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lunes, 21 de junio de 2010

New York Ska Jazz Ensemble en Arena Rock

Había visto los carteles hace tiempo. Anunciaban un concierto de Muchachito Bombo Infierno para el día 17 de Junio. Ya lo he visto en varias ocasiones; sin embargo, presentaría nuevo disco, rasgaría las cuerdas de la guitarra aceleradamente y nos llevaría, lo más seguro, por el baile desenfrenado. Vamos, que ya me había entrado el gusanillo...

Bajé a hacer un recadillo rumbero. Al pasar por un escaparate de San Vicente de Paul McCartney lo vi: New York Ska Jazz Ensamble en directo. - "¡Uau!". Pensé - "¡No me lo pierdo por nada del Mundo!" Era el mismo día: 17 de Junio en Arena Rock. No dudé ni un segundo, ya tenía mi elección.

¡El concierto del Jueves fue brutal! Ska, jazz, reggae, blues... invadía con contundencia, no solo la sala, sino a cada uno/a de los allá asistentes. El grupo salió tarde, muy tarde; pero, lo hizo con ganas. El público, en seguida, se entregó al baile. Ese ritmo, esa música, se te metía hasta los huesos. Penetraba en tu mente y te dejaba chingaladamente apabullado. Todos/as estábamos atónitos/as ante semejante bestialidad musical. ¡Increíblemente buenos estos quillos, carajo!

Señores y señoras, para mí, este Jueves en Zaragoza solo hubo un concierto y, en mi absurda opinión, ese fue el de la New York Ska Jazz Ensemble. Vean, escuchen y disfruten al máximo este vídeo:


miércoles, 18 de noviembre de 2009

Kenny Garrett en la Multiusos de Zaragoza

imagen extraída de: www.jazz.edu/gallery/kenny_garrett.jpg

El Viernes pasado tuvimos el lujo de poder presenciar el concierto de Kenny Garrett. Después de unos años de sequía jazzística en mi agenda (sea por falta de dinero, sea por trabajo), podía volver a asistir a uno de los conciertos del ciclo de Jazz Zaragoza (sin contar el de Buika, que estaba fuera de abono). Para Marta, era su primera experiencia en este maravilloso estilo musical, así que también marchaba expectante hacia cómo sería su reacción.

AL llegar, nada más salir de mi labora, y de poder saborear unas deliciosas croquetas caseras y un riquísimo bocadillo de tortilla de atún que me había preparado la "Señorita Seis Dedos", quedamos perplejos del montón de gente que había acudido a la cita. Recordé que, en los primeros conciertos que pude presenciar (hace ya unos años), había mucha gente ¡pero no tanta! Eso era señal de que este festival de había asentado fuerte en Zaraguaya y que, cada año, va sumando adeptos.

Después de los teloneros, con muy buenas intenciones, con calidad, pero con un poco de falta de "fluidez", llegaba la hora de Kenny Garrett. Marta y yo, como no teníamos sitio en ninguna mesa ni teníamos sillas libres en los laterales, nos sentamos en el suelo, próximos a la pared para no molestar, y nos dispusimos para disfrutar juntos el concierto. Pronto, afortunadamente, un pequeño grupete debió de pensar que era buena idea y se ubicaron, de la misma manera, a nuestro lado. Así, ya no estábamos solos en nuestro "atrevimiento".

Desde el inicio, y a medida que se iba desarrollando el concierto, a mí me iba atrapando cada vez más, hasta el punto en que había momentos que quedaba totalmente enganchado. Comenzando por el free, pronto nos condujo a ritmos más kunkyleros, para volver al free e, incluso, a un sonido más pop. Así, era imposible cansarse (que ya lo es de por sí) de un jazz más loco y más difícil de digerir, en ocasiones, pero que entusiasma y engancha en esa sensación de navegación sin rumbo en que se convierte su escucha. La pieza empieza y, poco a poco, sin que te enteres va introduciéndote en diferentes ritmos, hasta el punto en que ni siquiera sabes cómo has llegado hasta allá. Comprendes en lo efímero que se convierte un sonido, una melodía, aunque se haya grabado, aunque mil veces que se haya ensayado. La pieza comienza, pero nunca sabes hasta dónde va a llegar...

El final, en el jazz, por lo general es apoteosis. Y el señor Garrett se encargó de recordárnoslo. Reclamó al público, le pidió que aplaudiera, le indicó que se acercase al escenario a bailar y esperó a que se implicase en el concierto. "Una más, una más", preguntaba cada vez que parecía que el concierto iba a terminar y, así, iba continuándose, repetidas veces, casi hasta el infinito, la misma melodía. La gente estaba disfrutando. La gente estaba alegre. La gente contorneaba su cuerpo al ritmo de la música. Nunca olvidaré a la pareja que teníamos delante, con sus sesenta y pico años, bailando, con los ojos iluminadísimos, los últimos compases de la velada. "Quien les hubiera dicho que iban a terminar así este concierto de hoy", comenté a Marta. Y la vi sonriente, dando palmas y bailando. Y la vi emocionada... ¡y estaba preciosa!

Creo que fue en ese momento (y no antes), cuando ella descubrió la magia del jazz...

lunes, 2 de noviembre de 2009

Buika en la Sala Mozart

Marché con Amayuski a ver a Buika la semana pasada. Esa misma nuit, me enteré que era en la Sala Mozart, lugar donde había presenciado ya algún que otro concierto del ciclo de Jazz en Zaragoza.

Comenzó bastante puntual, con los cinco-diez minutos de cortesía para aquellos/as tardanos/as. Su voz, al principio algo "tocada" (parecía como si estuviera malita de la garganta), fue ganando en intensidad y, poco a poco, fue llevándonos por el ensueño de sus palabras y de la música del piano y, posteriormente, la del contrabajo y las percusiones. Dedicando canciones, hablándonos de aquellas nanas que escuchaba de su madre, haciéndonos partícipes de algunos de sus sentimientos, se mostraba como una persona cálida y cercana: "pero que majica es esta chica", comenté en un momento de la actuación.

Un concierto magnífico en el que lo peor, sin duda, fue el contexto: una sala demasiado fría para un concierto tan cálido.