lunes, 5 de febrero de 2007

Babel

Hoy es Domingo (bueno, ya Lunes), y acabo de salir del cinema: Babel.

Como ya suele ser habitual en mis Domingos, los planes programados el día anterior se van al garete, debe ser una extraña “maldición” efectuada desde los más oscuros rincones de estrechas callejuelas, entre sapos, culebras y sangre de gallina desparramada por las aceras.

La mañana fue tremenda, mas no la cambiaría, de veras. Hoy, de matiné, tenía que ir a hacer fotos para el proyecto de CC. OO. que comenté. Quedé con Laura, la coordinadora, para ir a la Almunia y hacer instantáneas de una manifestación programada por el colectivo de musulmanes de citado pueblo. La causa: pintadas en las paredes de la mezquita que insultan a la población que practica mencionada religión. Ella me dijo la hora de partida, así que con mi puntualidad habitual (llegué cinco minutos antes), acudí a la plaza donde habíamos quedado. Mi cuerpo, hecho trizas; mi mano, dolorida; mis ojos, apenas entreabiertos. Subimos al coche y me quedo dormido… Abro los ojos y una señal indica que estamos a un kilómetro de La Almunia. Miro el reloj, han pasado ya 20 minutos desde que había comenzado la manifestación. Obviamente, llegamos tarde; por supuesto, ya no hay trabajo que realizar. No obstante, ahí estaba Primo, que había acudido por su cuenta y había hecho fotografías.

Regresamos. Laura me pide perdón. No, no, quillita, eso sí que no. No sé, llegamos tarde y punto, no hay más. Además, gracias a ti, he madrugado y, para buscar tu e-mail y el de Primo, nada mejor que recoger mi habitación.

“Tengo la camisa negra y una pena que me duele, mal parece que solo me quedé…”

Pero, estoy contento. Hemos ido hasta allá. No hemos hecho fotos, pero conocimos a Mustafa. Sin quererlo, he vivido lo que esta noche me contaría la película: vivimos en esa Babel que está a puntito de derrumbarse si no hacemos nada por evitarlo.


Llego a casa y como. Descanso un poquito mientras espero la llamada de Rita para quedar e ir al cine y visualizar Babel. Esa llamada nunca llegó, mi plan se iba al carajo. ¡Hey, Ho Let’s go! Un mensaje: no puede quedar. Se chingó el Domingo...

“Quiero pasar más tiempo junto a ti, recuperar las noches que perdí…”

Improvisación. Llamo a Javi y me acerco a tomar un café. Babel, Babel, Babel… tengo que ver la película hoy. Se me quedó la espinita clavada. He de ir al cine, no puedo perdérmela hoy, ya que me hice a la idea. Pero, antes, hay que cenar. Vamos a comer un kebab. De camino, Belén, Virginia y su hermana ¡Qué alegría encontraros, quillas! Y os vuelvo a saludar después del bocadillo en pan de pita. Belén, con Babel no; pero, quizás otro domingo que no tenga curso, podamos ir a ver alguna peliculilla si te/os animas/áis, que anda que no estaría guachis ni na’. Vir, si puedo haré de animador de tenderas esta semana, aunque voy liado del carajo. Lo del techo era broma... jajajaja.



Babel. En la sala hay poca gente. Es Domingo, las 22.30, así que ya sabía que estaríamos cuatro gatos. Tres cosas que no me gustaron: Una, que no pudiese venir Rita; me habría encantado haber podido comentar, al salir de la sala, algunas cosillas: “este mundo está mu raro…”; la segunda, mi imán para atraer a los pesados, pues justito detrás se sentaron un grupo de palomiteros parlanchines (y mira que había sala…), que no paraban de cascar y hacer el molesto ruido del chocar los dedos con las palmitas y el cartón; finalmente, que, en Zaragoza, sólo proyecten esta película doblada (viva la V. O. S. E.), cuando, precisamente, se titula Babel. ¡No jodas, hideputa!

No había leído ni una sola crítica sobre esta película. Hasta ahora, sólo había escuchado comentarios, unos positivos, otros bastante malos. Javi me comentó que las críticas malas se centran en que es una película política y que “no sé qué y no sé cuanto” ¡Al carajo! Me comentó que había leído o escuchado que se centra en el miedo a perder a los hijos, en una crítica de las buenas… Pues bien, considero que no sólo está ese miedo en la pérdida de los hijos lo que va marcando el discurrir de la película, sino en la pérdida de aquellos seres queridos que te rodean y con los que convives día a día, sean tus hijos, tus padres, “tus sobrinos”, o a ti mismo. No obstante, va más allá, nos presenta esa Babel que estamos construyendo en la actualidad, la de ese mundo globalizado que, sin embargo, sigue conservando unas fronteras tan marcadas y que tanto daño hacen. Y, por supuesto, allí entra la política, interesada más en esas fronteras, en el miedo, en el dinero, antes que en las personas. Ah, pero eso no es todo, sino que también nos muestra la Babel que levantamos cotidianamente, a nivel individual, en pequeños círculos, en nuestra urbe. La confusión, una vez más, paralizando a la humanidad. Demasiadas torres sustentadas con tan pequeños cimientos.

Después de 21 gramos, película correcta pero nada más (el nivel de Amores perros era difícil de superar), me he encontrado esta joyita. Todos/as aquellos/as que no les guste Babel, han visto otra película, jajajaja. Me ha parecido buena, muy buena. Hay una escena, quizás una tontería, que me ha encantado y emocionado. Es cuando Brad Pit (no sé como se escribe), le da dinero al guía y éste lo rechaza. Ese hecho aislado, que quizás pasaría desapercibido, en esta película toma un gran significado, al menos para mí. Buf, si se me han puesto los ojos vidriosos y to’. Os la recomiendo, os la recomiendo. No os la perdáis, pendejos/as. Y a los que no les guste que se deleiten con la nueva película de Mel Gibson, que debe de ser tan mediocre como su lamentable falta de rigor histórico. Por favor, que alguien le quite la cámara de la mano a este señor…

“La gente se está matando, la gente se está muriendo, y yo sigo aquí sin comprender. Qué pasa con el mundo que está tan inmundo. Qué pasa pregunto, qué pasa pregunto…”

Samsara, afirman al salir del teatro, que tenemos una función en este mundo y hay que descubrirla para llegar a estar bien con nosotros mismos. ¡Ay! Qué elevado nivel le damos al ser humano. ¿Nuestra misión? Quizás sólo sea la de vivir hasta que morimos. Y, mientras tanto, pues a disfrutar, carajo, que son “tres días”.

“Cuando yo me voy para Medellín, en cada montaña yo dibujo trozos de ti. Y si yo me voy para Bogotá también allá, esa sabana bella de ti me hace recordar. Y he recorrido el mundo entero y jamás, te digo que he visto una cosa más bella que tu mirar…”

Me voy a dormir, que he de madrugar para irme a estudiar. A ver si mañana (hoy, para ser más exacto), tengo ya los fotomontajes positivados y así puedo llevarlos a que les pongan cartón-pluma, llamo a la médico para que me mire la mano (como me duele, leñe), estudio como un jabato y, lo más importante, sigo sonriendo a la humanidad.

Y, ahora, La Pulquería: “La otra orilla me espera, con los crisantemos que traerás…”

Buenas noches.

viernes, 2 de febrero de 2007

Lucho y Er Tunin

Os presento a un “nuevo” ser, un pequeño peluche que una noche cobró vida. Este diminuto personaje, nada más verme, vino a mí; se me acercó, me abrazó y decidió quedarse conmigo. Por esta razón, pensé que sería bueno cuidarlo. Ya, esa misma noche (no recuerdo cuántos meses atrás), o más bien, de madrugada, se hizo su primera foto. Fue, en ese momento, cuando le surgió la idea de hacerse fotografías en diferentes lugares, situaciones, ubicaciones, que le pareciesen curiosas. Así que pensé que sería bueno ayudarle. Por eso, mi Blog está a su servicio. Lucho, aquí tienes tu espacio…

Mi primera foto: "Er Tunin".

Gracias a Susana, que me sujetaba (soy pequeñito de tamaño), y a Pibe (tomó la instantánea), pudimos hacer esta fotografía. Los ojos así no significan que estoy de pirulas hasta las orejas; los tengo así, saltones y coloridos.

Un saludo a todos/as

martes, 30 de enero de 2007

Cita

¿Cuál es el significado de esa palabrita de cuatro letras que nos sacudimos del cerebro como dados: amor?
LAWRENCE DURREL, Mountolive (El cuarteto de Alejandría III).

viernes, 26 de enero de 2007

Se acabó la huelga

He decidido convertirme en una cabra de Pitarque, así que bip, bip, bip...

Como ya he cobrado (además de otra información que no puedo dar, por si acaso), he terminado mi lucha laboral, por ahora. ¿Por ahora? Sí, claro, porque creo que nunca dejaré de batallar, en primer lugar, por cualquier injusticia que se cometa en mi entorno más cercano. Salí guerrero, compadritos/as.

Una cosa que me llama la atención es que, a partir de mis actos, mis compañeros, ahora, me comentan las injusticias a las que se ven sometidos. Incluso cierta persona (no puedo decir quien, por si acaso, jejejeje), me ha "confesado" una cosilla en cuanto a su problemática laboral-vital. No sé, es curioso, porque no me habría imaginado nunca que me contase eso a mí.

Como ya comenté, considero que los trabajadores deben luchar por lo que creen justo. Desde hace tiempo llevo comentando que me jode que sean los propios trabajadores quienes, por miedo a perder su puesto, se quiten derechos laborales que tantos años costó obtener. Es decir, si con cada gobierno (que más da del color que sea, aunque con la derecha más), vamos perdiendo derechos, y a ello sumamos los que perdemos nosotros mismos por miedo ¿a dónde carajo vamos a llegar? Al Siglo XIX otra vez, pero con menos horas, jejejeje.

Bueno, que voy a seguir leyendo y estudiando, y, más tarde, divirtiéndome por las calles y bares de la urbe zaragozana.

Saludos. Bip, bip, bip...

lunes, 22 de enero de 2007

Estercuel: La encamisada. Y Pitarque, por supuesto

Llega aquí una nueva entrega de este disparatado Blog para toda la Galaxia. En esta ocasión, una narración llena de cultura, puesto que voy a intentar describir, entre los sucesos paranormales que nos sucedieron, una tradición de un pueblo turolense llamado Estercuel.

En un principio, yo había solicitado la descripción del viaje para hacerme un “planning” y, así, poder hacerme una idea de las cosas, con su horario aproximado, de lo que íbamos a hacer. Obviamente, mi hoja con el plan “detallado” no se aproximaría mucho a la futura realidad.

La salida estaba programada de madrugada. A mí, me recogían a las 6 de la mañana en la Plaza San Miguel. Mala vaina fue lo de salir de currelar del Calaveras y Diablillos a las 5.10 de la mañana. Vamos, me dio tiempo de llegar a casa, ducharme, ponerme ropita limpia y tomar un yogurt desnatado de camino al coche de “Cuco” (José Oscar de toda la vida, pero al final me lo han pegado las muy petardas). Allí estaban él y Virginia. La puntualidad, extrema. Casualmente, suena La culebra; no se pede pedir más. Falta nuestra cuarta pasajera, Olga, a quien recogemos también a la hora establecida.

No sé a que cabeza se le había ocurrido lo de parar a almorzar de camino. Pero si está todo cerrado a esas horas, carajo. De tirón, como no, llegamos a nuestro destino: Estercuel. Son las 8 de la mañana. No hay ni dios en las calles. ¡Ah! Suena “bakala” de una peña y vemos chispas de una hoguera que todavía está viva. Como hemos venido a bailar, pues, como no, yo bailo cual maquinero amante de Pastis y Buenri, al tiempo que como unas deliciosas mandarinas.

Las hogueras: La noche del Sábado-Domingo se queman hogueras en lo que se denomina La encamisada…


Tenemos también nuestra percepción especial del asunto. Como si fuera San Juan, decidimos quemar tres cosas malas, a ver si se van de una puñetera vez ¿no? Además, hemos de saltar la hoguerita (en este caso, brasillas humeantes, jejejeje). En la primera que vemos, de camino al hotel para desayunar, realizamos ya nuestro primer propósito del día: papelitos, saltos, fotos… Llegamos al hotel y decidimos quitarle una estrella porque está cerrado. Carajo, son las 8 pasadas y cerrado, no es normal. En la puerta, tres jóvenes con los ojos inyectados en sangre dan muestras de ir muy serenos, jejejeje. Y, de repente, dos tipos empiezan a saltar y a sacar maletines por la ventana del bar del hotel. Es su única forma de salir de allá, donde están atrapados. Son de la televisión, conjetura Virginia, quien acierta en su suposición.



Como no abren, decidimos bajar al Bar la Campana, para ver si está abierto. De camino, salto mi segunda hoguera, y lo hago con un estilazo que rompe moldes…


Cerradísimo de la muerte. Y mis compis de viaje se van a mear, dejándome solo en un pueblo desconocido para mí, mientras veo que baja un coche a 10 km/h. Tengo miedo, me hago caquitas, jajajaja.



Regresamos al hotel. El día de la marmota ha comenzado. Otra vez la misma hoguera, las mismas calles, la vueltecilla por el pueblo... Pasamos por la casa de Jesús, comentario que casualmente suena al ladito de la iglesia. Descubrimos que estos estercuelisquis (habitantes de Estercuel según el diccionario de Pibe), han decidido cambiar el nombre al pueblo. Utilizan una extraña numeración en sus portales, creo que para que pase a denominarse Jestercuel. Pero, esto sólo es una teoría. Callejeamos y, por segunda vez, llegamos al hotel. ¡Por fin! Está abierto. ¡Yiiihaaaa! Cafecito calentito, croissant, muñecas curiosas a la venta… Revivimos un poquito.


Llegamos a la plaza de la iglesia. Allí es donde tiene que comenzar todo. Están los de la tele-salta ventanas, y empiezan a llegar los primeros habitantes del lugar. En primer lugar, “La Llega”. Unos, entre ellos Jesús, tocan cancioncillas (mi incultura no me permite saber cuales son ni porqué son esas las que se tocan), otros van vestidos con capas (tipo Los Brincos), y sombreros, mientras otros (de dos en dos), llevan unas cestas grandotas entre las manos. Para mí, todo esto es realmente curioso; me siento como el aventurero de los Fraguel.



Empieza ya todo. Primero, con perro incluido, los músicos, los señores con capa y los quillos que portan las cestas, dan tres vueltas a San Antón. Seguidamente, se dedican a recorrer el pueblo. En algunas puertas, los/as estercuelisquis sacan una mesita con café, pacharán, vino dulce, pastas, magdalenas, galletitas, etc., para que puedan ser degustadas por aquellos que llevan a cabo la acción, así como por sus acompañantes (nosotros en este caso). Por tercera vez llegamos al hotel: día de la marmota, día de la marmota…

Tres momentos memorables en el callejear de música y baile. El primero, cuando, por fin, mojamos.



Como no, había que hacerse una foto. El segundo, el baile dedicado por Virginia y Olga a una jotera de 86 años (no cuelgo foto por las piernas ortopédicas con que sale Olga en su estupendo danzar, pero luego veréis un homenaje). Ah, no, que la foto de las piernas es otra. Pues la cuelgo, la cuelgo.



Bueno, yo después también hice mis pinitos...



Finalmente, al llegar a una mesa donde un amable señor había sacado longaniza, chorizo y panceta, entre otras cosas (llevaba yo un antojo de longaniza del carajo, os lo aseguro), lo que me pareció estupendo.


Llegamos a la plaza de la iglesia. Va a tener lugar la misa. Empieza a llegar gente y, entre ella, mujeres con mantilla y pañuelo en la cabeza. Nosotros decidimos volver a nuestro querido hotel. Cuarta visita, lo nuestro es delito. Eso sí, olivitas, pepinillos y cebolletas acompañan, en esta ocasión, nuestros refrescos.


Llegamos a la plaza justo cuando salen de misa. Empieza la procesión, con la cruz y San Sebastián a la cabeza. Una vez que termina, hay que acudir a otra plaza, donde se hace la entrega de mayorales. Aquí, se hace entrega de la capa y sombrero a aquellos que recorrerán las calles al año siguiente, así como la entrega de pañuelo a las mujeres del año venidero. Supongo que tienen otra misión, pero yo sólo he visto esto e ignoro cual es su acometer el día anterior al de nuestra visita.



En este acto, se da lo que yo creía que era "el reinau” donde unos/as voluntarios/as bailan una jota: Virginia y Olga salen a bailar. Además, se quema la aliaga más grande o más bonita, no lo sé, mientras danzan. Seguidamente, se da el intercambio de ropa anteriormente comentado. Ya veis, mis explicaciones son de aventurero loco de los Fraguel: descubriendo tradiciones para toda la Galaxia.




De todas maneras, acabo de buscar una explicación buena, extraída para vosotros/as en Internet:

La encamisada:
Todos los años, el fin de semana más próximo al día 19 de enero se celebra la fiesta de los Sanantones en la que destaca la procesión de “La Encamisada”. Los actos a celebrar en la fiesta propiamente dicha tienen este orden: la Salve en el portal de los Santos Mártires, el encendido de las hogueras, la procesión y cabalgata de la Encamisada por todo el pueblo y la cena popular alrededor de las hogueras. Se solía bailar esta noche la jota popular de “El Reinau”. Al día siguiente se realiza la “Llega”, una colecta para sufragar gastos de la fiesta, la “Misa Mayor” donde se hace la saca de “hacha” cuando los mayorales portan hachones de vela vestidos con blancos roquetes y el popular reparto de “pan bendito” por parte de las mujeres de los fiesteros ataviadas con bellos trajes de fiesta tradicionales; y para terminar el “refresco” y el “Baile de las Coronas”, un acto representativo del cambio de poderes donde los cargos salientes ofrecen sus sombreros a los entrantes en una danza. Los gaiteros que van interpretando las músicas tradicionales de cada ceremonia completan esta muestra de la idiosincrasia de las gentes de Estercuel que vale la pena conocer y disfrutar.


Nada más terminar, hemos de irnos pitando a Villarluengo, pues tenemos allá reservada la comida a las 14.30. Vamos, que nos vamos… Llegamos sólo diez minutitos tarde a la “Fonda de las quillas”, así que todo está correcto. Tenemos poco tiempo en este pueblo, así que vamos al mirador para que “Cuco” le eche la mano al… cuello a Virginia y, después, nos hacemos una foto “con Belén” ya que, finalmente, está ausente en este viaje. Tenías que haber venido, quilla… Al menos, para que veas, te hicimos un homenaje. Bueno, a ti y a las piernas bailongas de Olga, jajajaja.



Pitarque. Es demasiado tarde. Sólo podremos ir hasta la ermita, puesto que no queremos que se nos haga de noche en el camino de vuelta y el nacimiento del río queda más alejado.

De todas maneras, una vez en nuestro destino, bajamos al río para disfrutar de su sonido, de su transparente discurrir, e incluso hay quien se deleitó con su frescura ¡esa Vir! Por cierto, aunque lo niegue mil veces, a Virginia le gustó Pitarque.


Ya es de noche. Visitamos a la familia de Cuco y decidimos regresar. Anda lo que da de sí el asiento trasero de un coche. Una vez que tu compañera de viaje se quita la parte de arriba, los pantalones, y ya no haces caso a los comentarios de los de delante… Y como yo me había quedado sin masaje profesional (era mi último punto del plan), decidí hacérselo yo a ella, aunque la postura no era muy adecuada. Ya, ya, ya, los/as mal pensados/as, estaréis cavilando que sé yo. Sinvergüenzas, maleantes, especuladores de mente retorcida ¡Qué vergüenza, que vergüenza!

Saludos y espero que os animéis a disfrutar de esta festividad el año que viene.

La guerra no está perdida. Empieza una nueva batalla...

Bien, como muchos/as sabéis, estoy trabajando en el Gino’s, un restaurante que pertenece al grupo VIPS. Al firmar el contrato, y como he hecho toda mi vida, no entregué el número de cuenta. La razón es sencilla, cada empresa tiene su criterio para pagar y yo no soy adivino. Así que, como no me dijeron nada, no lo llevé. Al firmar, me dijeron: “Christian, trae tu número de cuenta, porque es pago domiciliado”.

Sabía de antemano que el primer mes que trabajas para citada empresa, te pagan el día 9 ó 10. El día 7 me acordé “No he llevado mi cuenta, carajo” Así que el 9 (martes) por la tarde les entrego mi numerito dichoso. Llega el Viernes, día 12, y no he cobrado. Me parece extraño, así que se lo recuerdo a mis encargados: “No he cobrado todavía, qué está pasando…” “Qué raro. Vuelve a traer tu número de cuenta y lo enviamos por Internet, a ver si se soluciona ya”. Lunes, Martes… sigo sin ver un chavo. Así que el Miércoles decido no trabajar. Les digo que hasta que no cobre no pienso trabajar... A pesar se ello, como el Jueves no he podido mirar si he cobrado, voy al trabajo. Por su puesto, no hay un chavo en mi cuenta. Viernes, día libre, así que prefiero ni mirar mi cuenta, mejor lo dejo para el Sábado.

Sábado matinal. Mi libreta se queda igual al consultar movimientos. Bueno, miento, me han devuelto el recibo de la luz. Llega la tarde, llamo al trabajo: No hay nada para mí, ni talón, ni na’ de na’. Los encargados me entienden, están conmigo, pero si no trabajo obtendré mi segunda falta. Me dicen que no me lo merezco, pero que es la orden que tienen ellos. Bueno, dos faltas, que le voy a hacer. Mi lucha está presente.

Domingo, día libre… que alivio. Decido viajar. Estercuel y Pitarque son nuestro rumbo (el día de Domingo lo dejo para el blog).

Hoy es lunes, y quizás siga sin cobrar. Ya es 22, el 9 queda tan lejos… Además, si me dan un talón hoy (la cuenta sigue igual), como pronto lo ingreso mañana, día 23. Bien, hoy, por cojones, he de trabajar. A la tercera falta sin justificar es como si te fueses tú voluntariamente, hay que joderse. Y yo me pregunto:

¿No es una falta justificada no trabajar porque no cobras? Es decir, firmas un contrato en el que percibes un salario por tus servicios. La empresa es la que no cumple su parte, puesto que no paga, ya que tú si que estás dando los servicios; así que, en mi opinión, la falta no es injustificada. Trabajas por salario y no lo recibes, así que la ausencia es evidente: pedir lo que te corresponde

¿Por qué he de llegar hasta la demanda para pedir lo que es mío? Bien, los demando hoy, por ejemplo. Llega el día de mañana, Martes, y te pagan. Pues que guachis ¿no? Una demanda por en medio y un pago ya realizado. Es lo triste de todo esto, que para que te hagan caso tengas que llegar a la demanda. Cómo mola nuestro sistema ¿verdad?

Podríais pensar que la lucha se acaba, que con mi incorporación al trabajo doy marcha atrás. Sin embargo, estáis muy equivocados. Hoy iré a trabajar, pero me voy a poner un cartelito en la camisa donde ponga: “No me pagan. Estoy trabajando sin cobrar” Sí, ya sé que eso me llevará a quedarme “encerrado” en la cocina, pero no cederé en mi batalla. Además, y como corresponde por ley, les voy a solicitar que me paguen intereses por el retraso en el pago. Sí, sí, corresponde un 10 % por demora. ¿No lo sabíais? Pues tomad nota, sobre todo alguien a quien sé que se le están retrasando en el pago de ciertas cosas.

Para que comprendáis mejor mi visión de todo esto, leed un escrito que iba destinado al blog, pero que al final quedó en mi computadora:

Son las 19.52. Os preguntaréis porqué carajo no estoy trabajando a esa hora. Pues bien, estoy de huelga, jajajaja. Sí, sigo sin cobrar. Yo lo tengo claro. Si fuese porque la empresa va mal y no tiene medios para pagar, si fuese por alguna otra razón económica, pues no diría nada; todo lo contrario, me preocuparía e intentaría buscar soluciones. Ser un empleado, considero, no quiere decir trabajo y paso de todo; significa dedicación, esfuerzo, interés, por mucho que la labora sea una mierda. Por eso, seguiría trabajando a la espera de que se solucionase y ya está, sin queja, aunque sí con preocupación.

Sin embargo, si no he cobrado es por purita falta de interés por su parte para solucionar el problema cuanto antes. Lo siento, señores/as, pero yo no soy un número más, no soy una moneda de cambio, no soy un simple asalariado al que tomamos en serio cuando nos interesa… Soy un quillito que se esfuerza, que se interesa y que, ante todo, posee dignidad. Siempre hablo de revolución, pues ésta es la mía particular: la dignidad de las personas está en juego y yo, con la mía, no pienso apostar.

Soy consciente: falta disciplinaria, no sé si leve o grave. Me da igual, sinceramente. Pero sé que mañana, al despertarme me sentiré bien, y no me sentiré humillado, impotente y seguiré teniendo la conciencia tranquila. Esta es mi lucha, pero quizás es la de todos/as.

Este es el sistema capitalista que tanto amamos, ese que nos hace sentir tan felices. Me alegro por quien consiga ser un proletario que se deje pisotear, porque así lo tendrá todo mucho más fácil. ¡Por la revolución! ¡Por los osos libres! Y sobre todo ¡Por mi felicidad! Gracias, Pibe, por seguir fiel a tus ideas.

Un beso para todos/as

PS. Empiezo bien el año, ¿eh?