafelillo rumbero con María y le he contado (entonces me he acordado de que debía escribirlo), una de esas cosas que me encantan.

El Viernes, en el Calaveras y Diablillos, conocí a una quilla de la escuela (de Estudios Sociales). Nos pusimos a hablar y, claro, como no, le pregunté el nombre: “Anaïs”. “No puede ser, que guais. Que ilusión”. Ella, perpleja. “Ah, es que así se llama mi escritora favorita”

Lunes matinal. Voy camino a la escuela. “Hostias, la tienda de yayos.” Decido que voy a entrar y le voy a comprar un libro de Anaïs Nin a esta quilla recién, y apenas, conocida. Me introduzco, ya sé dónde podré encontrar, si hay, algún diario de esta maravillosa mujer. ¡Sí! El Diario I, una puta joya literaria... Se lo compro. De repente, debajo, en la “O”, leo Anaïs Nin, Ser mujer. “Coño. Este es para mí”.

Salgo de la tienda, la sonrisa en mi rostro. Tengo un librito para mí y otro para Anaïs. “Lo llevaré siempre encima hasta que la vea”... Levanto la mirada y, allá está, caminando delante de mí. No puede ser. He entrado para comprarle un libro y nada más salir me la encuentro ¡Es increíble! Acelero el paso, la detengo, le doy dos besos y le entrego el libro. Ella, perpleja. “¿Y esto?” “Ya ves, como te dije lo de la escritora, pues...” “Jo, es que nunca me habían regalado un libro así por así” “Buah, yo es que soy así” “Pues sabía de la existencia de esta escritora, pero no he leído nada” “Pues, mira, ya puedes”.

No podré olvidar la mirada de esta quilla en este momento, su ilusión... Yo le regalé un libro, ella su sonrisa. Creo que salí ganando.

Besos

martes, 6 de febrero de 2007

Tres luces

Hoy vuelvo a las tres luces, como hice algún tiempo. En aquel entonces, narraba un viaje estupendo. Hoy, vuelvo a ellas, porque es triste sentir que hay personas que te decepcionan. Las luces unen dos momentos y, a pesar de todo, sólo queda sensación de tristeza. Es la putada de los duendes, que nunca se enfadan. A pesar de todo, me quedan muy gratos recuerdos. Repetí Nochevieja, y en ésta ya no llevaba sombrero. Sí, espero que aún queden calles de inesperados encuentros. Una, delante de mí; la segunda, en mi rostro; la tercera, a mis espaldas, muy tenue, azulada, como el mar. Lunes, día de fragmentos.

“Está saliendo el sol, parece paraíso…”

Me encanta esta cita de Anaïs Nin:

“X se contenta con un fluir de las personas que para él no son vitales. Dedica a este flujo su tiempo, su energía, sus ideas, su conversación, su correspondencia, pero no se da a sí mismo. Cree que así se comunica con el mundo”.

Y yo, aquí, entre la yuca y la palma, comunicando para toda la Galaxia.

Hoy me compré la revista Geo. Está dedicada a mi querida y linda Colombia. Sería bonito que os hicierais con ella. "Colombia. Adiós a las nubes". Una vez, ayudé a quitar nubes; pero, volvió a coger el paraguas. Deseo que cojas sombrilla, que, en Colombia, hay sitios con mucho Sol, de ese que saluda al despertar.

El Lunes, como el Domingo. Un anuncio inesperado. Así, por móvil, por mensaje, tan frío… Y mientras, unas fotos que no están, a pesar de que el Miércoles me dijeron que era hoy el día adecuado para recogerlas. ¡Me chingaron, pero bien! Mañana, médico; media mañana perdida (por cierto, me van a tener que hacer radiografías). Miércoles, a llevar las fotos; media mañana perdida. Y el Jueves examen. ¡Me chingaron, pero bien! Unas fotos que no están y, otras, que no sé si llegarán. Un mail inesperado. La alegría de leerlo. Pues claro, lo contesto. Te avisaré, no lo dudes.

Mi bambú se murió. Lo conservo podrido. Siempre me olvido de tirarlo. Hubo una planta que se llamó Pibe. Ahora, al mirar al bambú me he acordado de ella. Supongo que esa planta perdió el corazón y, por eso, se murió mi bambú. Menos mal que yo no soy una planta, y mi corazón bombea.

“Caminando por la carretera, no para, bombea…”

María. “María Guazas” se llama en mi móvil. Nos conocimos en el Calaveras y siempre quedamos allá. Bailamos como locos. Jajajaja, al final conseguí que te gustase Juanes. Los bailes, las risas, nos llevaron a las confidencias. “Eres el mejor del Calaveras”, me dijiste. El Sábado, “El mejor, sin más”. Es cierto, nos debemos un café. Gracias

Hoy, estuve con tres luces.