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martes, 25 de noviembre de 2008

Niña Frida


Ayer nuit, quedé con Amaia (me alegro mucho de que le gustara) y Luz para ir a ver Niña Frida. Al llegar, estaba también Conchi, una quillita de agradable sonrisa que nos acompañó también en la visualización de Ángel. Asimismo, me sorprendió la presencia de Javi Joven (a quien había avisado el fin de semana, pero que no se acordaba), pues había quedado con Paloma. Así, cuatro quedábamos en la fila nueve y dos por allá alante...

La obra comenzaba con una Frida ante el espejo, una Frida ya mayor que comenzaba a narrar sus recuerdos. Nos situaba en su nacimiento, en su niñez, en la época de la enfermedad que la dejaba coja... Algo le faltaba a la obra, quizás era fuerza, no lo sé. De aquellas etapas, un momento divertido y dulce fue el de los juegos con sus "amigas". Avanzaba la obra y, cada vez, iba ganando en intensidad, hasta que llegó a un punto en que ganó tanta, tanta, que me enganchó por completo: Frida y su amiga imaginaria. A partir de este momento, la obra adquiría otro carácter, mucho más fuerte, más imaginativo, más intenso.

Foto extraída de: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=457785

Muy dinámicos se presentaban los sucesos previos al accidente en que Frida quedó herida de por vida. Seguidamente, y con gran maestría narraban citado accidente. Posteriormente, todo se convertía en color y ganaba en estética. La belleza de los movimientos, de los colores, de la composición en el escenario, mostraba tal delicadeza que me entusiasmó por completo.

Salí contento de la obra. A pesar de que la danza (y eso que no entiendo na' de na' en este ámbito), se veía muy limitada y no adquiría un nivel muy elevado, y las interpretaciones tampoco llegasen a la altura esperada, la conjunción de unos movimientos y una belleza visual sorprendente, y una historia que poco a poco se hacía más y más envolvente, ofrecen a esta obra que conjuga teatro y danza unas muy grandes posibilidades. Sin duda, una obra muy recomendable que emociona por su gran belleza visual.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Por quién lloran mis amores?

Hoy marché al Teatro del Mercado a ver danza. Corría a cargo de L'Explose (Colombia), y el espectáculo se convertía ante mis ojos en una mezcla de danza y cierto estado teatral. Al comenzar, tanto por el escenario como por los movimientos de la danzarina, se podía apreciar que estábamos ante una presentación del mundo de esa mujer que se debate entre los miedos y las ganas de poder empezar a amar. Entre una especie de prisión, de opresión, de propio encarcelamiento, y la liberación de dejarse llevar. Por ello, al principio, sobre todo, transmitía una angustia difícil de soportar. A medida que avanzaba, ella se dejaba llevar cada vez más por el deseo sexual. Y, finalmente, se ve claramemte como rompe todas esas barreras y, por fin, encuentra la manera de amar, de encontrar la ternura, presentándolo con la suavidad del deslizamiento, y el acurrucamiento y la paz.

Para ello, se vale de un escenario totalmente limpio de decorado, pero abarrotado de vasos de cristal, pequeños obstáculos que irá quitando a medida que avanza la danza. Vasos que acaba rompiendo, sobre los que termina bailando (incluso se aprecia la sangre en su minúsculo y transparente vestido). Sus movimientos, tan bruscos como mecánicos, se mezclaban, sobre todo al final, con otros más suaves y harmónicos.

Así, se convertía en una obra que me hacía sentir, que me tocaba por dentro.

La única pega, por ser algo exigente, es el momento en que la bailarina mueve los vasos, prepara el escenario, pues corta un poco el desarrollo. Mas, al formar parte del drama, hay que ser consciente de que es necesario. Sin embargo, la primera vez que retira vasos, tarda mucho tiempo y se hace un poco eterno. Pero, bueno, ha sido una obra que me ha encantado y que me ha llegado muy adentro.

Lo curioso es que hoy también me ha sorprendido encontrarme con Colombia, pues acudí al teatro sin saberlo. Ayer con el boogaloo y hoy con la danza. Algo me llama...