Mostrando entradas con la etiqueta kawabata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta kawabata. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de noviembre de 2010

Kawabata - Mishima

Me regaló Marta (sabia ella), para mi cumpleaños, Yasunari Kawabata - Yukio Mishima. Correspondencia (1945 - 1970). Obviamente, es una de esas joyitas en las que puedes disfrutar leyendo si tienes cierta predilección por estos escritores japoneses que escribieron obras tan maravillosas. Aproveché mi viaje a Madrid para fulminármelo en el AVE.

Si hay algo que me ha gustado de esta correspondencia es la veneración, el cariño, el respeto y la adulación que se tienen el uno al otro. Siempre se dicen palabras bonitas, llenas de afecto y de sentimiento. Y lo curioso es cómo se invierten los papeles. Se inicia con un Mishima que rompe en elogios hacia su "maestro" Kawabata, y termina con los enaltecimientos de éste hacia su joven amigo.

Les dejo con una cita:

Me sobresalté frente a esta magnífica observación: "Alma: ¿De qué sirve esta palabra, sino para calificar la energía que circula en toda la creación?" [...] "El alma, ¿no es un concepto que incluye la totalidad de las existencias y las no-existencias? [...] El alma, esta forma de tiene por actividad englobar a todas las cosas, se metamorfosea, se traslada sin cesar, y no conoce nunca la fijeza"

lunes, 25 de agosto de 2008

Primera nieve en el Monte Fuji, de Yasunari Kawabata


Traducidos por primera vez al castellano, los relatos de Primera nieve en el Monte Fuji fueron seleccionados por el propio Kawabata y publicados en 1958. Dos de ellos, Un pueblo llamado Yumiura y El crisantemo en la roca, fueron incluidos posteriormente en una antología de sus cuentos favoritos que se publicó poco después de que recibiera el Premio Nobel de literatura en 1968.

Con el gran Kawabata (a quien leí este veranito), volví a admirar esa peculiar forma que suelen tener los japoneses al escribir (o tenían), tan delicada, tan llena de sensaciones y sentimientos, y en que la belleza y lo efímero forman parte indeleble de cada una de sus narraciones.

Os dejo unas líneas que, simplemente, me sacudieron el alma:

"Lo que una vez florece debe marchitarse
nos encontramos para despedirnos
un solo encuentro es igual a una promesa de
cincuenta años..."